lunes, mayo 10, 2010

La ciudad perpetua.

Por fin aterrizas en el aeropuerto J.F. Kennedy de Nueva York. Nada más bajar del avión y salir del recinto del aeropuerto para buscar tu taxi te das cuenta de dónde estás, sientes que acabas de llegar a un lugar maravilloso. Llamas a tu hotel, que tiene un servicio de transporte gratuito desde el aeropuerto, para decirles que ya estás en el JFK y que vayan a recogerte, te indican que el taxi te recogerá en la zona D. Antes de ponerte a buscar la zona D, te metes las manos en los bolsillos y suspiras, respiras ese aire de muchas mezclas. Por fin estás en Nueva York, en la ciudad que tanto tiempo llevabas deseando visitar. Estás en tu ciudad, la sientes tuya, aunque la acabas de pisar. El bullicio de gente en la puerta ofreciéndote todo tipo de taxis y transportes te agobia un poco, pero sonríes e informas en un inglés mediocre que ya tienes taxi. La noche de Nueva York ya te atrapa, te envuelve. Tú también la atrapas, metes un poco de ella en los bolsillos donde guardas tus manos, más adelante la necesitarás. Tardas un poco en encontrar la zona D, pero al final la localizas. Después de unos minutos aparece el Taxi, el taxista te preguntas si vas al Panamerica Hotel y asientes. El hotel tiene cierto sabor a añejo y un olor a humedad que echa un poco para atrás, o a cualquiera le hubiera echado un poco para atrás, pero a ti te parece que tiene un encanto que aplasta. La habitación tiene moqueta, como a ti te gusta. La cama tamaño king size, como a ti te gusta. Dejas tu breve maleta en el suelo y vuelves a probar un poco de esa humedad encantadora que baña tu habitación y te baña a ti. A pesar de ser las 21:00 hora local, de que no has dormido en el avión y de que para tu cuerpo son las 4:00 no tienes sueño y decides darte un paseo por Queens y cenar una hamburguesa.

Al día siguiente tomas la línea R del metro hasta calle 42 con la séptima avenida. Sales del metro y empiezas a entender de verdad dónde estás. La maravilla que es Time Square te desborda, sobrepasa de largo las expectativas que te habías creado sobre esta ciudad. No te contienes pues no estás aquí para contenerte, alzas los brazos y gritas: “Yeah!”. También te maravilla que nadie se fije en ti, ni te mire de forma rara. No eres nada para nadie de los transeúntes que pasan a tu lado. Te embriagas de Nueva York, por fin estás en la ciudad de tus sueños y de tus pesadillas. Por fin has completado el viaje que soñabas. Al fin estás en la ciudad perpetua. En tu ciudad. Entiendes que Nueva York es más que una ciudad, es una forma de vida y una forma de muerte. Un conglomerado de maravillas, una mezcolanza de ritos, suertes y culturas. Es un enamorarte de formas y geometrías, de estilos y de alturas. Vagas asombrado como un alma reciente por la séptima avenida. Te diriges al norte, enamorado y asombrado por la majestuosidad de lo desmesurado de Times Square, en busca de tu próximo destino: Central Park. Interpretas Central Park como una isla dentro de una isla, una amalgama de contrastes, un lugar único sin el cemento y lo desbordado del resto de Manhattan. Bajas al sur por la quinta, disfrutas de sus edificios y de la idiosincrasia. Te pides un perrito caliente por un pavo en uno de los miles de carritos de perritos que te encuentras. Dices que no a varias personas que te ofrecen darte un paseo en bicicleta-carri-coche. Ya te has comido tu perrito, has visto los edificios, has entendido Nueva York. Ya sabes que es distinto al resto de ciudades. Ya sabes que Nueva York te engulle y te devora. Y te digiere. Y te resucita para darte la vida de nuevo, te convierte en otro hombre. Dejas de sentir lo que sientes para sentir otras cosas muy distintas. Tu corazón late más deprisa, entra en sintonía con el compás macabro y maravilloso de la ciudad. Ya sabes qué es Nueva York. Ahora tienes que hacer lo que has venido a hacer. Después de una larga caminata, de pasar por Washinton Square, por el Soho y de pasada por China Town, llegas a tu destino: El majestuoso puente de Brooklyn. Te impresiona. Lees una vez más su historia en la guía de Nueva York que llevas contigo y vuelve a impresionarte. Un puente cargado de historia y de historias. De muertes y sufrimiento. Estás allí. Es tu sitio. Has venido a esto, a vértelas con el puente de Brooklyn. Avanzas hasta la mitad del puente. Gateas como puedes hasta el borde. Y miras el East River. Tiemblas. Y recuerdas que te quedan pocos días de vida. Quieres morir con magia, que el río te destruya antes de que lo haga tu terrible enfermedad. Quieres una muerte romántica. En tu ciudad, es tu ciudad aunque acabes de pisarla. Llevas un día en Nueva York y ya la has hecho tuya. El atardecer es precioso, el cielo parece estar tan cerca a esa altura que te planteas escalar el puente, pero miras abajo y ves el río, esplendoroso, cargado de agua para darte el bautismo inverso. Te dejas llevar y te dejas caer al río. Te empuja la magia de la ciudad, que quiere engullirte y hacerte un hombre nuevo. Lloras mientras caes, por lo maravilloso de tu muerte. Sacas de tus bolsillos un poco de la noche de Nueva York que te guardaste y la respiras, la sientes y la vives. Eres feliz. Casi esperas que Spiderman te salve, pero no ocurre. El río te abraza. Te acaricia. Te besa con unos labios mortales.

Nueva York te traga. Y tú le devuelves las caricias con tus manos cargadas de noche de Nueva York. Justo antes de morir te despides de Nueva York, con tu sueño cumplido.

lunes, mayo 03, 2010

Acuérdate de vivir



El nuevo disco de Ismael Serrano, acuérdate de vivir, es un plan para mirar hacia el futuro echándole un vistazo rápido a los pasos andados. Es una estrategia optimista trazada con las notas musicales mejor seleccionadas, teniendo como cómplices a unos acordes que son palpitar de corazones de una música que sigue muy viva. El último disco de Ismael Serrano es un destruir muros de granito y de ceniza y un construir caminos, aunque ninguno de rosas porque ese tipo de caminos no existen. Es un baile a la vida, al momento. Un saber a dónde ir y a dónde volver. Es una bulería sin miedo. Un balance de vértigos, de Wendys y de peces de colores con memoria, de cómics y de princesas capturadas. Es un balance acertado de suertes y fortunas. Es un manual para conquistar el mundo, o al menos para conquistar tu propio mundo. Es una prueba de que lo pasado está muy bien, pero que lo mejor está por llegar. Es un caudal y un torrente de lo que tú y yo sentimos recogidos es un disco que sólo te recuerda que estás vivo. Es la certeza de que no estamos muertos. Es el frescor y el aliento que necesitamos cada mañana. Es un antídoto contra la desidia, que es nuestro estado óptimo de obediencia. Es un argumento para negar que la mitad de nada cada día esté más cerca del doble de todo. Es una espada contra la nada y un guiño al todo. Al fue, al es y al será.

Acuérdate de vivir, incluso olvídate de morir.

jueves, abril 22, 2010

Entrevista a Alberto Ballesteros.




Alberto Ballesteros: "La música es una forma de enseñar y en términos generales suele ser autobiográfica"

Salva: Buenas tardes, Alberto, muchas gracias por venir aquí, a Barrio Alto, a esta entrevista acompañada de cervezas y coca-colas Light.

Alberto: Buenas tardes, Salva.

Salva: Acabas de sacar una maqueta estupenda con 4 canciones.

Alberto: ¡Gracias por lo de estupenda!

Salva: Es que para llegar a La Latina he estado 3 cuartos de hora buscando aparcamiento y me le he escuchado 5 veces en bucle, jejeje. Así que es 5 veces estupenda.

Alberto: Es lo que tienen las maquetas, que como te pillen en un viaje largo…

Salva: ¿Cómo se llama esta maqueta?

Alberto: Se llama Sheffield 24/7 que es el nombre de la ciudad donde la grabé y donde
estuve viviendo durante año y medio. Todo se forjó allí, fue donde escribí 2 de las
canciones y donde realicé todo el proceso de grabación y producción. Así que quería
que quedara para el recuerdo con ese nombre. Sheffield es una ciudad muy grande cerca
de Manchester que tampoco tiene mucho la ciudad, salvo un rollo musical muy muy
muy guapo.

Salva: ¿Qué canciones incluyes en este trabajo?

Alberto: He metido “Buscando un trozo de cielo” que es una canción con aire folk
americano y que acabo con un solo de guitarra tipo Santana. “No habrá dolor”, una
canción muy lentita y muy sentida, al menos lo intenta serlo.

Salva: Pero hay dolor…

Alberto: El estribillo dice que no, pero un poco sí… un poco sí. Y siguiendo con las
canciones de la maqueta, hay una más fiestera que se llama “Sweet Corinna” que es un
swing y es más bien alegre. Y la maqueta acaba con un rock and roll, que es lo que
tocaba antes y que no puedo dejar del todo.

Salva: Es decir, un disco muy completo y variado. Por cierto, “Sweet Corinna” (“La dulce Corinna”), ¿quién es esta Corinna?

Alberto: La canción habla de Corinna como una droga, y realmente es algo así. Esta
chica ha sido una musa que ha andado por ahí los últimos años que me ha hecho
moverme mucho de un lado para otro y vivir cosas muy bonitas. Hay gente que de las
relaciones guarda fotos y yo guardo canciones. Eso sí, ya no hago más canciones con
nombre de chicas porque creo que si haces una canción de una chica pero no le pones
nombre parece que la canción tiene como más recorrido.

Salva: Si el destino te obligase a hacerle una canción a una chica, ¿a quién se la harías?

Alberto: Cualquiera que me haga sentir algo especial, se amor, sea atracción, o sea algo.
Como si no la conozco o la conozco de refilón pero tiene algo que se pueda contar. Y si
no, cualquier chica como diría Silvio Rodríguez con la palabra precisa y la sonrisa
perfecta. Esas son las chicas que me gustan… ahora, ¡búscalas! (risas)

Salva: ¿Qué motivó que te marchases a Sheffield?

Alberto: Estaba aburrido en Madrid. La vida no me iba mal, tenía un buen trabajo pero
al cumplir lo 25 me entró una especie de crisis y pensaba que el rock and roll se acababa
y que tenía que aprovecharlo todo más. La excusa de cara a la galería fue aprender
inglés, que también llevaba tiempo detrás de ello. Pero la motivación real era buscar
cosas para vivir, motivos para escribir canciones y pasarlo un poco bien. En definitiva
fue algo mucho más espiritual que económico. Estaba bloqueado y cuando pasa el
tiempo y no consigues escribir canciones algo falla y sobre todo si te aburres.
Necesitaba aires nuevos.

