martes, enero 10, 2012

Señor Paracaídas

Se sienta en el suelo, triste, y se apoya contra una pared fría y bajo la presión de una espada invisible. Se tapa la cabeza y parte de su cara con su gorro de lana, tal vez por el frío tal vez porque se siente un poco más seguro escondiéndose en su nada, regodeándose en su burbuja.

- Lo he vuelto a hacer, lo he vuelto a hacer… - repite El Chapas entredientes a una calle desolada.

- ¿Tan tremendo es lo que has vuelto a hacer? – Le dice una cara amable que surge de la nada de la calle desolada. Se saca un Marlboro y se lo ofrece a El Chapas que lo acepta con la mano temblorosa. La cara amable toma otro y se lo enciende.

- Gra.. gracias por el piti, tío. Toma asiento – dice El Chapas con la voz más temblorosa que la de sus manos y señalando al suelo. Bueno – continúa – para mí es grave, y me siento como cayendo en un pozo oscuro sin fondo ni luz al final del túnel.

- En mi tierra se suele decir que lo más grave de una caída es la gravedad – dice cara amable expulsando una buena bocanada de humo.

- Vaya, gracias, señor paracaídas, porque apareces así como de la nada, como caído del cielo. Tu tierra debe ser cuna de filósofos. – Replica El Chapas un poco perturbado por el tipo paracaídas este que se le ha sentado… ¡no habrá suelo en las calles! – piensas -

- En cierto sentido, sí. – Contesta el señor paracaídas mostrando un sucedáneo de sonrisa que le hace la cara aún más amable.

- Je, ya veo, perdón por la tontería, paraca, ¿en cierto sentido eres mi paracaídas o en cierto sentido tu tierra es de filósofos? Y, por cierto, ¿de dónde eres? – responde El Chapas destensando un poco su rostro y contagiándose un poco de la sonrisa del señor paracaídas.

- Ambas. Y soy de…¡Nunca Jamás! – Exclama el señor paracaídas endulzando el rostro.

- ¡Oh, vaya! ¿Y eres Campanilla o Peter Pan? – pregunta intrigado el cada vez más jocoso Chapas.

- Soy… ¡Pedro Bread! Y vengo a enseñarte a volar – le contesta dicharachero el señor paracaídas.

- ¡JA! Ya veo, ya, y eres un pedazo de pan – contesta sonriente El Chapas. Gracias, Pedro, o como coño te llames. Me has animado, realmente eres mi paracaídas, tío.

- Te lo dije, vengo a enseñarte a volar – le dice Pedro mientras le pasa unos gramos de coca a El Chapas.

- No, tío… no quiero esta mierda. – Le dice apagándose de nuevo, cayendo de nuevo.

- Hey, quédatela, si la quieres tómala, si no tírala, tú decides – dice Pedro apurando la colilla. Tú decides, tío, tienes que aprender a volar – continúa mientras se levanta y se pira. Tú decides - grita de lejos mientras se aleja.

El Chapas se termina la coca ese mismo día y a la mañana siguiente vuelve a la misma calle…

Se sienta en el suelo, triste, y se apoya contra una pared fría y bajo la presión de una espada invisible. Se tapa la cabeza y parte de su cara con su gorro de lana, tal vez por el frío tal vez porque se siente un poco más seguro escondiéndose en su nada, regodeándose en su burbuja.

Lo he vuelto a hacer, lo he vuelto a hacer… - repite.

lunes, enero 09, 2012

Muertos Vivientes.




La excusa son los zombies. El decorado de corchopán son los muertos vivientes. La verdadera intención de Kirkman es llevar al límite al ser humano. Afilar ese instinto animal anestesiado y apagado que tenemos los hombres. Porque, querido lector, el humano es el más complejo de los animales. Y el lado animal de un hombre, sin duda, es el que más aristas y más espejos tiene. Un león apretando los dientes o rugiendo asusta que te cagas. Un hombre apretando los dientes y rugiendo asusta más.

El envoltorio son los zombies. El caramelo de dentro es descubrir a través de Kirkman de qué puta pasta están hechos los hombres, de cómo bordean el precipicio, de cómo sacan a relucir sus sombras que asfixian y de qué manera a las pocas luces que quedan cuando el instinto animal se zampa a la razón, al juicio y a la cordura.

El atrezzo son unos muertos vivientes sin luces, tan peligrosos como torpes. El auténtico propósito del genial autor es desvelar la auténtica naturaleza de unos hombres que son unas bestias, de correr la cortina de humo que crea la sociedad, de quitar máscaras y mostrar cartas. De exponer la fuerza psicológica y la energía mental de los supervivientes, de la debilidad animal de los que caen.

Los zombies son las palomitas, el maquillaje. Lo que realmente da miedo es el hombre al límite. Lo que es capaz de hacer el hombre que está contra las cuerdas, la espada y la pared. Las cosas que es capaz de hacer. Eso es lo que asusta. Eso es lo que me pone la piel de gallina.

Los zombies son un chascarrillo. Y el hombre es el que mete miedo.

miércoles, diciembre 21, 2011

Alberto Ballesteros.


Hace un frío intolerante en Madrid, el invierno nos ha invadido sin hacer prisioneros y ha degollado a un otoño que apenas nos ha habitado unos días: las hojas caen congeladas de los árboles. Hace un frío vehemente en Madrid que tirita carteras y apaga alientos de dragones, pero aún quedan refugios y caminos a Oz, aún quedan guitarras para zurdos y armónicas afinadas. Anoche hubo un refugio cálido en el Libertad 8 en el concierto de Alberto Ballesteros, que puso contra las cuerdas a este invierno traicionero y despiadado.

Hace un frío de cueva en Madrid, pero Alberto nos trasportó a Solly Street a bucar pelea, yerba o quedarnos demasiado despiertos. Adonde arden las naves y donde no te piden las llaves. Decidido iba marcando el ritmo del concierto, descubriéndonos el camino a Oz de baldosas amarillas. Nos recitó sus canciones, nos las contó como un cuento melancólico de final feliz.

Hacía un frío de estalactita en Madrid, pero nos cobijamos al calor de las canciones de novela de Alberto, que se batía junto a Héctor Tuya, guitarras enfrentadas, en duelo a muerte contra la desidia para vencerla. Y para conseguir un directo que mejora a la grabación.

Hacía un frío de mármol y de acero en Madrid, pero lo vencíamos una vez más con “No habrá dolor” que perfeccionaba una vez más y un poquito más. Esta canción muestra siempre un rincón nuevo donde tomarte una copa, descubres cada vez que la toca una nueva esquina que no habías girado. Un nuevo sentido que se te había escapado.

Hacía un frío de escarcha en Madrid, pero el blues sigue vivo y Ángel Pastor aún tiene la armónica afinada y afilada para encender la chispa adecuada que tumbe cualquier frío de cualquier ciudad, a ambas orillas del río.

viernes, noviembre 18, 2011

Mar donde naufragan mis recuerdos.

