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martes, marzo 08, 2011

Las Ollerías



Hay una avenida en Córdoba que vertebra una ciudad y un poemario. Esta avenida se llama Ollerías y da título al nuevo libro de Joaquín Pérez Azaústre, un libro vestido y premiado con la elegancia de Loewe, y que presenta el miércoles 9 de marzo a las 21:30 en el libertad 8, ese templo de acordes y versos.

Joaquín presenta su nuevo libro de poemas, que es un pulso tenaz de un pasado que se empeña en volver y en derrotarnos. Es un debate íntimo expresado en verso entre los titubeos eternos y las seguridades más férreas. Entre el ancla y el triple salto mortal sin red. Una pasión de temores, heridas y alegrías plasmadas a trigo limpio en unas páginas irrepetibles. Un tiento a lo intangible, un darle forma con éxito a lo etéreo.

La poesía de Joaquín en Las Ollerías roza el vértigo de los bordes y los límites, una poesía que palpita los agujeros negros de tu alma, que te acerca un poco más al precipicio que te devuelve la mirada y te devora. Es un recorrido audaz de las latitudes de la poesía y las longitudes de toda mirada, una marca suave y plástica que se adhiere a tu boca al recitar. Como si tus labios siempre hubieran hablado estos poemas, como si al leerlos expresaras lo que sientes y padeces.

Joaquín presenta su nuevo libro, que es una nueva genialidad, que abre las puertas fértiles de la poesía a una dimensión quizá desconocida aún por muchos.

Si faltas a la cita del miércoles, el resto de tu vida sentirás que algo te falta. Quizá un suspiro, quizá la magia.

viernes, junio 18, 2010

La blancura de la ballena.





Rodolfo Serrano nos embarca en el Pequod con este libro de poemas navegando con unas poesías en pleamar, al límite superior de lo hermoso y lo espléndido. Serrano nos propone una poesía a pie de calle y a pie de alma, una poesía que ronda los bordes de los precipicios donde el autor no sólo se ha acostumbrado a ello sino que se mueve con soltura y lo disfruta. La poesía de Serrano es la batalla diaria de Moby-Dick contra Ahab, la bestia contra el capitan. Es un juego de espejos y sentimientos, de reflejos tenues de una vida contra una vida. De una vida cargada de la pasión de lo cotidiano y lo especial, de una vida de amores locos y aventuras desenfrenadas en pos de la sábana y el vino. La poesía de Serrano busca incansable las rosas y la oscuridad perversa de un mundo que nadie vive como él lo vive y que nadie parece entenderlo, también es una búsqueda de lo imposible y lo probable, de no cerrar puertas ni heridas y aún menos las que ya están abiertas. La poesía de Serrano es una herida abierta que te duele, pero el dolor es el mejor indicativo de que estás vivo y de que sientes, también es una puerta abierta de par en par a los pasajes más profundos de un alma a pie de calle. La poesía de Serrano es una biografía de una vida intensa y constante, de serpenteos, de pleamares y bajamares oscilatorios influenciados por una luna que ronda por su cabeza, que le afecta y le deprime y que le ilusiona y lo llena de vida. Es un manojo de poemas hilados con mano maestra y espíritu pleno, es un grito a pie de página derramado en un trozo de papel que nos recuerda que las mandíbulas voraces de una vida te devoran hasta el tuétano pero que también te besan y te acarician. La poesía de Serrano está a pie de calle y a pie de alma porque relata con crudeza de abismo los nombres y muecas de una vida plena, es un destello que aspira a relámpago estruendoso de los momentos y los contactos, es el soplo resumido de cada sorbo que te ofrece una vida.

La poesía de Serrano es una ballena blanca que campa por los mares blancos del papel y que deberías ir ahora mismo a cazar.

lunes, mayo 31, 2010

El gran Felton





















No sólo hay que ser bueno, sino también parecerlo. No sólo hay que ser bueno y parecerlo, sino también saberse bueno y estar convencido de ello.

Juan, nuestro protagonista de esta maravillosa novela negra, tenía este primer párrafo muy claro. Sabía que era bueno, pero no quería saltarse ningún paso para demostrarlo de manera profunda. Juan, conocido por Juan Bronson en algunos círculos, se atreve a tirar de un hilo literario espoleado por su buen amigo Bruno Díaz (genial este nombre): tiene sospechas y livianas pruebas de que el escritor Scott Fitzgerald no murió en 1940 como indican todas las esquelas, sino que siguió viviendo y publicando bajo el pseudónimo de Richad Yates.

Bajo esta premisa, Joaquín Pérez Azaústre nos cuenta una historia creíble, de forma clara y entedible, muy bien escrita y consiguiendo lo que, a priori, parecía cuanto menos muy difícil: que nos creamos y nos metamos en la historia que nos relata. Pérez Azaústre, con cierto aire Jazz Age y cierto sabor a gintonic, nos cuenta dos historias paralelas en distintas épocas pero comunes en el objetivo, determinar qué fue de Fitzgerald y de su hipotética última novela no publicada: “El último magnate”. El escritor cordobés con una novela magnífica y dinámica en su totalidad y vibrante en su segunda mitad que a velocidad de vértigo nos encaja todas las piezas y nos descorcha todas las botellas de vino.