Salva: Comentabas que lo tuyo es el rock and roll, ¿qué referentes tienes?

Alberto: En castellano, Burning, Tequila, Leño, los Rodríguez… Vengo un poco de ahí.
En inglés, Stones 100%, y traigo puesta la camiseta que lo certifica, jejeje.

Salva: ¿Cómo topaste con la música y decidiste hacerte músico?

Alberto: Tenía un par de colegas que tocaban la guitarra y me quedaba embobado viéndolos. Me pareció fantástico y me dije a mí mismo que quería hacer eso. Entonces mi madre tenía una guitarra de cuando era niña guardada en casa y la cogí y, aunque tuve el inconveniente de que tuve que cambiar las cuerdas porque soy zurdo, fue un flechazo con la guitarra. Además he vivido mucho la fiesta de los pueblos y siempre me esperaba a los últimos pases de las fiestas que eran más rockeros, lo disfrutaba muchísima y supe que yo también quería hacer eso. También es verdad que esto no me lo planteé como algo repentino, sino poco a poco. Yo sólo quería aprender tres acordes y cantar alguna canción de Sabina. Lo que pasa que luego ya, me motivé, aprendí alguna más, hice una canción y cuando quise darme cuenta ya estaba dando conciertos. Y me di cuenta que quería hacer esto durante toda la vida.

Salva: ¿Tu objetivo real de ir a Sheffield era grabar tu maqueta?

Alberto: Lo veía tan complicado que ese no era un objetivo real. Me llevé la guitarra... por si acaso. Me la llevé porque era un sitio donde iba a vivir y era inviable para mí no llevármela y tampoco me perdonaría que me surgiese algo allí y me pillase sin guitarra. Pero el hecho de tocar allí tanto como toqué porque, aparte de conciertos en salas, tocaba en restaurantes latinos para animar a los comensales, estuve tocando en una banda que hacían versiones de pop psicodélico de los 60, canciones que no concía ninguna antes de eso. Era un grupo muy peculiar. Todo este proceso fue el que me llevó a conocer a más y más gente, a trabajar en un bar como técnico de sonido y luego llegó el momento clave para mí. Realmente lo que yo quería era hacer canciones y luego grabarlas en Madrid. Pero llegó el momento en el que tanto las infraestructuras, los músicos, el estudio de grabación y el productor estaba allí, así que me dije, bueno, ya lo grabo allí.

Salva: ¿Cómo es eso de que te dieron una paliza en Sheffield?

Alberto: Sí... fue un palo considerable, y más a mí, que no me había zurrado nunca con nadie. Tío, la primera pelea que tengo voy y la pierdo. Iba a currar y pasé por el típico pasadizo oscuro como de la naranja mecánica y allí había dos chavales que no tenían buenas intenciones y querían robarme. Realmete lo peor de todo no fue la paliza en sí sino el trastorno ya que me tuve que volver un mes a Madrid para recuperarme. Para mí, mi viaje a Sheffield significó una novela dividida en dos partes. La primera parte fue cuando estaba en lo más alto y me dieron la paliza, que caí hasta el fondo y parecía que iba a ser el final. Mi gente en Madrid pensaba que no iba a volver, yo prefería quedarme en Madrid a recuperarme bien y me entraron las dudas de volver. Lo que pasa es que el rollo de la maqueta ya estaba empezado y tomé la decisión de volver. Esta historia no podía acabar así. Y volví, fue un poco más duro, salía menos y me concentré mucho en grabar y acabar la maqueta. Y cuando la acabé volví de nuevo a Madrid después de una última noche gloriosa. Hicimos una fiesta y un concierto en el bar donde trabajaba, terminaron conmigo todos los amigos de allí. Fue muy emotivo y, al día siguiente, a Madrid de nuevo. Hay un momento óscar, con lágrimas, en la despedida final. Hice muy buenos amigos allí.

Salva: ¿Piensas volver a Sheffield?

Alberto: Por supuesto que sí, pero no es el momento todavía. Como dijo García Márquez: "Al lugar donde has sido feliz no debieras tratar de volver". Voy a esperar y a pensármelo más antes de volver.

Salva: ¿Qué mecanismos sigues para componer una canción?

Alberto: Tengo varios métodos, está el trabajo de composición, que me siento con la guitarra en casa, a gusto, con un gintonic y machachar y machar e insistir. Por otro lado está la semilla o la idea que te puede venir en cualquier lado con un fogonazo. De cualquier frase que escucho o cualquier detalle me viene una melodía y puedo pensar que ahí hay una canción y tirando del hilo consigo una frase. Siempre digo que las musas te dan una frase, luego te lo tienes que currar tú para terminar la canción. De todas formas yo soy mucho de melodías y eso te viene o no te viene. No soy músico de estudio, no tengo formación en solfeo. Pero por sentimientos, por impulsos y por prueba y error consigo arrancar una melodía.

Salva: Tú eres un músico muy vinculado a Marta Tchai, ¿cómo os llegásteis a conocer?

Alberto: La conocí hace 4 ó 5 meses. Un colega común me había hablado muy bien de ella porque él sabía que cuando volviese a Madrid me gustaría conocer gente con cosas en común para hacer conciertos o movidas juntos. Pero digamos que se quedó ahí la cosa.Y luego con este amigo común hice un concierto de telonero de un grupo que se llama Calocando, que está muy bien y te lo recomiendo y ella vino al concierto y le gustó lo que hice. Lo que ocurrió es que tuve que irme y no pude verla y ella tampoco me dijo nada. Fue este amigo común quien me dijo que le había gustado mucho lo que hice. Entonces fui yo a verla a un garito y ya estuvimos habando después de su concierto, que por cierto me gustó lo mismo o más que yo a ella. Estuvo genial porque no es fácil encontrarte con gente con la que te identifiques tanto musicalmente. Luego ya quedamos más veces, colaboramos en conciertos y me propuso un día tocar la guitarra en su banda. A lo que le dije que sí encantado advirtiéndole de que no soy un guitarhero pero al final ha derivado en más conciertos juntos, más proyectos, más ensayos y una forma de darme a conocer a gente fuera de mi público.

Salva: ¿Qué te proporciona la música?

Alberto: Disfruto muchísimo con la música, es la mayor satisfacción que puedo encontrar. Me gusta mucho tocar, sobre todo en un sitio lleno de gente, que haya ambiente de concierto, que venga gente nueva a verme, que me escuche y, sobre todo, que se lo pase bien. El miedo que me da es aburrir, me gusta hacerlo ameno, canciones variadas y mucha rítmica para que nadie se me duerma. Si meto una lentita profunda como "No habrá dolor" que en la siguiente haya dolor y conseguir sacar unas palmitas.

Salva: ¿Recuerdas tu primera canción?

Alberto: Sí, pero no sé si daría para tocarla. Pero sí puedo decirte que repasando mis primeras canciones me siento orgulloso del resultado y no descarto coger alguna de esa época y tocarla de nuevo. Lo que ocurre que uno cuando pasa el tiempo tiene otro lenguaje, otro estilo, en fin, que se evoluciona.

Salva: Háblame de tu última canción.

Alberto: Pues precisamente estuve anoche currando en ella. Ya la tengo terminada aunque puede que un par de frases se puedan mejorar. Eso sí, no tiene título aún aunque se puede llegar a llamar "En nuestra orilla del río". Hablo sobre una ciudad separada por un río y, de alguna manera. A un lado del río hay riquezas o falsas sonrisas. Y al otro lado, que podría parecer que se está más solo, te encuentras realmente con más cosas. Y como dice el estribillo: "Sólo tenemos el blues".

Salva: ¿Qué es para ti la música, tu pregunta o tu respuesta?

Alberto: Las dos cosas, aunque diría que más la respuesta. Al final lo más importante es vivir, disfrutar y de ser feliz. La música es una forma de enseñar y en términos generales suele ser autobiográfica. Para componer una canción primero necesito vivir, que la vida me dé algo o algún motivo para escribir una canción por eso lo relaciono más con la respuesta. Quizá también utilizo la música como medio para encontrar una respuesta.

Salva: ¿Qué otras aficiones tienes?

Alberto: Me gusta mucho el fútbol. Soy rayista por el barrio pero de corazón culé. Aparte de eso me gusta el cine, la lituratura. Pero una de las cosas que más me gusta es conocer a gente nueva. No me gusta tener un círculo cerrado, que está claro que a esa gente la quieres y matarías por ella pero la vida se compone de muchas cosas y conocer gente nueva es como un aprendizaje continuo y de cuanta más gente puedas aprender más satisfacciones te llevarás.

Salva: ¿Cuál es tu jugador de fútbol favorito?

Alberto: Me encanta Xavi Hernández. Jugaba antes mucho al fútbol y me suponía una gran satisfacción... un regate, un pase de gol o un gol mismamente. Lo echo mucho de menos. Ahora he cambiado el fútbol por andar, que también me encanta. Además, Madrid es una gran ciudad para andar y ahora viviendo en el centro me da menos pereza, tiene zonas muy bonitas y apañadas. Aunque es una afición un poco de abuelo le he cogido el gusto me sirve para reflexionar, para escuchar música en el mp3 o simplemente para escuchar unos segundos de conversaciones de la gente con la que me cruzo y montarme con todas esas conversaciones breves una especie de historia-collage que a veces puede terminar en canción.

Salva: ¿Y qué música llevas en ese mp3?

Alberto: Llevo siempre algo de Dylan, de Calamaro, Pearl Jam. Digamos que estos son los fijos, los que llevo siempre. Luego tengo otro grupito de canciones que van entrando y saliendo en el mp3. Por ejemplo ahora que es primavera me gusta llevar algo de Los Delinqüentes, por ejemplo. También Andy Chango, algo de Wilko. Y últimamente también llevo a Tom Petty que ha sido mi descubrimiento del año que he conocido tarde pero hace unas canciones que te mueres. Es buenísimo aunque no sé por qué no viene por Europa a tocar.

Salva: ¿Cuál es tu estado anímico óptimo para componer?

Alberto: Yo diría que el meláncolico, aunque depende del tipo de canción que quieras hacer. A veces estás eufórico, que te comes el mundo y te hace una canción que va sobre eso, de las que gritas de alegría pero que no da para mucho más. Es mucho mejor la melancolía o la tristeza, pero no cuando estás totalmente hundido en la mierda sino cuando ves un pelín la luz. Para mí es el estado perfecto.

Salva: Muchas gracias, Alberto, ha sido un placer y muchas gracias de nuevo por la entrevista.