Un atardecer más vuelvo a la orilla de esta playa salvaje y virgen a disfrutar de una nueva y única puesta de sol. Me quito los zapatos y meto mis pies, aún con los calcetines puestos, en la orilla. El agua está fría y cortante como la mirada de un asesino despiadado. Incluso me duelen los dientes de lo fría que está. Me como un puñado de pipas y escupo las cáscaras lo más lejos que puedo. Soy tan patético en esto que muchas veces caen en mi abdomen. Doy un buen sorbo a mi cerveza, mi garganta me lo agradece (o se queja) con un sonoro eructo. Me relajo y arrojo todos mis recuerdos y momentos negativos en este inmenso mar, a ver si se ahogan. A veces, los muy hijos de puta, arrastran con ellos algunos de mis recuerdos y momentos positivos, el precio a pagar por poder volver a empezar un nuevo día. Miro al sol, brillante y penetrante, casi tocando el borde un mar que a saber dónde acaba, casi rompiendo un horizonte más limpio que las bragas de una virgen. Me recuerda a una moneda a punto de entrar en una tragaperras o en una máquina de esas con joystick y grúa con la que nunca he conseguido atrapar ningún peluche. Casi espero encontrarme dibujados 3 cirsas en el cielo o que una grúa gigante intente atrapar a una sirena perdida en este mar. Suena una alarma de fondo, tal vez sea el barco del arroz, ese que está tan perdido. Yo creo que son los 3 cirsas y que me han tocado las especiales. Araño como loco la arena de la playa, como intentando encontrar las monedas. El graznido áspero y sucio de una gaviota me saca de mi trance. Una vez más me quedo sin monedas. Una vez más estoy a punto de gritar queriéndome tragar los puñados de arena donde, seguramente, esté aún la colilla del piti que me fumé ayer.

Me tranquilizo, me quito de la cabeza la idea de comer tierra y colillas… mi estómago me lo agradecerá. Ya más calmado me levanto y me limpio las cáscaras de pipas que me quedan por el cuerpo. Una ola intenta arañarme los tobillos, intuyo que son mis malos recuerdos depositados en este mar intentando volver a torturarme. Ahí las dejo naufragando. Los necesito ahí para poder empezar un nuevo día.

Antes de irme dedico un último vistazo al sol, que está siendo devorado y asfixiado entre el horizonte y el mar. Volverá a nacer un nuevo sol, como volveré a nacer yo.

Vuelvo, mi tutor me espera, como cada día. Me abraza y me dice que lo he conseguido un día más, que ya llevo 3 meses sin jugar a las tragaperras. “Je”, le digo y me callo, y pienso para mí que juego a diario en esta playa. Aunque nunca alineo los 3 cirsas ni nunca pillo a la sirena de cintura mareante con mi grúa imaginaria. Como siempre esta última parte la ahogo, como un mal recuerdo naufragando en un mar apagasoles.

sábado, agosto 20, 2011

Daredevil: Tierra de sombras




Daredevil se ha construido su propia torre de naipes en su propia cocina del infierno. Parecería que una torre de naipes podría derribarla el lobo de un soplido. Pero es que... él es el lobo. Ha metido la pata con la mano (ya saben, el grupo ninja). Ha desandado con las manos (ya saben, las que forman parte del brazo) lo que debería caminar con los pies. Daredevil es el lobo, el diablo que hace de su infierno una cocina para cocer a fuego lento todo lo que le rodea. Como diría una amigo: que no se entere la mano izquierda lo que hace la mano derecha. Y Daredevil las ha juntado, se ha frotado las manos mientras la mano operaba a las órdenes del lobo, de la bestia, del diablo negro del alma negra embutida en el traje negro de Daredevil. Daredevil es mano en esta partida de cartas, con las que se ha construido un castillo al que temen incluso sus mejores amigos. Ha construido un castillo de naipes al que nadie tose y a cuya sombra se arrima Kingpin. Siempre es Kingpin, porque Tierra de Sombras es un mar de luz para el mafioso gordo. Un as en la manga de una mano amputada. Es echar una mano al mafioso.

Mientras, los amigos de Matt se echan las manos a la cabeza y les cuesta arrancar y ponerse manos a la obra cual leñadores para tumbar al lobo, al diablo, a la bestia... al que todo esto se le ha ido de las manos.

domingo, junio 19, 2011

Figuras en las nubes.

El horizonte absorbe poco a poco a un sol cobarde que sangra naranja sobre un cielo de color imposible proyectado en el mar. Unos pájaros vuelan cansados y penetran en este sol malherido y maltrecho. La luna amenaza con salir llena y bordar el cielo de noche. Las nubes aún se ven, mientras el sol agoniza, y dibujan figuras extrañas. Algunas románticas, algunas graciosas y otras terribles.

Jaime está tumbado en el césped mirando las nubes y adivinando sus formas. Mordisquea una rama de trigo mientras que, con el ceño fruncido, adivina un burro con alas en una de las nubes. Un diente de león sobrevuela lánguido alrededor de la cara de Jaime, como jugueteando con él. Esto despista a Jaime que, de un zarpazo, aplasta al diente de león mientras susurra: “No volverás a morder a nadie, león malvado” mientras construye una mueca con alma de sonrisa.

Su hermano mayor siempre le dice que su imaginación es prodigiosa con las nubes y que siempre vislumbra las figuras que para los demás escapan. Su hermano mayor siempre le dice también que su imaginación es un don que tiene y que tiene que cultivarlo cada día, que no lo deje aparcado.

- Hey, Jota, ¿qué has visto esta vez, enano? – Le dice Pedro a su hermano pequeño. Pedro llama siempre Jota a Jaime y aunque Jaime nunca le ha dicho nada a su hermano, le encanta que lo llame Jota. Le gusta mucho que lo llame así, seguramente porque le hace sentir mayor, porque le hace ser un igual a su hermano.

- ¡Pedro! No te había visto, Pé. – Dice Jaime, al que se le encienden los ojos cada vez que su hermano habla con él.

- No me llames Pé, renacuajo.

- He visto a un burro con alas Pé… - mira a su hermano mayor que le marca con un puño cerrado y decide acabar su nombre- …dro.

- No jodas, ¿dónde? Le dice Pedro relajando el puño.

- Mira, allí está el hocico, las patas, las orejitas… ¡y mira las alas! ¿Son alas, verdad?

- Sí, son alas, Jota. ¿Te gustaría tener alas, verdad?

- Sí… bueno, sí, me encantaría, y, ¿sabes por qué? La imaginación de Jaime se dispara. También ese brillo de ilusión en los ojos.

- Claro que lo sé, enano. Para ver de cerca las nubes. – Responde contundente Pedro.

- …Y para ver las nubes por el otro lado. Me gustaría formar figuras con las nubes pero visto desde arriba.

- ¿Desde arriba? ¿Desde el espacio, dices? Guau, Jota, eso sería la puta hostia.

- Síiiiiii. Pero mamá no quiere que digas palabras de mayores. Y menos delante de mí.

- Pero la ocasión lo merece, la idea de ver las nubes desde arriba me parece fantástica, y ¿sabes qué, Jota? Algún día, tú y yo, veremos las nubes desde arriba y adivinaremos figuras. Apuesto a que desde arriba no eres tan bueno como desde abajo.