Juan, junto al propio Bruno Díaz y a Luz (su particular Zelda Sayre), emprende una aventura que pasa por toda la obra de Fitzgerald y que termina con solidez de asfalto en la gran Nueva York. La descripción de la ciudad perpetua y terrible por parte del autor es embriagadora. Te hace sentir en Manhattan a la sombra y al espanto de los rascacielos neoyorkinos. Como bien dice Pérez Azaústre: “Olvídate de París y Roma, Nueva York es otra cosa” y, da en el clavo, es justamente eso, otra cosa. Es inefable en altura y en magnitud.

Juan y Bruno, como el mejor Gregory Peck en “Días sin vida” recorren paso a paso la vida de Fitzgerald hasta determinar que les falta algo, una constante oculta que suele aparecer durante todo el libro y que de la que parece que no hay constancia fiable. Aparece como pieza determinante Robert Felton, el gran Felton. Que como el joven Jay Gatsby, era un tipo de pasado dudoso y de presente difuso. No había datos ni pisadas sobre Robert. Ni hilos ni papeles. O casi. Es en Nueva York donde muestra sus cartas. Donde se resuelve el misterio y aparecen las llaves que hasta ahora sólo nos envolvían y revoloteaban por nuestras cabezas.

Pero no están solos detrás de la vida y resurrección de pseudónimo. Hay detrás un poeta, Elejalde, que es un hombre triste que encierra en sí todos los hombres tristes, que bucea en su poco brillante pasado y se lamenta en su aún menos brillante presente. Pero con esta historia ha visto una luz de salvar su paupérrimo arte y su carrera. Un hombre triste que quiere cruzar al otro lado del paraíso por los atajos tramposos de la desvergüenza. Un hombre triste que con su presencia convierte en áspera la más suave de las noches, que te despierta de un sueño de invierno.

Pero lo que no sabe Elejalde, de lo que no tiene ni puta idea, es de lo que hablo en la primera línea.

martes, abril 08, 2008

La suite de Manolete



La suite de Manolete es un libro con muchos libros dentro, es una historia compuesta de muchas historias. Es un conjunto de líneas llenas de entrelíneas, algunas de ellas escritas por el autor y otras por el lector. La suite de Manolete es un libro que cuenta las historias de varios hombres acompañados de la soledad, pero no de una soledad romántica o poética sino de una soledad moderna, una soledad que es un mal nuevo y que no se cura con la compañía de otras personas.

La suite de Manolete es un perfecto cruce de historias que entremezclan historias reales con historias ficticias por medio de las geniales líneas que escribe Joaquín Pérez Azaústre y las sutiles entrelíneas que aporta el lector. Es la historia de Bruno Díaz, un nombre que ocupa menos de una línea pero más de una entrelínea, un hombre enfermo de esta soledad moderna. Bruno recibe la llamada de un amigo de siempre, Jon Garcés, pero que no sabe de él desde hace unos años, en esa llamada hablan de sueños y alegrías antiguas, y esperanzas nuevas. Y, al poco, antes de que puedan verse, recibe la mala noticia del suicidio de Jon. Bruno descubre que Jon estaba escribiendo en sus últimos días de vida una biografía del diestro Manolete y, desenmarañando un hilo que llega hasta Córdoba (de mi alma), descubre que nada es lo que parece. En este proceso, Bruno va fusionándose con el desaparecido Jon, mimetizándose con él, pero a fuego lento, despacio, siguiendo sus pisadas y repitiendo sus gestos metiéndose en su piel y en sus costumbres por medio de una cazadora, unas gafas o unos cigarrillos.

La suite de Manolete nos cuenta la historia de lo que es el poder y de lo que es parecer poderoso. Es la historia de un hombre que se cree poderoso, Carlos Colomer y un hombre que es poderoso, Manolote. Colomer también tiende a mimetizar, en este caso a Manolete. Pero lo imita mal, rápido, quedándose en una superficie muy fina aunque sea de muchos quilates, se queda en lo superfluo sin sospechar siquiera que hay una raíz, sin imaginar si quiera que Manolete tenía muchos puntos de apoyo para mover el mundo. Colomer imitó solo lo fácil y ya se creía poderoso. Se creía poderoso porque dominaba a los medios y al público, porque con su látigo conseguía que se obedecieran órdenes. Pero era un hombre terriblemente solo a pesar de su poder mediático, era un hombre marcado por las obsesiones y los miedos tapados por las máscaras más grandes y vistosas, máscaras que también ocultaban sus debilidades, pero que estaban ahí.

La suite de Manolete también es un grato recuerdo de historias verdaderas, de José García Nieto y de Juana García Noreña y, por supuesto, es la deliciosa biografía de Manolete, perfectamente documentada y escrita con las palabras mejor elegidas y el acento cordobés de Joaquín.

La suite de Manolete es la historia de varios hombres y sus soledades, ninguna romántica y todas vistiendo de negro, como Spiderman. Porque estas soledades con las que empapa el autor a los personajes no son un estado de ánimo, ni siquiera un estado físico, es una forma de vida, tan negra como la cara oculta de la luna o como la novela negra que encierra en sus páginas.