Alberto: ¡La entrevista acaba pero las cañas siguen!

martes, abril 06, 2010

Batman: La Broma Asesina






La fuerza de un hombre radica en su pasión y en sus convicciones. La cordura de un hombre puede pender de un hilo más fino que un pelo de mi poco poblada coronilla o estar amarrado a una soga tan fuerte como su pasión o sus convicciones. La fuerza de un hombre se mide en cómo actúas en situaciones límite. En cómo encaras tus miedos y tus miserias. La cordura de un hombre es el mismo hombre: se tambalea cuando tú te tambaleas y te afianzas cuando tu cordura se afianza. La fuerza de un hombre se basa en saber devolver los golpes y las palabras. La cordura de un hombre se basa en encajar los golpes y los éxitos. La fuerza de un hombre es no rendirte. La cordura de un hombre es digerir que si te rindes también hay un mañana válido. La fuerza de un hombre son los puños y los planes, los nudillos y la estrategia. La fuerza de un hombre es la solidez del alma. La cordura de un hombre es levantarse, poner la otra mejilla y aceptar lo que viene. La cordura es el vínculo maravilloso a la realidad. La fuerza es el aliento y el soplo. La cordura es el seguir adelante por cualquier camino. La fuerza eres tú y la cordura quien te rodea.

La vida marca, qué duda cabe, tiende trampas feroces que te producen heridas y cicatrices. La vida de un hombre que lo pierde todo es el punto de inflexión ante qué camino seguir. Volverse loco es terrible después de perderlo todo pero mantenerse cuerdo y seguir apostando a las mismas cartas lo es aún más. Perder la cordura no es perder la fuerza, ni la capacidad, ni el plan, ni la estrategia. Es perder la pasión, y la convicción, y el vínculo.

El Joker tiene la fuerza, y la lucidez, y la chispa, y el macabro sentido del humor. Incluso tiene una magnífica cámara fotográfica y un talento para hacer fotos. Pero no tiene un lazo al que aferrarse a este lado de la cordura y el espejo. Sobre el que ve reflejado a un Gordon que se mantiene firme, agarrándose al clavo ardiendo de sus creencias, pasiones y convicciones.

El joker ríe amargamente porque tiene el plan pero no los resultados esperados. Esta vez, la cordura ha ganado el pulso a la fuerza.

viernes, febrero 26, 2010

Lost 6x04: The Substitute





John Locke es la clave de esta isla maldita, es el mapa de ruta y la guía Michelín cuando estás perdido en carreteras secundarias. John Locke, insisto, es el ancla y la constante de la isla. Es el favorito de la isla. El candidato mejor colocado. John Locke tiene la esencia que nadie tiene, la relación estrecha con la isla que nadie tiene. Tiene la mirada del tigre cobarde y el corazón de hojalata. Tiene el abrazo íntimo de la isla. John Locke es el favorito porque John Locke tiene miedo y el miedo, amigos, te hace cometer locuras. Justo las locuras que necesita esta isla con alma. Es el favorito porque siente, cree, se comunica con la isla a niveles muy distintos y superiores del resto de candidatos, porque esta isla con alma le ha cedido su columna vertebral a John Locke.

Si tienes miedo es que tienes esperanza, que algo te importa. Parece como que al resto de candidatos ya no les importa nada, que todo está muy lejano. Pero no ocurre así con John Locke, que tiene el compromiso convexo con todo aquello que le rodea.

John Locke es el candidato que está en pole position, pero hay un pequeño problema, un ligero inconveniete: John Locke está muerto desde el último capítulo de la tercera temporada. En su lugar, con su cara y con su planta, corretea un Dark John Locke con el cuerpo de John Locke por la isla, que ha cambiado los miedos de John Locke por terribles seguridades. Pero, maldita sea, ¿qué significa estar muerto en esta isla? No significa nada.

Pero, ah, a nuestra entrañable isla a la que con tantas fuerzas intenta proteger Jacob (¡que también está muerto!) lo que menos le importa es un cuerpo, un cascarón vacío. La isla se queda con la esencia, con el carácter y con el temperamento.

¿Sabes? Creo que John Locke va a volver, creo que John Locke no ha muerto (quizá sólo su cuerpo) porque nadie le dice a John Locke qué no puede hacer. Ni después de muerto.

sábado, febrero 20, 2010

Ultimatum Spiderman: Réquiem


Con Ultimatum Spiderman Réquiem se cierra el cruce del arácnido ultimizado con la nefasta saga Ultimatum. Y se cierra esta saga con un número brillante, redondo y desgarrador. Este número basado en lo cotidiano, en lo cercano, dejando a un lado los superpoderes y sacando a relucir muchas de las mejores armas del héroe arácnido. Su mayor poder es su responsabilidad, interpreto en este número. Sus puños son sólo los puntos y las comas de las frases que forma con su responsabilidad, con su compromiso a su eterna deuda pendiente con su tío Ben. Spiderman es el héroe del pueblo, de los que vamos en autobús y en metro, de los que se parte la cara con un carterista y con Galactus. Contamos con sus nudillos y con sus mejillas. Y con su aliento. Y con sus redes. Spiderman ha muerto, al menos eso dice la CNN, y el brillante giro de esta muerte acaba con J. Jonah Jameson escribiendo la necrológica del alter ego de Peter Parker. La cara de espanto del editor que consigue plasmar el dibujante es la misma cara de espanto que hubiese puesto yo si tuviese que realizar la tarea de Jonah.
Ultimatum Spiderman: Réquiem no es cualquier otra historia de Spiderman. Es una historia de su red y su influencia. De su marcada influencia al mundo. Es también la historia de un desolado Jonah, de sus temores y demonios que lo asolan, que lo desalan y descolocan, es la historia de un hombre que descubre su propio autoengaño, que descubre que se creía veraz y sólo era un diente más de un engranaje lucrativo. Descubre que no ha sido fiel ni a sí mismo ni a su oficio. Que nada por lo que luchaba era digno de lucha. Descubre que su mujer y su familia ha muerto, pero el golpe más duro que recibe es que se descubre vacío, sin espíritu. Se descubre pelele. Y se desprecia. Una gran ventana le muestra lo mísero de su anterior vida. No tiene familia y no se tiene a sí mismo, pero recibe una posibilidad de desquitarse de sí mismo, se le aparece la oportunidad de escribir un artículo más sobre Spiderman. Esta vez sincero. Hablando de lo heroico de Spiderman. Hablando de sus errores y sus miedos.
Porque el miedo, querido lector, aparece en más de una página de este gran cómic, aparece en los rostros y en las viñetas, en los bocadillos y en los gestos. El miedo a lo no conocido, a lo no entendido. El miedo sin respeto a la desolación, a la enorme soledad que nos abofetea. El miedo a quedar en manos de la nada, de quedar a los pies de unos caballos locos y desenfrenados.
También esta historia es la historia resumen de Hulk, de sus miedos y sus errores. De quién es Hulk y por qué es Hulk. Del precio a pagar por su error, cosa de la que sabe mucho Spiderman. Del miedo a sí mismo y a la bestia. Del miedo, de nuevo, a la perpetua soledad que se le agarra como una lapa.
Ultimatum Spiderman: Réquiem es el fin de una etapa y el comienzo de una nueva que nace con cierta esperanza tanto para los personajes que quedan vivos en el universo Ultimate como para los lectores que presenciamos aturdidos esa inefable historia sin sentido llamada Ultimatum. Quizá sea, eso espero, la reacción adecuada a la acción Ultimatum.
Nace un nuevo horizonte con un nuevo sol. Y aquí lo espero, con cierta esperanza y con el rostro del capitán América mirando a Iron man en la última página de este último cómic.

lunes, febrero 08, 2010

Perdidos. 6x01


Se nos acaba perdidos. Nos enfrentamos a la última temporada de la, para mí y para muchos, mejor serie de la historia de la televisión. Nos enfrentamos esta vez al último primer capítulo de una temporada. Que por ser la última nos la dan con el doble de duración. Se acaba el ancla de las series, la constante de cualquiera de nosotros que esté leyendo esto. Se acaba, y como el tiempo, no sabemos qué hacer para remediarlo, para impedirlo. Pistoletazo de salida del fin de la serie. Y la bala del pistoletazo, aunque de fogueo, va directa a nosotros.

El tiempo (y no me refiero al atmosférico) es uno de los conceptos abstractos más complejos. Eso de que no tenga inicio ni fin, que no se detenga y que no se sepa cómo ir atrás en él o adelante pero muy rápido no es fácil de entender. No lo entiende cualquiera, quizá Einstein tampoco lo consiguió. Perdidos, ya en su sexta temporada, topa de frente con este concepto que no queda claro para muchas mentes. Perdidos plantea preguntas, cuestiones metafísicas, relacionadas con un tiempo que no entendemos. Va más allá del ¿dónde estamos, cuándo estamos?

Si el tiempo es una línea, ¿hay más líneas temporales? ¿Paralelas o secantes? El tiempo es el puto puño que te golpea una y otra vez cuando fallas en tus decisiones, cuando lo que eliges no es lo adecuado. Jack eligió detonar la bomba y explotó una escotilla y una línea temporal que saltaba de un punto a otro como una bola-loca. Y ha explotado el último suspiro de Juliet, que no es la princesa de Dartacán pero sí de Sawyer.

Jack hizo explotar la bomba e hizo saltar por los aires toda una línea temporal creando otra donde todo parece apagado y vacío, como si no tuviera que estar allí. Se crea una línea que, a priori, parecería mejor pues no se estrella un avión. Pero John Lock está secuestrado en una silla y Charlie está prisionero de la heroína que es peor que estar en una isla perdida pero libre de ataduras. Se crea una nueva línea temporal de solitarios y perdedores. Solos y derrotados, porque ya no tienen una vida por la que luchar ni una esperanza que defender con las manos llenas de pasión.

Quizá la isla es lo mejor que le haya pasado a la mayoría de pasajeros del vuelo 815. Quizá perdidos es la mejor serie que nos haya pasado a nosotros, que tripulamos este jodido y gran viaje. A mí, al menos, se me pone la piel de gallina cuando escucho Previously on Lost.

J.J. Abramhs se ha convertido en el hombre más buscado del mundo, por tener en su mano la única llave del cofre que todos queremos explotar con una bomba para ver qué hay dentro.

sábado, enero 09, 2010

Final cuarta temporada Dexter


Dexter, Final 4ª Temporada.

El pasado regresa desbocado como una manada de caballos locos. Te martillea en tu casa y en tu alma. Te arranca tu cuerpo y lo recompone como un macabro puzle de piezas irregulares. Tu pasado, que siempre vuelve con un machete entre los dientes, es una barra de bar cutre en la que estás solo, donde un camarero llamado Locura te sirve, uno tras otro, vasos de un whisky malo del que no consigues desengancharte.