- Ohhh, ¿me prometes que algún día lo haremos? ¿Me lo prometes? ¿Me lo prometes?

Pedro hace como si se rajase su mano (hace un sonido como de desgarro con la boca) y hace lo mismo con su hermano y juntan las manos.

- Es una promesa de sangre, Jota, algún día tú y yo veremos las nubes desde arriba – dice muy convencido Pedro, impresionando al inocente Jaime.

- ¡Bien, lo haremos! – dice rebosante de alegría Jaime mientras da palmas con las manos.

- Debemos irnos, es tarde y mamá estará preocupada.

Jaime y Pedro se van, de la escena de la promesa. La luna llena, testigo insólito y taciturno de la promesa, sin que los hermanos lo sepan, se hará partícipe de ella.

Pedro al día siguiente empieza a olvidar la promesa. Jaime se la recuerda cada cierto tiempo, pero Pedro lo ignora, hasta que lo olvida por completo, mientras, Jaime, vive cada día con ilusión poder ver las nubes desde arriba. Pedro ha olvidado la promesa que selló con la tinta más maravillosa, la sangre. La luna, cruel y despiadada, se lo hace pagar a Pedro.

Pedro se hace un hombre (que olvidó una promesa), Jaime un hombrecito (ilusionado con su promesa). Una noche, con la luna tan grande como un sol, tan cerca de la tierra como nunca se recuerda, Pedro se bañaba en el mar, también testigo de la promesa y también cruel y despiadado. La luna se asoció con el mar y lo batió con violencia. El mar tiró de Pedro, hacia dentro. Se lo tragó como a un sol cobarde al caer la noche. Pedro murió, por no cumplir su promesa.

Jaime se hace un hombre (y aún recuerda la promesa, mucho más después de la muerte de su hermano mayor) y estudia y se prepara. Y consigue hacerse astronauta. Y después de muchos años y mucho esfuerzo consigue tripular un viaje a la luna. A la asesina incapturable de su hermano. Al salir de la superficie terrestre mira por una de las escotillas de la nave. La imagen es preciosa, la Tierra está preciosa. Y, por fin, cumple su promesa y ve las nubes desde arriba. Jaime se echa a llorar. Llora porque está triste, porque su hermano no ha podido cumplir la promesa con él. Llora porque le echa de menos. Pero sobre todo llora por lo que ve en las nubes. Llora porque la imagen que adivina en las nubes vistas desde arriba es el rostro de su hermano Pedro.

jueves, junio 02, 2011

Manuel Cuesta en Galileo 2




Vibró, emocionó, explotó, sudó, remontó, desgañitó, partió, asombró, despertó, congeló, sobrecogió, rasgó, desenvolvió, remató, desarmó, ensalzó, embaucó, hipnotizó, rememoró, rindió, participó, asoció, maravilló, sonó, soñó, desenfundó, repartió, apasionó, dedicó, arrastró, arrasó, ascendió, descendió, versionó, acompañó, guiñó, desprendió, deslumbró, alumbró, guió, arrancó, abrazó, ovacionó, voló, despertó, disparó, cargó, desgarró, desentrañó, lució, trazó, planeó, vivió, reventó, cumplió, arañó, golpeó, arremetió, tocó, gritó, enmudeció, bordó, gozó, acarió, besó, firmó, abrió, cerró, desenmarañó, conquistó, perpetró, impresionó, construyó, recitó, presentó, devoró, descongestionó, presionó, gesticuló, aulló, bramó, aterrizó, desbarató, amenizó...

Y además de todo esto, queridos amigos, Manuel Cuesta y su banda se sacaron de la manga una puta maravilla de concierto irrepetible.

martes, mayo 31, 2011

Manuel Cuesta en Galileo Galilei


Recuerdo el día en el que conocí a Manuel Cuesta, en un concierto en el Barcelona 8 al que fui con Elvira allá por noviembre de 2009. Fui con una camiseta del traje negro de Spiderman, la misma que luce Manuel en su disco “La vida secreta de Peter Parker”. Se me acercó, señaló con el dedo mi camiseta y me dijo entusiasmado: “Eh, es la camiseta que llevo en el disco”.

Ahí explotó todo, fue el big bang de una amistad que perdura y crece con el tiempo. En expansión, como el universo. Ese mismo universo que hemos jurado proteger contra todo villano que quiera destruirlo. Muchas veces lo hablo con Elvira, comentamos cómo surgió todo. De lo extraño y lo bello, de lo fantástico y lo carambólico de cómo surgió todo.

Recuerdo una entrevista que le hice, para publicarla en un foro y en mi blog, probablemente la entrevista más friki que he hecho y que le han hecho. Fue una puta maravilla de entrevista. Terminamos de cervezas, vencimos a nuestros demonios y lo celebramos con comida rápida americana, como hubiera hecho el propio Spiderman después de tumbar a un dios. A veces, en este mundo que no se cansa de repetirnos que no valemos nada, hay cosas que encajan, que engranan y se transforman en algo maravilloso. Me gustaron de Manuel Cuesta muchas cosas aparte de su voz de torbellino y sus condiciones musicales: este tipo, como Rorschach, nunca se rinde. Necesitamos gente así, en la música y en la vida, y ambos aspectos los domina Manuel, acostumbrado a equilibrarse sin red sobre las cuerdas de su guitarra y su garganta.



Recuerdo cuando Manuel presentó su disco “La vida secreta de Peter Parker (1)” en el Libertad 8. Estaba aterrorizado, le temblaba todo excepto la voz y el pulso. Estaba asustado como lo estaría Spiderman si tuviese que enfrentarse de nuevo a Morlun. Pero Manuel agarró su guitarra, se terminó de un sorbo la tila, y como Spiderman armado con sus lanzarredes, se subió al escenario y venció al enemigo. Libertad 8 ardía de entusiasmo, vibraba con una pasión difícilmente igualable. Manuel sudaba a cántaros, como espoleado por la carga explosiva de su música, como si asumiese con su cuerpo todo el calor con el que lo bañaba todo el Libertad 8 tan lleno como nunca se recuerda.

La noche del próximo miércoles 1 de junio en la sala Galileo Galilei será en unos días otro maravilloso recuerdo de Manuel Cuesta, un nuevo hito en su formidable carrera. El río que va a dar a la mar de su Peter Parker 1. La próxima noche del miércoles 1 de junio será una fiesta donde se reúnan Spiderman y sus asombrosos amigos y terminarán de poner la última pieza para que todo encaje de nuevo, que le dará un sentido y una meta a una carrera musical.

El espectáculo comenzará a las 21:00, y lo hará con el gran sidekick Alberto Ballesteros. No te lo puedes perder, porque las voces y los acordes estarán más vivos que nunca, brillarán con más fuerza que nunca en el escenario los astros que el propio Galileo hubiera soñado descubrir mientras surcaba el cielo con su telescopio.

Nos vemos allí, prepara tus tímpanos y tu garganta.

martes, mayo 10, 2011

Currículum

De: Morales Pastor, Blas
Enviado el: martes, 10 de mayo de 2011 15:24
Para: Zamora Rentero, Marta
Asunto: Oferta de trabajo en Displex, S.A.


Estimada señorita Marta Zamora,

Según conversación telefónica me pongo en contacto por mail para que me envíe lo antes posible un currículum suyo ampliado así como para que me describa su experiencia laboral y curricular que no venga reflejada en su currículum y que considere apropiado aportar.

Quedo a la espera de su respuesta y, sin otro particular, me despido.

Saludos cordiales,

Blas Morales Pastor
Director R.R.H.H. de Displex, S.A.

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De: Zamora Rentero, Marta
Enviado el: martes, 10 de mayo de 2011 17:11
Para: Morales Pastor, Blas
Asunto: Re:Oferta de trabajo en Displex, S.A.


Estimado Blas Morales, director de R.R.H.H de Displex, S.A.

Mi experiencia laboral, como le comenté por teléfono, es escasa reduciéndose prácticamente a las prácticas que desempeñé mientras estudiaba en la academia. Por el contrario, puedo aportarle juventud, ilusión, y una serie de valores y méritos que difícilmente puede ofrecerle algún otro candidato al puesto. Por mi forma de ser, mi inquietud y mi disciplina autodidacta he logrado grandes méritos en la vida que puedo poner a disposición de Displex y llegar a ser un activo importante en su empresa.

Quedo a la espera de sus noticias y a su disposición para una entrevista personal en cuanto considere oportuno.


Marta Zamora Rentero.


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De: Morales Pastor, Blas
Enviado el: martes, 10 de mayo de 2011 17:29
Para: Zamora Rentero, Marta
Asunto: RW:Re:Oferta de trabajo en Displex, S.A.


Estimada Marta Zamora,

En Displex valoramos mucho la juventud, la ilusión y las ganas por aprender. Aunque su experiencia profesional no se ajusta al perfil que buscamos, sí que nos convencen sus otras cualidades. Por favor, ¿podría detallarme esos valores y méritos que señala en su anterior mail?

Les estaríamos muy agradecidos si lo hiciera y sería de gran utilidad para que nos decidiéramos por usted para el puesto.

Saludos cordiales,

Blas Morales Pastor
Director R.R.H.H. de Displex, S.A.


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De: Zamora Rentero, Marta
Enviado el: martes, 10 de mayo de 2011 17:29
Para: Morales Pastor, Blas
Asunto: Re:RW:Re:Oferta de trabajo en Displex, S.A.


Estimado Blas Morales,

Es todo un orgullo que me consideren para el puesto a pesar de mi poca experiencia y que valoren mis otras cualidades, que rara vez y en rara empresa ocurre.

Paso a describirle mi experiencia no profesional difícilmente de plasmar en papel:

He desentramado el tejido de la realidad, soy capaz de modificar a pequeña escala el presente, el pasado inmediato y el futuro más próximo. Tengo la habilidad de cambiar el curso de un río y de abrir las aguas de los mares más feroces. Una vez conseguí revivir un colibrí e hice florecer un puñado de flores marchitas.

En una boda de unos amigos convertí el agua en vino con facilidad. Todos lo celebramos con alegría. En esa misma boda multipliqué las tartas y los bombones.

Si me esfuerzo y me concentro, soy capaz de leer la mente a la gente (no puedo conseguirlo con cualquiera y luego tengo terribles jaquecas).

Un par de veces conseguí convertir el carbón en diamante. Un diamante fino y brillante, casi como mi sonrisa después de conseguirlo.

Puedo parar el tiempo y puedo hacer cosas mientras el resto de la gente está congelada, y de hecho estoy escribiendo este mail con el tiempo parado, fíjese en la hora de mi respuesta, ¡es la misma hora a la que me envió el mail y he escrito todo esto!

Hablo 10 idiomas y todos los aprendí en un día, son fáciles, ¡visto uno, visto todos!

Puedo hacer levitar las rocas más pesadas y hacer desparecer las moles más gigantescas. Puedo ver en la oscuridad y tras las superficies más opacas. Y creo que no envejezco.

Soy capaz de volar por mí misma (¡no espero colas para subir a un avión!) y nadar, correr o pelear sin agotarme.

Con preparación, soy capaz de gobernar los cuerpos de otras personas siempre que sean aptas.

Y, lo mejor, puedo hacer que todo el mundo se enamore de mí.

Espero que la descripción sea de su agrado y que cumpla con sus expectativas.

Marta Zamora Rentero



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De: Morales Pastor, Blas
Enviado el: martes, 10 de mayo de 2011 18:02
Para: Zamora Rentero, Marta
Asunto: RW:Re:RW:Re:Oferta de trabajo en Displex, S.A.


Estimada Marta Zamora,

El trabajo de Mago de Primera ofrecido por Displex, S.A. es suyo.

Saludos cordiales,

Blas Morales Pastor
Director R.R.H.H. de Displex, S.A.


---- Mostrar texto citado ----

lunes, marzo 28, 2011

Un soplo

Hay un soplo de sur
en mi estela de norte
donde trazo futuro
de pasado asustado

No hay veleta sin ti
No hay temor si me amas

Hay un soplo de voz
en mi hueco silencio
donde muere el olvido
de mejores recuerdos

No hay canción sin tu boca
No hay calor sin tu cama

Hay un soplo de luz
de mi vela invencible
donde explota huracán
y mi llama aún resiste
que se apaga si callas

No hay razón sin tus manos
cuenco capaz de mi alma

Hay un soplo sin fin
que alborota mis alas
todavía pobladas
de mi tinta y tu sangre
hiela a ratos
hierve canalla

No hay pasión sin tu tez
No hay sabor sin tus ganas

Hay un soplo de amor
en cada una de tus miradas
No ha razón sin tus besos
en cada espacio de mi piel

Tu sal, mi voz
Tu azúcar, mi llama
Tu risa sin prisa
es un mar de palabras
donde bañarme a diario
en tu orilla desatada

Hay amor, y es este mío
que palpita sin pausa
en la candela perenne
que ardes en mi espalda

No hay lugar
ni gesto
ni aura
que se prenda
sin ti

sin ti.

viernes, marzo 18, 2011

Venganza

El auricular del teléfono de una cabina cuelga y se balancea con tétrico ritmo, como si fuese un ahorcado ya muerto. Tu brazo luxado juega a hacer un péndulo muy doloroso. Hay un neón que chirría un susurro eléctrico, como pidiendo ayuda. Tus dientes también chirrían, aunque no hay nadie a quien pedir ayuda, todo el mundo está como tú. Sigues adelante.

Las princesas se marchitan y ya nadie las saca a bailar, malviven por las calles y deambulan sin futuro ni destino. Tú tampoco tienes destino (sonríes amargamente porque no sabrías cómo traducir esta palabra al inglés, si como destination o como fate). El asfalto de la calle se levanta y las aceras se hunden, como si tuviesen una urticaria galopante. Tu piel castigada por el sol y por la arena se vuelve tan roja como tus ojos inyectados en sangre.