El final de la cuarta temporada de Dexter es el legado lúgubre de Morgan. Es la herencia con código, login y contraseña de una forma de mirar en las luces y otra de actuar en las sobras. El pasado vuelve para quedarse, para repetirse con mortal eficacia.

El final de la cuarta temporada nos seduce con el enfrentamiento de dos asesinos en serie. Dos asesinos con máscara y con códigos. Con modos y modus. Con una reglas con guadaña limpias y certeras. Los dos estás alimentados por Locura, ese camarero que los harta de whisky. Trinity es el otro asesino, que es como los tres mosqueteros (¿pillas es símil?), que también está traumatizado y loco. Aunque loco no quiere decir no inteligente. No quiere decir no hábil y no eficaz. Y es el final de este choque en las alturas lo que sorprende, este final es el pasado que vuelve, el ciclo que retorna para no cerrarse jamás.

Un enfrentamiento donde quizá un asesino mate al otro. Pero también quizá otro nazca.

Hello, Dexter Morgan. Hello, Trinity. A alguien hay que decirle adiós. Y, quizá, a alguien más, hay que decirle hola.

jueves, diciembre 31, 2009

Dexter

Dexter tiene que soportar una carga enorme. En él habita el oscuro pasajero y la máscara de las mil caras. Y las mil deben de ser buenas: buen compañero, buen hermano y mejor hijo e incluso buen vecino. Así lo quiere Harry, su padre adoptivo. Harry conoce a Dexter, conoce al pasajero oscuro, sabe qué hay tras los ojos de Dexter, sabe que lo que esos ojos reflejan no es el mundo oscuro e inerte que habita en su interior sino algo muy distinto. Muy distinto y artificial. Harry se lo ha enseñado. Harry le ha dado a Dexter el manual de la máscara que debe mostrar, de las poses y los gestos. De cuándo debe sonreír y cuándo debe apretar los dientes.

Dexter no tiene en sus manos una death note, pero tiene el código. Tiene una tenebrosa paciencia y un procedimiento mortalmente aséptico. No deja un cabo suelto ni cava tu tumba. No, él te trocea y te arroja al agua. No, tu tumba ya te la has cavado tú siendo un asesino.

Dexter te mata si tú matas. Te mata con macabra habilidad haciendo malabares con los momentos y los lugares. Con el detallado estudio de tu vida y de tu muerte. Dexter no deja nada para el caprichoso azar. Te mata en un lugar con las ventanas y las puertas cerradas. Te mata sin ruidos y sin ecos, te atraviesa con sus siniestras herramientas tu infectado corazón. Te enseña tus pecados justo antes de arrancarte una funesta vida que no mereces. Que él cree que no mereces porque matas. Te mata y no te olvida, se lleva consigo un trofeo: un poco de tu patética sangre.

Dexter mata lo que tú odias, lo que no eres capaz de mirar a los ojos y apartas la mirada, lo que escapa al sistema a través de unas leyes llenas de vacíos. Saca la basura que tú no sabes separar ni desechar, como en aquel capítulo de los Simpson: ¿es que no puede hacerlo otro? Dexter hace el trabajo sucio para mantenerte el culo limpio.

Dexter, como decía la principio, tiene que soportar una carga enorme: la de darte los buenos días con buen gesto, sonreír en las fotos y dar la mano cuando te conoce. Y además tiene que mantener a raya a una bestia con unas grandes garras y un mejor olfato.

Recuerda, Dexter te mata (sólo) si tú matas.

Perdidos 3x10: Tricia Tanaka is dead (o el capítulo de la furgoneta)




La vida de un hombre la rigen, principalmente, tres factores importantes:

el tiempo, que a todos nos obsesiona y que nos resulta contradictorio pues todo lo cura y todo lo mata, del que somos esclavos y siempre estamos hasta el cuello en las arenas movedizas del reloj, porque nunca hay suficiente tiempo.

el dinero, tanto tienes tanto vales, ese poderoso cabellero que nos diferencia a unos de otros, que nos corrompe y nos hace perversos, del que somos esclavos porque nunca tenemos suficiente dinero.

y la suerte, esa dama de hierro que te quita y que te da, que te traiciona y que se alía contigo. La suerte es el arma de doble filo más cortante y más oxidada, que a veces está en tus manos y otras en las del vecino que sonríe. La suerte, a veces, es la ventaja del débil y la excusa del poderoso. La suerte a veces te da la espalda y a veces te abraza intensamente y se convierte en tu mejor amante.

Un hombre sin tiempo ni dinero ni suerte es un hombre sin esperanza. Y, ya lo dijo el genio y no yo, un hombre sin esperanza es un hombre sin miedo.

Cuando uno está perdido en una isla no importan ni el dinero ni el tiempo y sólo queda agarrarte a la suerte, jugar a las cartas con ella y apostar un dinero y un tiempo que no importa, porque la suerte es lo único que puede hacer que te sientas vivo.

Cuando uno recibe un golpe de buena suerte tremendo ganando la lotería o siendo miembro de un grupo de música superventas y a continuación recibes los golpes martilleantes de la mala suerte te vienes abajo. Uno se deprime. Y más en una isla donde no importan ni el dinero ni el tiempo.

A Hurley y Charlie, machacados por los golpes aplastantes de la mala suerte, sólo les queda enfrentarse a ella. Apostar todo su tiempo y su dinero, que ya no importan, a una carta. Sólo buscan una pequeña victoria a riesgo de su vida.

Absolutamente brillante la imagen de Hurley después de haber conseguido ganar por mano a la suerte. Me refiero a la escena en la que sale él solo en la furgoneta. Un primer plano espectacular, en el que el actor transmite a la perfección lo que todos hemos pasado alguna vez... lo bien que sienta una pequeña victoria, por pequeña que sea, después de una larga mala racha. Joder. Me hizo sentir en sintonía con él.

Sólo me faltó gritarle: te lo mereces, chaval, disfruta de tu pequeña victoria.

lunes, diciembre 14, 2009

Recordando a Luna

A punto como está de salir, por fin, el capítulo 21 de Los Regalos de la Muerte (capítulo dedicado ampliamente a nuestra querida Luna) se me ha ocurrido rescatar el poema que le escribió el bueno de Javi Lagos a nuestra chica favorita.

Luna, dulce Luna,
llueve la soledad sin ti,
y llora el cielo
porque le falta la luna.
Luna, bella luna
amarga es mi libertad
y triste es mi voz
sin tu mirada gatuna.
Luna, de ojos claros
de oscuros labios
de cabello de trigo
de escarcha de amor
de sincero dolor
de apresuradas risas
y de lánguidos sueños.
Luna, de jardín temprano
de semilla de besos
de sentido perdón
de silueta firme
de musical desconcierto
y de fatal perdición.
Luna, de mañana sin mí Luna,
de camino incierto
e indudable temblor.

jueves, diciembre 10, 2009

Perdidos


Un spoiler es una reseña bocazas, y una reseña un spoiler introvertido. Un spoiler es una reseña calientabraguetas, y una reseña un spoiler haciéndose la estrecha. Un spoiler es una reseña echando un polvo rápido, y una reseña es un spoiler echando un polvo con cena, cine y ramo de flores de por medio. Un spoiler es una reseña esprintando y una reseña es un spoiler dando vueltas de perdiz. Un spoiler es una reseña tocapelotas y una reseña es un spoiler muy educado. Un spoiler es una reseña impaciente y una reseña es un spoiler con todo el tiempo por delante. Un spoiler es una reseña con un revólver de gatillo rápido y una reseña es un spoiler con tirachinas hecho con una botella de plástico recortada y con globo pero sin globo. Un spoiler es una reseña mordedora y una reseña un spoiler ladrador. A veces la línea entre la reseña y el spoiler es más fina que el horizonte y por eso a veces se hace difícil reseñar, sobre todo en una serie como perdidos, ¿qué reseña haces que quede convincente sin caer en la trampa hábil del spoiler? A mí sólo se me ocurre una manera, explicando cómo te hace sentir la serie, cómo te afectan sus hilos y sus argumentos, finos como el horizonte y como la línea que separa la reseña y el spoiler. Pero, ah, las palabras son fáciles de manejar y utilizar pero expresar sentimientos se me hace cuesta arriba. Aún así, meto primera y lo intento. Perdidos te une a sus personajes con un fino hilo, te hace dudar entre la verdad y la mentira y entre la reseña y el spoiler. Perdidos te afecta, te vincula, como el agente Smith con Neo. Perdidos te devuelve la mirada y te reta, te impone su ritmo, te devuelve el guante. Perdidos te desarma sin armas, sólo con gestos. Con miradas. Perdidos es la isla que todos tenemos dentro, oscura y sombría, y de la que no podemos deshacernos nunca.

lunes, noviembre 16, 2009

Amazing Spiderman 600




Cada día estoy más seguro de que la vida, nuestra vida, la rigen sólo dos parámetros: los pequeños detalles y las grandes portadas.

Cada día estoy más seguro de que en esta vida no existen buenas o malas formas de hacer las cosas, existen sólo buenos o malos momentos de hacerlas.

Caminaba por esa isla maravillosa llamada Manhattan, con mi chica de la mano (el monumento más bonito que vi en Nueva York fue ella), impresionado por Times Square y mirando a todos lados, a todos las pantallas luminosas y los efectos de neón. Hacía como el que miraba los edificios pero realmente miraba entre ellos intentado encontrar al one-more-dayzado Spiderman. Y lo vi... pero no paseando en red, sino casi a ras de suelo, el plena séptima avenida, en una tienda de cómics llamada Midtown Cómics. Entré en ella, claro, y me compré una camiseta arácnida que otro día te enseñaré.

Subí las escaleras un tanto empinadas y entré en el templo... vi cientos de cómics como nunca había visto, y de repente vi el Amazing Spiderman 599. Saboreé mi alterado corazón, que me latía en la garganta, excitado ante la posibilidad de encontrar el 600 justo en mi visita a Nueva York. Y allí estaba, esperándome, reposando en dos baldas de una estantería, lanzándome una tela de araña para que lo cogiera, para mancharme con su tinta negra arácnida las yemas de mis dedos.

Lo cogí y lo compré y me puse a leerlo. No entendía algunas cosas, porque voy leyendo por la edición española, pero daba igual, me limitaba a saborear, como si de mi corazón alterado se tratase, los pequeños detalles y la gran portada. Está claro que no es una buena forma de leerlo porque leo la edición española, pero sí un buen momento para hacerlo. El mejor momento, rodeado de los edificios por los que galopa Spiderman y a escasos metros del maldito puente de Brooklyn y con mi chica al lado, cámara de fotos en mano, para inmortalizar este momento. Porque en esta vida, cada día estoy más seguro, no hay buenas ni malas formas de hacer las cosas. Hay buenos y malos momentos.