Tu ciudad se desmorona y tú con ella. Tal vez tu mundo se esté desmoronando. Te preguntas qué cojones está pasando.

Sale humo de casi todos los edificios y pus de casi todas tus heridas. Aúllan locas y descontroladas las alarmas de todos los bancos, que ahogan las voces y gritos de la gente que realmente necesita ayuda, que avisan a nadie que pueden que estén intentando robar su inútil dinero. Su nada.

Una alcantarilla se está tragando la sangre de un perro muerto y decapitado. La marquesina de la parada de un autobús ha aplastado a alguien que esperaba un bus que nunca ha llegado. Un avión se desploma y un tranvía descarrila. Se hinchan tus dedos, seguramente estén rotos.

Sopla un viento frío que hace mover una puerta sujeta de una sola bisagra, ruge como un tigre malherido. Tus dientes bailan reggeton en tu boca. Hay un coche parado en el arcén con las luces de emergencia puestas. El tictac ronco del único intermitente que funciona apenas no captas. Tus tímpanos son la piel de un tambor muy viejo y usado.

Una luz nace al fondo que te ciega. Tus pupilas se convierten en tu iris y, cuando menguan, consigues leer: “POR LA VENGANZA DE AURORA”.

Mueres sin tener ni puta idea de qué coño está pasando.

martes, marzo 08, 2011

Las Ollerías



Hay una avenida en Córdoba que vertebra una ciudad y un poemario. Esta avenida se llama Ollerías y da título al nuevo libro de Joaquín Pérez Azaústre, un libro vestido y premiado con la elegancia de Loewe, y que presenta el miércoles 9 de marzo a las 21:30 en el libertad 8, ese templo de acordes y versos.

Joaquín presenta su nuevo libro de poemas, que es un pulso tenaz de un pasado que se empeña en volver y en derrotarnos. Es un debate íntimo expresado en verso entre los titubeos eternos y las seguridades más férreas. Entre el ancla y el triple salto mortal sin red. Una pasión de temores, heridas y alegrías plasmadas a trigo limpio en unas páginas irrepetibles. Un tiento a lo intangible, un darle forma con éxito a lo etéreo.

La poesía de Joaquín en Las Ollerías roza el vértigo de los bordes y los límites, una poesía que palpita los agujeros negros de tu alma, que te acerca un poco más al precipicio que te devuelve la mirada y te devora. Es un recorrido audaz de las latitudes de la poesía y las longitudes de toda mirada, una marca suave y plástica que se adhiere a tu boca al recitar. Como si tus labios siempre hubieran hablado estos poemas, como si al leerlos expresaras lo que sientes y padeces.

Joaquín presenta su nuevo libro, que es una nueva genialidad, que abre las puertas fértiles de la poesía a una dimensión quizá desconocida aún por muchos.

Si faltas a la cita del miércoles, el resto de tu vida sentirás que algo te falta. Quizá un suspiro, quizá la magia.

lunes, febrero 14, 2011

Escudo

A Elvira, con todo mi amor

- ¿Qué haces? – Le dices a Saúl intrigada. Te acercas por detrás y lo abrazas. Lo besas con todo tu amor.
- Un escudo, pequeña Elisa – te dice – mientras graba con trazos torpes con una navaja poco hábil un SxE en el árbol del parque donde lo conociste. Se gira levemente y te devuelve el beso en los labios. También con todo su amor.
- Pero qué torpe eres grabando con la navaja, mi amor – le susurras con cariño – menos mal que eres mucho más diestro con otras cosas, je.
- Sí, soy torpe con la navaja, ya sabes que soy objetor de conciencia, pero quedará un SxE totalmente legible. Me iba a aventurar a hacer un S “corazón” E pero, mi amor, no me atrevo. – Te dice Saúl un poco ruborizado por ser tan torpe con la navaja. Quizá también por el chiste picante que le soltaste.
- ¿No te atreves a grabar un corazón? Qué lelo eres… - le dices acariciándole el pelo.
- Jejeje, no, no me atrevo, pero no porque sea torpe. No me atrevo a dibujar un corazón que represente nuestro amor… Saldría enoooooorme – te dice abriendo mucho los ojos, gesticulando con las manos y haciendo mucha énfasis en la o.
- Ya, claro, ya… pero, ¿por qué dices que estás haciendo un escudo? – Le preguntas interesada
- Je. Saúl se vuelve y sigue con su trazo tosco grabando en el árbol. Es un escudo – te dice – para proteger nuestro amor. También para proteger a este árbol. Él nos protegerá a nosotros y nosotros a él. Mientras este grabado esté aquí, nuestro amor permanecerá intacto – te dice mientras quita trocitos de madera del árbol con la mano. Quiero que a partir de ahora – continúa – volvamos a este parque el día de nuestro aniversario todos los años. A visitar nuestro árbol. A cuidarlo como metáfora de que debemos cuidar nuestro amor.

Sonríes. La idea te gusta y te ilusiona. Esperas que termine de grabar para abrazarlo y besarlo. Encajas en él, en su cuerpo, como una pieza imposible del tetris. Cada curva tuya corresponde con una curva suya. Cada espacio te lo llena con él así como llenas cada uno de sus huecos. Sus labios encajan perfectamente en tus labios. Sus brazos dibujan el contorno frenético de tu figura. Sus dedos tocan tus teclas de piano. Sus manos te protegen y te dan cobijo. Tus labios son su fuente (de agua y de inspiración). Tus ojos verdes bañan de color sus ojos marrones casi negros. Su calor te inunda. Tus piernas se entremezclan con los surcos de las suyas. La sal de sus lágrimas se asocian con tu saliva dulce y la mezcla acaba en vuestros labios, y bebéis de ella. Tu aire es su aire. Su luz tu consuelo. Su hombro es una almohada terapéutica que se funde con tu frente. Os abrazáis y os sentís uno. Os besáis y sentís que todo es posible. Y con un beso selláis un escudo que os protegerá siempre.

Y pasan los años. Y siempre volvéis al parque el día señalado de vuestro aniversario. Los árboles van cayendo, por tala, terribles lluvias o soles sofocantes. El parque queda a la suerte de un futuro incierto. Lo abandona el ayuntamiento y todo el mundo le da la espalda. Salvo tú y él. Que volvéis año tras año. A cuidar el árbol que os protege. A seguir sellando el escudo y el pacto. Cada año pasa algo y van desapareciendo los árboles, salvo el vuestro. Un año incluso un constructor quiso talarlo para hacer un centro comercial en vuestro parque, pero hasta tres veces falló cuando casi lo tenía: curiosamente las dos sierras eléctricas que tenía se rompieron y la manual acabó mellada. Incluso los constructores entienden las señales, incluso las señales románticas. Desistió.

Y allí sigue vuestro árbol. Y siempre volvéis al parque, año tras año. Y os sentís protegidos. Y sentís que vuestro amor sigue siendo bello y posible, hermosamente posible. Y, como vuestro árbol, supera tormentas, insolaciones y sierras mecánicas. Le besas con más amor cada año delante de vuestro árbol. Le dices que le quieres. Te dice que te quiere. Le dices que te sientes muy querida. Le abrazas hasta atraparle el alma, que ya es tuya. Te abraza hasta que os hacéis uno. No pueden con vosotros las tempestades. Tampoco las marejadas. Ni los miedos ni los traumas.

Y pasan los años y el árbol sigue allí, con raíces fuertes y con un escudo que salva todos los escollos. Incluso, muchísimos años después, sobrevive a vosotros que pedís que vuestras cenizas abonen vuestro árbol imbatible. Y vuestra ceniza, vosotros, tú y él, ya sois parte de un árbol que os une. Sois uno después de una vida plena. Y os seguís amando más allá de toda vida.

martes, febrero 08, 2011

Sujeto Redo

Ya casi es la hora de que vaya al bosque, qué ganas tiene de ir, qué ganas de ver a Rachael. Entre la bruma de aquel extraño pero acogedor bosque se sentía seguro. Bajo el cobijo de las copas frondosas de los árboles se sentía protegido. Había sufrido mucho y ver morir a todos los que te rodean no se supera fácilmente. Quizá no se supera, así, a secas. Pero la hora al día que pasaba en este bosque, ah, era un remanso de paz, una caricia de una brisa suave en mitad de un vendaval monstruoso. Redo, que así lo llamaban aquí, era el último superviviente del planeta Aurora. Sabía que el bosque en el que pasaba una hora al día era artificial, que el cuerpo militar de los Estados Unidos lo había creado específicamente para él. Pero no le importaba, le recordaba a Aurora, a su hogar. Además, cada vez que venía al bosque lo hacía de la mano de Rachael, la bella Rachael, la más hermosa entre las humanas. Ella, con esos ojos planetarios, le recordaba a Ktra (lo que aquí llaman novia) y, a veces, para arrancarme una sonrisa y cuando hablábamos de Ktra, Rachael la llamaba Reda. Ella sonreía, y se le aparecían en la cara pequeños hoyuelos, que parecían los más hermosos cráteres de Ktra. Qué ganas de ver a Rachael, qué ganas de estar en mi bosque. Ya casi es la hora.

Entonces Rachael entra en la habitación del búnker de Redo, al que se le caería la baba nada más verla si la produjese. Su pelo negro y largo le recordaba a las más hermosas noches de Aurora, sus dientes eran las gotas de rocío de los más maravillosos amaneceres. Sus labios, eran como el más romántico de los atardeceres. Ella le acaricia la cabeza mientras la mira embobicado. A Redo se le cae la piel, que se oxida en este planeta. Inmediatamente le sale otra nueva. Es repugnante, pero a Rachael no parece importarle. Redo la coge de la mano y le vuelve a comentar lo suave que está siempre, como la brisa efímera. Ella le acaricia la mano, que está en constante oxidación. Ella le pone una inyección y, como siempre, le dice que le hará bien. Él se deja y se entrega. Ella le cambia la botella del deuterio que respira, que está cerca de terminarse. Le coge de la mano y se van al bosque. Él le dice que se siente solo. Ella que no lo va a abandonar. ¿Nunca? Le pregunta él. Nunca, le contesta ella. Él, como siempre, vuelve a decirle que debería haber muerto con los demás, que no debería seguir vivo. Ella le vuelve a asegurar que quizá había más supervivientes en su planeta, que no desesperase, que lo necesitaban a salvo para comunicarse con ellos, la semana que viene volverán a intentarlo, le dicen. Él le vuelve a asegurar que no puede más. Ella le dice que reflexione una hora en el bosque, que le ayudará. Él se va al bosque y a la hora vuelve. Quiere seguir vivo, más que nunca. Vuelve a tener la esperanza de encontrar a alguien más en Aurora. Él la abraza y le da las gracias. Le lloraría en su hombro si produjese lágrimas. Ella lo acurruca con unos brazos con son un hogar. Hoy, de nuevo, él no se atreve a decirle que la quiere, aunque lo deja escrito entre líneas en sus labios. Ella lo interpreta, otra vez, y se sonroja. Él suspira dentro de su mascarilla de deuterio. Ella sonríe y baña con sus ojos azul marino el cuerpo de Redo. Ellos vuelven y se despiden en el búnker de Redo. Hasta mañana, se dicen. Cuando se va, él dice a una nada imponente que la echará de menos. Que la quiere. Nadie contesta, salvo el eco de su mascarilla de deuterio.

- Hola, general Thompson – saluda Rachael al salir del búnker y encontrarse con el militar. Puaj – continúa – qué asco da la piel de este bicho.

- ¿Qué avances tenemos, doctora Morgan? - pregunta el general a la doctora Rachael Morgan.

- Muchísimos, general, gracias a este asqueroso bicho y a su capacidad para generar anticuerpos ya tenemos las vacunas de casi todas las enfermedades mortales. Básicamente podríamos decir que nos queda sólo la vacuna para el SIDA.

- Bien – sonríe el general – Cuando decidimos exterminar con un ataque de los virus más nocivos a esos asquerosos bichos del planeta Aurora no pensaba que alguien iba a sobrevivir y, aún menos, que íbamos a conseguir vacunas para todas las enfermedades.

- Sí, es un monstruoso asqueroso pero una auténtica maravilla biológica. Por suerte, desarrollamos también una sustancia que soltamos en el bosque y que al contacto con su piel se pone eufórico. De no ser así, creo que se habría rendido y se habría suicidado.

- Bien, cuando obtengamos la vacuna contra el SIDA mate a Redo. Y guarde a buen recaudo todas las vacunas. Haremos una fortuna con ellas.

jueves, diciembre 16, 2010

Nuestra calle.

Fue en esa calle donde te conocí. También fue en esa calle, oh, donde te perdí, donde chocamos tan fuerte que no tuvimos salvación. En el tiempo que hemos compartido juntos hemos venido mucho a esta calle, tú siempre tan guapa y elegante (la gente se te quedaba mirando cuando pasábamos juntos). Esta calle es nuestro punto en común donde rememorábamos recuerdos y creábamos nuevos momentos, nuestra fábrica de sueños y realidades. Echo de menos nuestra cita mensual, nuestra visita de cada primer domingo de mes a esta calle, nuestra calle, así la llamaba, ¿recuerdas? Café rápido en el Starbucks como ritual fijo y luego otro café más reposado en cualquiera de las otras cafeterías. Cada mes una cafetería distinta. Sienta muy bien con tanto frío, por eso hay tantas en esta calle. Siempre habitaba mucho frío en nuestra calle, ¿verdad? Como si la calle hubiese robado un trozo de invierno y lo repitiera una y otra vez.

Recuerdo cuando te conocí, en nuestra calle, me atrapaste un suspiro y luego me atrapaste a mí, me arrancaste un ¡guau! ¿Sabes? Siempre te he mirado con la misma cara desde entonces, como si todo se hubiese parado. Como si ese invierno perpetuo de nuestra calle también se hubiese refugiado en mi rostro en forma de mirada demasiado tierna, tal vez inocente, tal vez bobalicona.