La vida la rigen los pequeños detalles, es algo que cada día en lo que creo más. Como debe pensar Slott, que cuenta para este 600 una historia plagada de pequeños detalles, de finos recovecos para sumergirte en la vasta historia arácnida. Algo que debe creer también Romita Jr. que plaga de pequeños detalles un cómic que sólo podía hacer alguien apedillado Romita. Por la calidad del dibujo y por lo romántico. Por lo estilizado. Porque Spiderman es como el hermano mayor de Romita. Por Daredevil, que es como el hermano pequeño. Y, sobre todo, por esa última página (que no hay spoiler suficientes que pudieran taparla en este blog) que abre la puerta a muchas más páginas, abre las puertas a ríos de tinta arácnida que mancharán mis yemas. Sobre todo por esa última página que sólo podía dibujar alguien apedillado Romita.

La vida la rigen las grandes portadas, no me refiero exclusivamente a las de cómics, sino a las mediáticas en general. Y este número 600, ah, tiene dos grandes portadas: una de Romita Jr. y otra de Alex Ross. El día que estuve en la tienda, sólo tenían la de Romita Jr. y fue la que me compré, claro.

Pero tiene una tercera portada. Una maravillosa tercera portada dibujada por el maestro Romita Sr. con la que demuestra que todavía tiene magia, que aún guarda algunos trucos en su lápiz. Al verla, no exagero, se me puso la piel de gallina quitándome el corazón de la garganta. Fíjate en la portada, la he puesto abajo, ¿no sientes lo mismo? ¡Es Harry, el que yo recuerdo! ¡Es Norman! Oh, Dios, es Mary Jane...

John Romita Sr. ha conseguido que quiera volver a Nueva York sólo para comprar en Midtown comics el número 600 con su portada.


viernes, noviembre 13, 2009

Entrevista con Manuel Cuesta





Manuel Cuesta vino a la entrevista de Peter Parker, con velocidad y agilidad arácnidas y regalos... Tuvo el detalle de regalarme una bandolera de la vida secreta de Peter Parker y sus dos primeros trabajos.

Fue una suerte compartir con él unas cervezas y esta maravillosa entrevista en la que Manuel Cuesta nos cuenta un poquito más de su vida secreta de Peter Parker.


Manuel Cuesta

"La música es lo que me saca de mi tristeza y de mi soledad"


Salva: Buenas tardes, Manuel, muchas gracias por estar aquí y acompañarnos con estas cervezas y estas palabras.

Manuel: Muchas gracias a ti por invitarme.

Salva: He escuchado tu último disco, un disco musicalmente muy bueno y que llama la atención el título: “La vida secreta de Peter Parker”. Peter Parker es un ídolo de la adolescencia de mucha gente. ¿Qué nos cuentas con este disco? ¿Qué nos quieres decir con Peter Parker?

Manuel: Lo que quiero decir básicamente es que hoy en día hay mucha gente que lleva muchas dobles vidas y, en primer lugar, a lo que hace referencia es a lo que estos días cuesta tanto trabajo compaginar una vida laboral, una vida de padre, una vida de obligaciones laborales con la vida de música y me recordaba mucho a mis referencias del cómic, a la vida de Peter Parker, el que tenía que compaginar la vida de estudiante, atolondrado, de tener problemas económicos, de trabajar en el Daily Bugle con la de superhéroe nada más y nada menos. Y a eso es a lo que hace referencia. Yo no soy un superhéroe ni mucho menos, pero…

Salva: Discrepo (risas)

Manuel: (risas) … pero sí que es verdad que es complicado y difícil llevar vidas tan distintas en estos tiempos que corren.

Salva: ¿Cómo descubres la música, cómo llegan a tu vida las notas musicales?

Manuel: Esto lo digo siempre, la música llega por mis padres y los dos, afortunadamente, siempre han sido grandes amantes de la música. Y las referencias musicales primeras han salido de los viejos discos que ellos han comprado desde que yo era muy niño: discos de Serrat, Joaquín Sabina, de Jack Brel, de Leonard Cohen, de Joan Baez, de Pablo Milanés… Ya de adolescente me fui interesando por la música con la que sentía identificado: Antonio Vega, Los Secretos, Duncan Dhu, Revólver… Pero sobre todo mis profesores de solfeo, con los que aprendí a tocar la guitarra, fueron los Beatles. Recuerdo que al poco de tener mi guitarra un amigo me regaló muchas fotocopias de canciones de los Beatles y la primera canción que aprendí a tocar fue: “All I've got to do” que era el segundo corte del disco: “With the Beatles” y que aún me sigue pareciendo una balada maravillosa del chico que está deseando escuchar la voz de su chica, de llamarla por teléfono… la temática no puede ser más inocente pero me parece una canción preciosa.

Salva: ¿La guitarra es tu instrumento musical fetiche?

Manuel: Sí, porque además es el único instrumento que más o menos domino para tocar en directo en un concierto.

Salva: Discrepo de nuevo, porque a mí me emocionaste tocando la armónica. Estuviste impresionante.

Manuel: Lo que ocurre es que la armónica es un instrumento que tardé menos en aprender a tocar y que lo pasé mejor aprendiendo a tocar la armónica que la guitarra, ya que con la guitarra se sufre bastante, sobre todo al principio.

Salva: Hablábamos antes de qué quieres decir con Peter Parker, pero, ¿qué te callas con Peter Parker?

Manuel: Me callo muchas canciones de amor y este disco, probablemente, sea el que menos canciones de amor tenga. Un precio a pagar por hablar lo de lo que hablo en este disco. Yo quería hablar sobre todo de que en estos tiempos en los que vivimos en el que hay pocos héroes reales. Tuvimos muchas figuras y héroes en el siglo XX, políticos y gente que significó mucho para las ideas como Malcom X o el Ché Guevara, pero en este siglo no teníamos héroes y quise hablar y rememorar los héroes de mi infancia y contarlo: desde Batman, Spiderman hasta la Historia Interminable.

Salva: Nos hablas de los héroes, ¿pero crees que hay parte de villano en tu disco?

Manuel: Puede ser, porque los villanos también dan mucho para hablar.

Salva: ¿Cuál consideras el villano por excelencia de Spiderman y Peter Parker?

Manuel: El que más daño ha podido hacerle a Peter Parker, para mí, ha sido el Duende Verde, Norman Osborn.

Salva: ¿Qué hay de Norman Osborn en tu disco?

Manuel: Quizá la parte que menos se parece a mí, porque en este disco hay canciones en las que yo soy menos yo y en otras con las que me siento identificado. En cualquier caso no hay ningún tipo de maldad en el disco, se habla hasta bien de los villanos. Creo que los villanos son el otro lado del espejo como se decía en Alicia en el País de las Maravillas.

Salva: ¿No hay cierta maldad en Chelsea Hotel?

Manuel: Pues sí la hay, sí, ahora que lo dices. Quizá Jennis Joplin es la villana de la historia y Leonard Cohen de la canción porque esas cosas, como le dijo su madre una vez, un caballero no debe de contarlas y menos en una canción. El desvelar ese secreto de alcoba al público lo convierte en villano. Lo que hablamos de los villanos me recuerda mucho a la película: “El protegido”, me recuerda mucho a que el héroe y el Némesis se buscan para entenderse, al cabo, el uno al otro. Es decir, si uno es tan malo o la naturaleza se ha portado tan mal con él creo que habrá siempre un contrario en alguna parte al que le haya pasado lo opuesto, al que la naturaleza le haya dado los dones positivos, los poderes y la capacidad de vencer. Sabes que soy un enganchado a las series de televisión norteamericanas y creo que un personaje que crea un debate moral enorme es Dexter, que está basado en una novela de Jeff Lindsay que se llama El Oscuro Pasajero. Cuando se lleva dos o tres temporadas de esta serie, ya no odias a Dexter. Al principio ves que es un tipo que se toma la justicia por su mano, que es un psicópata que se dedica a matar según un criterio de selección porque tuvo en su infancia su padre le enseñó a seguir un código moral y de conducta. De no ser por él, quizá no hubiese enfocado esa maldad hacia asesinos sino hacia inocentes. Al final el personaje nos termina atrapando y terminamos entendiéndolo y poniéndolos en su piel y no queremos que a Dexter lo atrape la policía, porque además es un tipo ejemplar, que trabaja muy bien, que adora a su mujer, es un padre de familia ejemplar… Creo que también hay mucho de Dexter en este disco porque Dexter tiene una vida secreta de Peter Parker. Y a Dexter le encantaría desvelar esa vida secreta aunque vive en completa soledad.

Salva: Me hablabas antes de cómo descubriste la música, pero me gustaría que me hablases que cuándo la música te descubrió a ti, ¿en qué momento pensaste que Manuel Cuesta es un cantautor, es alguien en la música?

Manuel: Nunca me he creído alguien en la música, pero sí recuerdo el día, el local, el momento, en el que sublimé la idea y el concepto de ser cantautor o solista y dejar las bandas que tenía en aquel momento precisamente por el problema de juntarte con otros músicos y formar un grupo en el que hacer versiones o canciones juntos. Así que cuando me encontré con un repertorio más o menos decente y presentable de canciones, las presenté en un local del centro de Sevilla que se llama Café Clichy y creo que fueron 12 ó 14 canciones de un concierto maravilloso. Uno de mis mejores amigos fue el que me animó a que lo hiciera. Ese fue el momento en el que la música me descubrió a mí como cantautor y a partir de ahí vino mi temporada en la Carbonería, mi comienzo como una nueva etapa como autor.

Salva: ¿Qué compones primero, la letra de tus canciones o la trama de tu vida?

Manuel: Creo que para componer lo que hago primero es vivir y experimentar, porque si no, no tengo nada que contar. Y experimentar no es sólo salir, conocer a gente, vivir experiencias… necesito ver películas, leer, hablar con gente, escuchar… Y de todo ese compendio siempre saco alguna idea de la que quizá después escribo la letra o la música me inspira a escribir una historia de las que he vivido.

Salva: Cuando escribes una canción, ¿te fluye como un relámpago?

Manuel: Sí, la mayoría salen como un relámpago basándome en una experiencia previa. Casi todas muy desgarradoras, muy basadas en las malas experiencias, en el desamor… esas salen todas como si fuesen una cascada o una explosión.

Salva: ¿El mejor estado de un compositor para componer es el desamor?

Manuel: El estado de gracia de un compositor es no ser feliz. No sé si tremendamente triste, pero desde luego siendo feliz uno no consigue trascender como compositor. Las canciones que más nos gustan casi nunca son canciones felices. Decía Elliot Smith que debe de haber algo de tristeza en las canciones si queremos que la verdad, la belleza y la felicidad que reside en ellas de verdad importe.

Salva: ¿Qué tipo de música escucha un músico como tú?

Manuel: Me da por rachas, lo que más escucho últimamente sobre todo es a Damien Rice, a Glen Hansard, al grupo The Frames, a Quique González. Especialmente estoy metido con un disco de The Frames que se llama el Baile del diablo y que me tiene loco.

Salva: Una pregunta muy importante, ya que tú eres Peter Parker, ¿con quién te quedas con Mary Jane o con Gwen Stacy?

Manuel: Me quedo siempre con Mary Jane.

Salva: ¿Por qué?

Manuel: Porque me encantaría que una mujer, al menos una vez, saliese de su alma y del fondo de su corazón llamarme Tigre.

Salva: Gwen nunca llamó Tigre a Peter Parker. Y MJ el día que lo conoció.

Manuel: Es que a los héroes, dependiendo de quién los llame los llama de una forma y dejando de lado un momento a Peter Parker y poniendo como ejemplo a James Bond. Los enemigos de James Bond siempre lo llaman señor Bond. En nuestro trabajo la gente siempre nos llama de una manera. James Bond va a su trabajo y lo llaman 007 pero cuando está en la cama con una piba, siempre lo llaman James. Entonces, Gwen llamaba a Peter Parker, Peter, Pete… pero MJ era la única y la primera que le decía Tigre.

Salva: ¿La música es tu pregunta o tu respuesta?

Manuel: La música es mi terapia, quizá tiene más que ver con las preguntas, pero algunas veces también me da muchas respuestas. La música es lo que me saca de mi tristeza y de mi soledad.

Salva: ¿Es la música una buena amante además de una buena terapeuta?

Manuel: Sí, aunque la música algunas veces es una hija de puta, una despechada, una traicionera, una infiel… La música me ha dado, igual que algunas amantes, noches de lujuria y también noches de completa soledad. De hecho hay conciertos en los que te puedes ver, guitarra en mano, rodeado de gente y noches en las que tocas para 2 ó 3. Pero, como dice Luis Quintana, que siempre para ser un buen músico hay que tocar con la misma intensidad para 6 que para 600.

Salva: Aunque ya está casi contestada, ¿Beatles o Rolling?

Manuel: Nunca me he sentido identificado con los Rolling, ni con Mick Jagger, ni con Kit Richards ni con su filosofía. Me parece que la verdadera revolución en el mundo de la música la hicieron los Beatles y evidentemente no hay ninguna banda que no haya tenido un líder tan carismático como John Lennon. Eso son palabras mayores. A mí me dices Mick Jagger y no me infunde ninguna filosofía aparte de la creatividad, el espectáculo que dan en directo. No tengo nada en contra ni de los Rolling Stone ni de sus seguidores a los que respeto muchísimo, pero Lennon y McCartney formaron un tándem genial que no es equiparable a nada.

Salva: La guitarra tiene esa forma sinuosa de cuerpo de mujer, ¿es al tacto también como el cuerpo de una mujer?

Manuel: No, no, por desgracia no. El tacto de una guitarra alivia muchos desamores pero no es comparable. Ya quisiéramos nosotros.

Salva: ¿Qué tipo de literatura lees?

Manuel: Me gusta sobre todo la novela y la poesía.

Salva: ¿Qué autores?

Manuel: Empezando por la poesía, vengo sobre todo de la corriente de Antonio Machado, de Neruda, de Juan Ramón Jiménez, de Salinas, Mario Benedetti… y me sentiría traicionero si no hablase de gente a la que conozco y a la que admiro como el señor Azaústre, Rodolfo Serrano y García Montero, que son grandes poetas.

Salva: ¿Conoces a García Montero?

Manuel: Tuve la suerte de que García Montero me impartiese un curso universitario de verano en El Escorial en el que él era el director. En ese curso estaban su mujer, Almudena Grandes, Felipe Benítez Reyes, Mario Benedetti… En definitiva, una serie de escritores que hablaban de cómo escribir novela y poesía. El fin de fiesta iba a ser Joaquín Sabina, pero en aquel momento el pobrecito pasaba una depresión y no acudió. Pero le pude estrechar la mano a Benedetti y regalarle una de mis maquetas titulada: “De amores y utopías” y que en la portada salía una Mafalda dibujada por mí y yo dibujado como una caricatura de Quino tocándole la guitarra a Mafalda.

Salva: ¿Crees que la literatura tiene música?

Manuel: Creo que se pueden escribir verdades canciones basadas en obras literarias.

Salva: ¿Y al revés?

Manuel: Escribir una novela a partir de una canción lo veo más complicado pero no imposible, aunque me veo más hacedor de lo primero que de lo segundo, de hacer una canción a raíz de una novela o un relato. Desde luego es más común.

Salva: ¿Eres un buen amante del cine?

Manuel: Soy un amante total del cine.

Salva: ¿Y qué cine amas?

Manuel: No me decanto por géneros porque en todos los géneros tengo mis películas fetiche, ya sea drama, westerns, drama o ciencia ficción. Desde el cine clásico al cine actual tengo mis películas favoritas. De hecho, una vez hice mi listado de grandes películas.

Salva: ¿Qué película estaba en primer lugar de esa lista?

Manuel: Casablanca.

Salva: No hago planes con tanta antelación… (risas)

Manuel: (risas) A mí una parte que me gusta de Casablanca es cuando el inspector le dice a Rick que le hable de él y de por qué vino a Casablanca y Rick le dijo que vino por las aguas, el inspector le dice pero si hay no hay mar ni agua ni nada, estamos en el desierto. A lo que dice Rick… es que me informaron mal. O cuando le dice el coronel Nazi, bueno, ya veo que usted se llama Rick Blaine, que vive en Nueva York, que tiene los ojos marrones pero, ¿cuál es su profesión, señor Rick? Y dice él: “Borracho”. Creo que Casablanca tiene los mejores diálogos de la historia del cine.

Salva: ¿Qué sería de la vida sin Casablanca?

Manuel: Creo que la mayoría de las historias de amor se resumen en el final de Casablanca y es que el amor es sacrificio y el mejor gesto de sacrificio que tiene el amor es dejar marchar a una mujer. O el final de Memorias de África, que también estaba en mi lista de 50 mejores películas.

Salva: ¿Qué sería de nosotros sin Regreso al Futuro?

Manuel: Sobre todo de mí, qué sería de mí. Yo vi Regreso al Futuro en el cine. Tuve la suerte de que en la navidad de 1985 mi tío Valentín, que por aquel entonces estaba de noviete de mi tía, nos llevó al cine Emperador de Sevilla, que ya no existe. Eso para en niño es una cosa que marcaría su vida para siempre. Y cuando vi subido en el escenario a Michael J. Fox sentí que yo iba a dedicar a la música, no me cabe la menor duda. Regreso al futuro tenía parte de la maravillosa música de Allan Silvestri, tenía a Huey Louis and The News… aprovecha dos épocas diferentes, la época ochentena del rock y la época de los años 50.

Salva: Hay dos tipos de personas, los que se cogen a Ken y los que se cogen a Ryu, ¿a quién te cogías tú?

Manuel: Me cogía a Ryu pero era por un tema capilar porque me recordaba mucho a Koji Kabuto.

Salva: ¡Planeador abajo! Ryu también era clavado a Seiya.

Manuel: ¡Efectivamente! Realmente creo que Ryu era el Pokemon, la evolución de Seiya y Koji Kabuto.

Salva: ¿Dónde miras cuando cantas en un concierto?

Manuel: Depende de si hay focos o no hay focos. Si hay focos realmente estás cegado la mitad del concierto y no puedes mirar. Aunque eso también ayuda a quitarte la vergüenza y creerte que estás en un limbo.

Salva: ¿Y sin focos?

Manuel: Yo siempre he sido de mirar a mi chica cuando ha venido a los conciertos.

Salva: ¿Recuerdas tu primera canción?

Manuel: Prefiero olvidarla, de hecho la he olvidado. De la que nunca me olvido es de la última que he compuesto.

Salva: ¿Cuál es tu última canción?

Manuel: Se llama: “Amar a contraviento” y la tengo en mi i-pod grabada por mí a piano y voz y tendrá apenas dos meses de composición.

Salva: Hay una canción en tu disco que posiblemente sea la mejor canción, aunque no la que más me gusta, que se llama: “Teoría del Caos” en la que hay una frase que me gusta mucho: “No hay diálogo si no hay cobertura”, ¿crees que la dependencia del móvil nos ha atrofiado las cuerdas vocales y nos ha creado una especie de angustia que antes no teníamos?

Manuel: Totalmente, creo que el móvil ha creado una mala comunicación. Porque ahora mismo tú y yo estamos hablando aquí y si nos suena el teléfono a uno de los dos, por respeto o por educación no lo cogemos, pero nos pueden interrumpir esta conversación maravillosa con estas cañas, cosa que sería impensable cuando teníamos 15 años. Creo que lo que ha hecho realmente es distorsionar la comunicación entre la gente y que nos crea una dependencia muy fuerte. De hecho, cuando te quedas solo es un instrumento al que acudes para llamar a alguien.

Salva: De hecho, hemos quedado para esta entrevista a través del móvil.

Manuel: No rechazo el móvil ni su utilidad, pero vivimos en un tiempo en el que todavía no usamos con inteligencia ni con mesura el teléfono móvil. Creo que lo usamos con cierta adicción pero no con control.

Salva: ¿La falta de móvil nos crea ansiedad?

Manuel: Sí, ahora estamos completamente enganchados y somos adictos a él.

Salva: Ya has demostrado como músico que eres capaz de componer música, ¿crees que eres capaz de expresarte con otra vertiente creativa.

Manuel: No se me da mal dibujar, a ver si te enseño algunos dibujos míos.

Salva: De hecho, la caricatura de Mafalda de la portada de la maqueta que me hablaste la dibujaste tú.

Manuel: Sí, la dibujé yo y, bueno, antes de ser músico una de mis grandes aficiones era hacer cómics. Me divertía mucho coger mis cuadernos o mis blogs y ponerme a dibujar. Creo que hasta que tuve 20 años hacía mis viñetas y mis personajes. Y he regalado muchísimos cómics y dibujos que he hecho algunos por encargo y otros por cariño. Y de hecho, como decían en Alta Fidelidad, era uno de mis grandes trabajos de mi vida, como en “Persiguiendo a Amy” yendo de convección en convección de cómics.