Recuerdo cuando te perdí, oh, vaya si lo recuerdo. Chocamos de frente, y aún me castigo por ello. Oh, vaya que lo recuerdo, aún no se me han curado las heridas de entonces. Pero, tranquila, sanarán. Aún no termino de comprender qué nos pasó. Es extraño, ¿verdad? Parecía que íbamos a estar siempre juntos. Es invierno desde entonces, y esa parte del invierno encerrada en mi rostro ya no se traduce en mirada tierna, sino más dura que el propio invierno. Ni inocente. Oh, vaya que no, ni bobalicona.

Recuerdo el día en que te conocí en nuestra calle, y la de veces que pasamos juntos paseando por ella. Recuerdo verte desde la calle a través del escaparate de aquel concesionario, ¡estabas allí para mí, lo sé!

Recuerdo la última vez que te vi. Cielos, aún me culpo por ello. Recuerdo nuestro último paseo por nuestra calle. Me despisté. Juro que no vi venir al coche. Tú te llevaste todo el golpe y yo salí volando, no conseguí agarrarme a tu manillar. Quedaste inservible, siniestro total, moto acabada, game over. Yo aún me curo de mis heridas, me rompí un brazo, tres costillas y todavía cojeo, mi rodilla no termina de espabilar. Jamás volveré a comprarme otra moto, porque ninguna podría igualarse a ti.

Te echo mucho de menos, moto mía.

martes, octubre 19, 2010

Explota

Me arden los ojos
Y sólo tú sabes
Cómo apagarme
Con besos de agua

Mi espejo es la cara de tu alma
Donde te reflejas a regañadientes
A gritos y a jirones te partes
Espantando mi calma.

Me agarro a mis canas
Para tenerte cerca o en el suelo
Me desgarro la garganta
Y no me oyes o no te oigo.

Me destrozo, me aíslo
Y tú me salvas
Me revuelvo en tu cama
Me seduces, me llamas

Quizá no sé qué es tenerte
Tal vez me asuste tu falta
Perderte, faltarme
Llover la ausencia de tus alas

No tiemblan tus miedos
tus llagas no escarban
dura de escudos
frágil de alma

Y tus pétalos me entierran
Y mis dedos te llaman
Y tus sueños me anhelan
Y respiro de ti

La semilla de relámpago
Que sembré en tu alma
Explota en tus ojos de trueno
Y brilla en mí

No te rindas
No te escondas
No me dejes
Me haces falta.

Explota tu pasión en mí
Revienta esta calma
Destruye tus miedos
Destroza mis traumas

Y explotas.
Y vences.
Y das.
Me das calma.

Explota.

sábado, octubre 02, 2010

Los regalos de la muerte XXI

Los regalos de la muerte XXI: Luna menguante

Luna Valdivieso, antes.

La soledad es una roca en su espalda que ya se ha acostumbrado a cargar. Luna se siente sola casi siempre, a pesar de ser mujer de compañía, a pesar de que su belleza no había sido creada para la soledad. Luna se derrumba sintiéndose sola, se fragmenta.

Luna es la mejor puta del Flowers y la más demandada, casi nunca está sola pero se siente sola y ha aprendido a vivir así. La soledad le embarga y se le cuela hasta el tuétano a pesar de que ahora mismo tiene a un hombre encima follando con ella. Ese hombre se llama Julio Gandía y está follando con ella y registrando en su disco duro mental cada movimiento de Luna, cada gesto y cada sonido que emite por gutural que sea. Luna se siente sola, fría, distraída mientras hace su trabajo de forma automática sin prestar ningún tipo de interés e incluso canturreando mentalmente una canción de Nelly Furtado. Él intenta besarla, pero ella se aparta.

- ¡Te la estoy metiendo sin condón y me apartas la cara si intento besarte! - Vocifera el dueño del Flowers.

- Lo siento, Julio, ha sido un movimiento reflejo. Es lo que acostumbro a hacer, ya sabes. Dice Luna, distraída, como si aquello no fuera con ella.

Y deja besarse. El beso le sabe a ella vino de tetrabrick picado. A él le sabe a cerveza barata. Se relame y registra ese sabor.

El asesino, ayer.

Subo las escaleras de Flowers buscando la habitación de Luna, esa puta es el fleco que me queda, es la única forma de que sepan que me he cargado a esos dos mierdas. No me gustan los sonidos que oigo, me vuelven loco, pero de alguna forma estos sonidos me advierten de algo malo, como si me predijesen de alguna forma qué va a ocurrir. No me gusta nada lo que oigo. Subo sigiloso y con mil ojos, y oigo hablar a un tipo en la puerta de la habitación de Luna. Me cuelo en un armario que hay en los descansillos y espero a que se vaya. Afino el oído para oír la conversación, por suerte la puta no le cuenta nada. Consigo verlo cuando baja por las escaleras, lleva gabardina y sombrero, y está más excitado y más empalmado que todos los viciosos que había abajo. Es un puto huelebraguetas. Mierda, mierda, ¡MIERDA! Me digo que debo estar tranquilo, al menos no es Froi el que está husmeando y subo a la habitación para tener una pequeña conversación con Luna.

Luna Valdivieso, antes.

Luna tiene la mirada perdida mientras folla con Julio, sólo le faltaba mirar la hora o mirarse las uñas para mostrar tanta indiferencia. Lleva follando frecuentemente con Julio desde aquel día que la besó y le apartó la cara (nunca más volvió a apartársela). Así lleva mucho tiempo, mostrando más indiferencia con Julio que con el más repugnante de sus clientes. Se siente extraña, lleva un tiempo acostándose con unos tipos por los que siente algo. Incluso teme sentirse enamorada de un tal Javi Lagos. Ese tal Andrés Reyes también le hace tilín, tiene un cuerpazo, pero no pasa de ahí. La sonrisa perpetua con la que Javi siempre viste su cara le da un plus que la enamora.

Julio la besa, a ella le siguen sabiendo los besos a vino caducado. A él a cerveza barata, pero cada vez más barata. Registra el sabor y los compara con los anteriores. Julio se mosquea, porque se percata de la indiferencia de Luna y porque los besos de Luna cada vez saben más a cerveza sin gas.

El asesino, ayer.

Llamo a la puerta de Luna. Oigo sus pasos acercarse, la muy puta tiene sexy hasta el sonido de sus pasos. La oigo decir: “¿Qué te has dejado, Flanagan?” desde dentro de la habitación. Joder, hasta esa mierda de frase hace que me ponga celoso. Luna abre la puerta y la golpeo sin mediar palabra. Cae al suelo inconsciente. Qué bella está ahí tumbada, me digo. Joder, grito, y me golpeo la cara. Que estés a lo que tienes que estar, joder, me grito de nuevo. Ato a luna, le pongo un poco de precinto en la boca y la meto en el armario. Cómo he podido ser tan descuidado, joder, vuelvo a gritarme a mí mismo, mientras dejo a Luna en el armario y abro la caja fuerte y saco la pistola con la que me cargué al mierda de Reyes y que olvidé allí esta mañana después de echar un polvazo con Luna. Me guardo la pipa en el pantalón y espero pacientemente que Luna se despierta.