Salva: Artísticamente y personalmente te conocí a través del señor Azaústre y por un grupo legendario llamado Dingo Bar.

Manuel: Imagino que Dingo Bar lo tendrás en tu discografía.

Salva: Llevo el disco en el coche, donde lo alterno con la vida secreta de Peter Parker. Ahora también lo alternaré otros.

Manuel: Ahora tienes para alternar con Días Rojos y El Sonido de lo Inevitable.

Salva: Hablando de El Sonido de lo Inevitable, ¿el título está relacionado con “Matrix”?

Manuel: Me encanta que me hagas esa pregunta. Oye eso, señor Anderson, es el sonido de lo inevitable… y de ahí viene el título. Una vez me lo preguntaron en una entrevista y tuve que explicarlo, aunque en esta lo has descubierto tú… has desenmascarado a Peter Parker (risas).

Salva: Es que soy un amante confeso y fiel de Matrix.

Manuel: Me pareció tan bonita esa respuesta que soltó el malo… el villano.

Salva: Volvemos al villano… siempre volvemos al villano.

Manuel: Es que es un gran villano el Agente Smith. Creo que las mejores frases siempre la dicen los villanos, ¿no crees?

Salva: Las mejores entradas son de los héroes y las mejores frases de los villanos.

Manuel: ¡Efectivamente!

Salva: Decía el doctor Octopus, volviendo a nuestro querido Peter, lo siguiente: “Has dado a mi vida una cierta continuidad. Un cierto desafío. Una cierta… inspiración. Te necesito, Parker, pero no a la Araña sombría y despiadada, sino al hombre que ha bailado conmigo al borde del precipicio a lo largo de todos estos años”.

Manuel: ¡Qué buena frase! Suena fenomenal. La verdad es que me estás desvelando muchas cosas del mundo de Spiderman que no conocía.

Salva: ¿Con quién te quedas, con Neo o con Smith?

Manuel: Con Smith, porque me decepcionó mucho el final de la trilogía de Matrix. La primer parte me encantó pero la tercera me decepcionó que Neo tuviese que pagar el pato para salvar la civilización. No me parece justo y menos con lo bien que arrancó la saga. Entiendo que la 2 y la 3 son esclavas de la industria. Matrix sola de por sí, con ese Neo volando y saliendo de la cabina telefónica era un final perfecto y redondo para una obra maestra del cine. Pero, sobre todo, me quedo con Trinity. Estoy locamente enamorado de Trinity. Hubo un tiempo en el que sólo veía Matrix por ver a Carrie-Ann Moss embutida en un traje de látex, eso me parece un acierto inconmensurable.

Salva: Noto la decadencia de Matrix en cuanto a partes se refiere en la decadencia de Morfeo, que es una piedra angular de la película.

Manuel: ¡Efectivamente! Lo terminan ninguneando en la segunda y en la tercera parte cuando Morfeo es el que le ha revelado la verdad. El que le hace cruzar al otro lado del espejo.

Salva: ¿Por qué Días Rojos?

Manuel: Días Rojos es un homenaje al mundo de la música, de la literatura y del cine a la vez. Hubo una chica, antes de que viera la película o leyese la novela de Truman Capote, que me contó que los días rojos eran aquellos días, según decía Audrey Hepburn en desayuno con diamantes, en los que uno se siente triste o desolado sin saber por qué, sin razón aparente. Yo no lo entendía muy bien pero me vi la película, me leí la novela de Capote y entendías que era la manera en la que la protagonista tenía irse a Tiffany’s a tomar un café delante de los escaparates de joyas para huir de la soledad, para huir de lo malo.

Salva: ¿Tu disco Días Rojos es para huir de lo malo?

Manuel: Digamos que el mensaje sería que lo que yo hago en esos días rojos es subirme a un escenario y cantar y lo que hay que buscar es la terapia o el camino o el instrumento para huir de esos días rojos.

Salva: Reconduciendo el tema, que nos hemos desviado con Matrix, ¿cómo nació Dingo Bar?

Manuel: Nace de una propuesta creativa por parte de nuestro amigo común Joaquín Pérez Azaústre, poeta, novelista, columnista, cinéfila y un hombre del renacimiento de los pies a la cabeza… En una época yo atravesaba de Peter Parker total porque compaginaba mis laboras de padre, trabajo, estudios, y no tenía tiempo de sentarme y ponerme a hacer canciones. Pasé la mayor etapa de sequía compositiva que yo he tenido. Me propuso crearnos un hábito, una costumbre, durante varias semanas de irme a su casa a hacernos un café, terminar de comer, agarrar una guitarra y una botella de vino y musicar poemas suyos o hacer canciones que surgieran. A veces surgía una canción, a veces dos, a veces ninguna… pero cuando nos dimos cuenta teníamos un disco hecho. Un disco de 12 canciones, 10 exclusivas de Joaquín y mías, que yo les puse música, y 2 mías antiguas que Joaquín quería que nosotros reinventásemos en el directo y son: “A esta primavera no hay quien la entienda” y “En la boca del lobo”. Me lo pasé muy bien porque además Joaquín quiso grabar y hacer unos cuantos conciertos. Lo recuerdo como una época estupenda y muy divertida al margen del concepto mío de cantautor.

Salva: “Deshaciendo las maletas”, que se incluye en tu último disco, también os la escuché en Dingo Bar, ¿esa canción nace en Dingo Bar?

Manuel: Creo que es la única canción que nace en la época de Dingo Bar porque fue la segunda canción del disco cuando yo estaba saliendo de esa sequía creativa. La primera canción del disco fue la nana que le dediqué a mi hija, Ana, porque es la canción más sencilla y más básica del CD y después salió deshaciendo las maletas.

Salva: Alejandro Sanz cuando tuvo a su hija Manuela le compuso una canción que se llama: “Y sólo se me ocurre amarte” pero no le parecía buena porque estaba en un estado de felicidad tal que no le salía otra cosa, ¿te ha pasado a ti lo mismo?

Manuel: No, para nada. La verdad es que cuando le escribí esa nana a mi hija sabía que no estaba haciendo una proeza ni una obra maestra pero para mí era la primera canción que le cantaba a mi hija, incluso antes de nacer. Estaba en el vientre de mi mujer y se me ocurrió, con la guitarra, cantarle algo y salió casi de seguido. Y en lugar de versionarle otras nanas, le hice esa nana que me recuerda mucho a una película de Tim Burton por el rollo gótico que tiene también la oscuridad, el viento los dragones… Pero a mí la canción me encanta.

Salva: ¿Cómo termina Dingo Bar?

Manuel: Casi perdemos la amistad Joaquín y yo precisamente porque Peter Parker llega a un punto tal de obligaciones y compromisos laborales y estudiantiles que no puede cumplir con el compromiso de ensayos, de objetivos que quería Joaquín. Y antes de romper la amistad preferimos romper musicalmente.

Salva: Terminamos aquí la entrevista muy bonita y muy entrañable, Manuel, muchas gracias por atenderme y por este buen rato.

Manuel: Una lástima que se acabe, me lo he pasado muy bien.

jueves, noviembre 12, 2009

Nocturna Ediciones.




Corren tiempos difíciles, donde el miedo se hace fuerte porque a veces cumple sus amenazas. Donde el dinero vale más que la palabra y la piedra y la pedrada vale más que la flor. Corren tiempos difíciles donde no quedan flores, sólo plantas carnívoras. Tiempos de noches tristes y lunas breves. De muecas mustias, de puños cerrados golpeando gente. Donde los truenos retumban sin relámpagos y se forman sombras sin luces. Donde la densa oscuridad de la noche no deja ver las estrellas ni los luceros.

Y de repente, nace una flor en un desierto, de debajo de las piedras, nace una editorial que se enfrenta al miedo y a los tiempos difíciles, que no teme las amenazas que a veces se cumplen. Que da a la palabra un papel y un lápiz para que se exprese y nos cuente historias. Nace Nocturna Ediciones para dibujar una luna llena en un cielo en el que empiezan a aparecer estrellas. Que convierte las muecas en sonrisas y que cierra los puños para golpear la mesa de la desidia que nos invade en estos tiempos. Nace Nocturna Ediciones para conseguir que una ráfaga de luz aspire a relámpago, para arropar con luz la noche perversa de estos tiempos.

Nocturna Ediciones nace tras vencer muchos pulsos y muchas tensiones, robándole un soplo de aire a una noche que Nocturna Ediciones intenta evitar que se apague.

Nocturna Ediciones nos da los libros que nos faltan, las historias que nos faltan. Como las de Juana Salabert y sus “Hijas de la ira”. Un libro que es un testimonio, una vivencia en unas hojas de papel y tinta pero también de sangre y de miserias y de superación y de fuerza. No dejes de leerlo, porque son historias que forman parte de nosotros.

Larga vida a esta editorial que nace, a fuerza de aliento, para devolvernos la manija y la cordura.

Daredevil: Cruel e Inusual (MK DD Vol II, 35-38 )




Sopla un aire mistral que dibuja en tu cara el pozo en el que estás hundido. El sabor amargo a sangre en tu boca vuelve a encender la mecha de tus puños. No sabes si la sangre es tuya por lo fuerte que estás apretando los dientes o si es de los tipos a los que estás dándoles una paliza. El olor a miedo y retirada de estos tipos cuando Cage te det¡ene te reinventa y carga de nuevo de pólvora tus puños sin miedo. Qué error es golpear con puños sin miedo la piel impenetrable de Luke pero al menos te pone a ti y a lo que te rodea en su sitio.

Necesitas un ancla o un punto de apoyo, necesitas un volver atrás para saltar adelante. Necesitas salir de las arenas movedizas en las que está tu vida y volver al camino que conoces. A la tierra que manejas y donde mejor pisan tus pies.

El perfuma a Milla agudiza el hambre de las hormigas-termina que bajan a tu estómago buscando algo que devorar. Te retuerces porque no ves salida, porque tener tu radar es como tener un tío en Graná, ¿de qué te sirve?

Necesita ponerte el guante que mejor calzas, el traje que te hiciste a medida para luchar contra las injusticias. Necesitas un puñetazo sin miedo en la mesa, necesitas el sabor amargo de tu propia sangre y no la de la gente que apaleas.

Necesitas un caso y volver a ser el abogado impecable e implacable que una vez fuiste. Y calzarte como un guante el traje a medida de abogado, y no el rojo, que tienes guardado en algún rincón de tu alma.

Sé tú y haz lo que mejor sabes hacer.

Sé Murdock.

miércoles, octubre 28, 2009

Concierto en Zanzíbar de Manuel Cuesta y Alfonso Ribero

Una vez dijo un gran genio que la vida es como una caja de bombones, porque nunca sabes con qué te vas a encontrar. Anoche, la sala Zanzíbar (que no es un santo andaluz), se transformó en una improvisada caja de bombones porque ninguno de los asistentes nos imaginábamos lo que nos íbamos a encontrar: éramos sólo 4 en el concierto, los dos artistas (Manuel Cuesta y Alfonso Ribero), Azaústre y yo. El pobre Manuel respondía con sonrisa desganada de viejo acordeón a las bromas que les gastábamos por el poco público. Pero aún así, después de esperar un rato a que viniese más gente y viendo que no llegaba nadie, como son dos pedazos de artistas, decidieron sacar adelante el concierto. Para su público, el que sea. Por su público, el que sea.

Primero subió al escenario Alfonso Ribero, armado con su voz y su guitarra que atraviesa corazones y corta las cabezas de los dragones que secuestran princesas. Mientras, Manuel, esperaba en el banquillo, creyendo aún en la remontada.

Alfonso, nos contó su historia, sus historias, lo creativo que le resulta Madrid. Y de pronto se calló, tragó dos toneladas de saliva porque así, de la nada, como suele aparecer la magia de verdad, aparecieron tres personas más en el concierto, justo a tiempo, en el último segundo, vale la canasta y personal, RATATATATA.

Uno de los que entró fue Ismael Serrano, que con voz de proyector de cine, se fundió en un abrazo con Manuel y le dijo: “¡No podía faltar a este concierto!”. He traído a unos amigos, continuó. Y qué amigos. Se trajo a Ricardo Darín, que estaba de paso fugaz por Madrid y se vino al concierto animado por Ismael. Y a Kira Miró, el bombón que faltaba en nuestra particular caja de bombones, que no sabíamos por qué vino pero a ninguno parecía importarnos.

Alfonso quedó perplejo, desarmado y desmontado ante este público. Pero Alfonso también cree en las remontadas y en las chicas que saben volar. Y después de felicitar a Darín por “El secreto de sus ojos” se hizo con el escenario con rictus de coger al toro por los cuernos. Me atrevería a afirmar que Alfonso lucharía contra dinosaurios con un cazamariposas. Y sin prisioneros de guerra. Nos cantó sus canciones como mejor se puede hacer, con las palabras de la experiencia vivida, de las calles pateadas y de las vueltas y media de todo.

Y luego salió el trepamuros Manuel, que se subía por las paredes arropado por su especial público, con su voz potente y limpia, con su guitarra que ahuyenta a los miedos y a los fantasmas, tocando sin importarle si de público hay dos o hay dios. Porque cuando estás habituado a caminar por el precipicio empiezas por acostumbrarte y termina por gustarte.

El concierto era una bomba de arte a punto de explotar y Azaústre se subió al escenario para traer de vuelta unas gotas de Dingo Bar cortando el cable rojo de la bomba haciendo que explotase del todo.

Un gran concierto, un placer de conocer a Alfonso y de reencontrarme con Manuel, Ismael y Azaústre y una gratísima sorpresa por encontrarme y conocer a Ricardo y Kira, personas muy interesantes y que tienen mucho que decir.

Nos vemos en el siguiente, con más voces, guitarras y bombones.

sábado, octubre 17, 2009

Manuel Cuesta: La vida secreta de Peter Parker




Dijo Doc Brown (¿hace falta que diga de qué película hablo?) cuando construyó el DeLorean, allá por 1985, que ya que fabricaba una máquina del tiempo, ¿por qué no hacerlo con algo de estilo? Eligió el DeLorean porque aún no había salido el disco de Manuel Cuesta: La vida secreta de Peter Parker. De haberla construido en 2009 habría usado el CD del cantautor sevillano. Porque el disco de Cuesta ya trae un condensador de fluzo dentro, que te alimenta con 1,21 gigowatios de potencia con cada una de sus canciones y, mientras las escuchas, justo cuando tu corazón late a 140 km/h te trasportas al pasado o al futuro, viajas al punto de referencia que interpretas en cada canción, golpeando al calendario y al reloj, remontando las arenas movedizas de un reloj de arena que se empeña con terrible paciencia en enterrarnos. Viajas a Manhattan, a Queens, a Forest Hill, y asistes al primer beso y al primer encuentro entre Peter y MJ, y repites casi a la par que la pelirroja: “¿sabes, tigre? ¡Te acaba de tocar la lotería¬¬!”. Viajas al fatídico puente de Brooklyn donde, una vez más, intentas salvar a Gwen y una vez más no lo consigues. Viajas al pasado o al futuro porque la vida secreta de Peter Parker es tu vida secreta.
La vida secreta de Peter Parker no sólo es un cúmulo de canciones, acordes y voces. Es tu vida secreta y tu diario. Es tu manual de qué hacer cuando tu jefe despide a tu cordura. Es tu libro de instrucciones para encontrar la referencia, es el google maps que te dice dónde está la calle, cuál es el camino.
La vida secreta de Peter Parker es un alma perdida en un mundo de vivos, una gota de rocío en la inmensidad de un desierto. Es un susurro a tu espalda que te dice que no está todo perdido, que aún queda un poco de magia en este mundo lleno de trucos de conejos y chisteras, es poner las cosas en su sitio para plantarle cara al caos, es tumbarse bocarriba en la alameda de Sevilla y mirar las estrellas y verte reflejado en ellas. Es un faro nocturno con bombilla de repuesto. Es una primavera que nadie entiende, pero que no deja de florecer sobresalientes notas musicales.
La vida secreta de Peter Parker es un poema claustrofóbico de Azaústre atrapado en la pequeña distancia entre la punta de un lápiz y un folio en blanco y gritando por salir de ahí. La vida secreta de Peter Parker es un juego de espejos en el que ves reflejadas todas tus caras, las buenas y las malas, las brillantes y las oscuras. Es una forma de combatir la soledad más amarga, una llave a Nunca Jamás y el mejor arma del amo del calabozo. Es un pasadizo secreto al País de las Maravillas. Es el reloj escrupulosamente en hora del conejo que llega tarde. Es un trozo de tarta en la celebración de tu no cumpleaños. Es un camino de baldosas amarillas, es el valor del león cobarde.
La vida secreta de Peter Parker es el fino hilo que te une con el cometa Halley. Es una cometa que vuela por las nubes en las que tenemos la cabeza.
Quizá Manuel Cuesta no vive de la música, es más, me atrevería a decir que Manuel cuesta desvive de la música. Aunque escuchando este disco entiendes que vive por y para ella tanto como se desvive por y para ella.
Manuel nos deja este disco, que mata a las brujas malvadas y tiende una mano para intentar salvar de nuevo a Gwen y unos labios para besar una vez más a MJ.

martes, octubre 06, 2009

Spiderman, Tomo 25 Panini





Me dejé las uñas arañando y escarbando el pozo en el que te has metido, buscando el fin y el fondo, buscando la forma y el modo. Y no he encontrado ni fin ni fondo, ni forma ni modo. Sólo arena. Paja y arena, y mis uñas sangrando. (Es magia).

Me partí los dientes por seguir devorando, masticando y digeriendo tus aventuras, tu llamado nuevo status. Y no he encontrado nada, ni siquiera aventuras ni arañas radioactivas. Sólo unos dientes rotos y una mandíbula cansada de masticar. (Es magia).

Me quedé sin huellas dactilares por pasar tus páginas, mis yemas se desgastaron, se mancharon con tu tinta. No, no era tinta, era la savia de tus páginas sangrando. He pasado cientos de páginas en tu nuevo día y no he encontrado nada. Sólo unos dedos con la identidad borrada. (Es magia).

Ya se me han acabado las quejas, las amarguras, porque ya casi no siento nada y sólo cuando se valora algo es cuando se es capaz de sentir algo malo. Esto ya es ridículo. (Es magia).



Ya me he cansado de esquivar los golpes, de la mala suerte de los Parker y de que se me acabe la telaraña a mitad de camino. Ya no tengo ganas de zambullirme en el río Hudson, de rescatar imaginariamente a Gwen, de pasear en red y de incordiar al jovial Jameson. Ya no quiero ponerme la máscara para leer tus cómics y quitármela para reseñarte. Pero, ah, la magia hará que siga leyéndote, incluso reseñándote, pero ya no eres mi colega.

¿Es magia? Es pollas, Joe, es pollas.



... Y me quedé sin aliento (y sin uñas, sin dientes y sin identidad) cuando volví a verla y tú, cabrón, que ni la reconoces...

Spiderman, Tomo 24 Panini





Leer el tomo de Spiderman se ha vuelto un tanto tedioso, ya casi hay que decir lo en bajito, con la boca pequeño y tosiendo la mismo tiempo... ejem... leo-spiderman... ejem. Casi que leer a Spiderman se ha vuelto una formalidad mensual más que un placer, es como acudir al médico periódicamente, que ni apetece ni te deja más tranquilo, sobre todo si eres hipocondríaco.

A uno, hipocondríaco y spidermaníaco (y seguro que más cosas acabadas en -íaco), ya le cuesta leer al trepamuros. Leer a Spiderman es como conducir, al atardecer, hacia el oeste sin gafas de sol. Es como encontrarte un pelo en la sopa o en la cuchara, aunque últimamente me mosqueo más porque sé que el pelo es mío y no me quedan muchos. Un pelo menos. Leer Spiderman es como intentar quitarte un moco con unos guantes de boxeo o intentar, con esos mismos guantes, llamar a urgencias con un teléfono de esos antiguos de ruleta, ¿los recuerdas? Leer a Spiderman es como estornudar, con todas tus fuerzas, con las manos ocupadas en otra cosa... nunca sabes a quién le va a salpicar. Es como mear empalmado, que ni apuntas ni atinas. Leer a Spiderman se está convirtiendo en algo tan incómodo como subir unas escaleras mecánicas que están paradas, se hace raro, ¿verdad? O peor, como subir unas escaleras mecánicas que funcionan, pero hacia abajo (¡eso sí es incómodo!). Es como salir a la calle una tarde soleada de julio después de haber pasado horas en la oscuridad más absoluta... incordia. Es como masticar una bola de carne que se te queda en la boca y que nunca empequeñece por más que masticas, ni se reduce, ni descompone ni se puede tragar, sólo queda echarla fuera. Es como tragar agua clorada de sopetón en una piscina, es como morderte la lengua mientras masticas el inmasticable trozo de carne, o morderte la mejilla por dentro (¡cómo molesta!).

Me siento raro con Spiderman, un tanto molesto e incómdo y no me creo que vaya a cambiar o mejorar como no me creo lo que me dice el médico. Spidermaníaco hipocondríaco que es uno.

P.D. Creo que había una tormenta de nieve y lobezno pasaba por allí.