- Tú - me dice sorprendida cuando abre los ojos y le quito el precinto de la boca.

Luna Valdivieso, antes.

Follar con julio se ha convertido en una rutina molesta que se ha acostumbrado a cargar en su espalda, como la roca enorme de la soledad. Besarle con labios de vinagre es ahora su acto reflejo. Acaba el polvo con él y escupe y se lava los dientes cuando se larga, le da un asco atroz. Se queda en la cama, sintiéndose sucia, como nunca se había sentido con ningún hombre. Y piensa en Javi. Él la entiende, la quiere, es considerado y delicado con ella. Le sonríe siempre, eso la enamora. Se esconde entre sus sábanas queriendo desaparecer. No quiere seguir así, aunque se haya acostumbrado a esto. Las lágrimas empiezan a brotar de sus ojos, a recorrer sus mejillas buscando su boca. En ese momento llaman a su puerta pero no abre, sigue llorando. Suena su móvil, es Javi.

- Hola, Luna - le dice.

- Hola, guapo - le dice Luna sonriendo y dibujando una sonrisa en sus labios que hacen evaporarse todas las lágrimas. - ¿Cómo está el más guapo de Alcorcón? - continúa.

- Pues… en tu puerta, he burlado al conserje de abajo, pero he llamado y no abres… ¿estás ahí, no?

- Sí, sí, es que creí que era el gilipollas de Julio Gandía.

- Ah, me voy entonces si llego en mal momento - dijo Javi contrariado.

- No, no, Javi, entra y levántame el ánimo - sugirió Luna intentando no parecer demasiado ansiosa. Espera un segundo y te abro la puerta.

Javi entró en la habitación. Luna estaba muy hermosa, estaba radiante. Era la belleza más pura que jamás había visto. Le acaricia el pelo y la besa en los labios. Los besos de ella saben a gloria, a todas las cosas sabrosas del mundo. Los de él le saben a Luna a algodón de azúcar. Se desnudan y se entregan. Luna disfruta, le besa todo el cuerpo. Lo ama y se nota. Javi lo nota. La acaricia por todo el cuerpo y la besa en todos los rincones de su piel. Ella grita de placer, él también la ama, la ama tanto… Ella le busca de nuevo los labios, lo besa como si nunca hubiese besado a nadie. A él le saben sus besos a pasión. Luna folla como nunca y nota cómo contactan sus almas. Se corre y cae rendida. Javi se va de la habitación sin besarla y sin sonreír, parece contrariado. Cuando sale de la habitación, la imagen de Javi se difumina, y aparece la de Julio Gandía. Julio le ha practicado un salto al precipicio a Luna, para que pensase que era Javi. Gandía compara este último polvo con todos los anteriores y nota mucho la diferencia. Arde en celos. Cierra el puño y golpea la pared del pasillo. Y grita que por sus cojones va a matar a ese mierda. Por sus cojones va a matar a Javi Lagos.

El asesino, ayer.

- Tú… - dice Luna contrariada al ver a la persona que tiene delante. Está muy asustada, pero esta chica ha estado en situaciones peores y sabe desenvolverse con facilidad en todo momento. Está muerta de miedo pero no se queda sin hacer nada. Va a hacer lo que mejor sabe hacer: coquetear.

- Sí, yo, ¿no me esperabas, zorra? - le dijo el asesino, con frialdad. Como enfadado con ella.

- Humm… ¿no vas a besarme, guapo? - le dijo ella guiñándole el ojo. Estaba hermosa incluso atada. Hummm.. Bésame, chico, que te va a explotar el bultito de ahí abajo.

- Cállate, puta - grita el asesino dándole una bofetada desmedida haciéndole una brecha en el pómulo. Me das asco.

- Menos mal - susurra Luna - no eres ni la mitad de hombre que Andrés ni una décima parte de hombre que Javi. La tienes pequeña, y nunca he disfrutado contigo. Sé que ahora están muertos, y sé que has sido tú, picha corta. Mátame si quieres también, pero no conseguirás nada con ello. Lo mejor que puedes hacer es pegarme un tiro. O mejor, pégatelo tú. - termina Luna contundente y notando al asesino nervioso y dudando.

- Cá-cállate, joder. Nos vamos - dice el asesino, que se derrumba, no soporta sentirse como se siente. No sabe cómo coño lo aguantaban Javi y Andrés. Todo es extraño, su cabeza está maldita. Luna le detesta. No ha servido de nada matar a esos dos mierdas. Su voluntad se está quebrando. Tiene unas enormes ganas de coca, pero si la toma sabe que quedará mucho más jodido. Quiere irse y jugarse todo lo que tiene. Consigue mantener estas ganas a raya con dificultad. Apenas consigue controlar estos malditos sonidos que le susurran todo. Necesita toda su concentración para soportarlos y no puede estar todo el día controlándolos. No puede dormir. No puede más.

- Quítame las manos de encima, cerdo, ¿dónde crees que me llevas? - Se rebela Luna.

- Creo que voy a pegarme un tiro con esta pistola - le dice amargamente a Luna enseñándole la pipa que ha sacado de la caja fuerte - Ya veré qué hago contigo. ¿Sabes? A pesar de que tengo unas ganas enormes de suicidarme, no puedo dejar que el mundo sepa que soy un asesino. No lo soportaría ni después de muerto.

- ¿Vas a matarme? Adelante - dijo Luna muerta de miedo.

- Jejeje, ¡no, claro que no! - Sonríe el asesino. Voy a practicarte el salto al precipicio más increíble que he hecho nunca.

lunes, septiembre 27, 2010

Llega Dexter




Se va acercando la hora de salir de la oficina y ya miro a todos mis compañeros como posibles Trinitys, todos siguen todos los días la misma pauta dramática de escribir código (aunque ninguno como el de Harry), ir a reuniones y mandar correos. Miguel Prado me aguarda en una reunión envuelto en plásticos y rodeado de las fotos de sus víctimas inocentes. Mi sargento me mira mal y me llama friky, le devuelvo la mirada y lo nombro el carnicero de la bahía Harbor después de unos (des)afortunados accidentes. Mi hermano oscuro se ha dejado llevar por el reverso tenebroso de la fuerza y es un asesino despiadado, aunque no está a mi altura. Miro el reloj, ya casi es la hora de cazar.

Mi pasajero oscuro me lleva esta tarde a saciar mis más lúgubres instintos. Soy un asesino en serie. Concretamente de una serie llamada Dexter.

Nos vemos esta tarde, querido Dex. Yo llevo los machetes y las cervezas. Encárgate tú de los plásticos y las fotos.

martes, septiembre 21, 2010

Los regalos de la muerte

Hay historias que nunca mueren, que aunque estancadas nunca terminan de perder la batalla contra el olvido. "Los regalos de la muerte" es una historia que surgió en mi cabeza hace más de 4 años, casi 5. Y que lleva más de dos estancada. Esta historia sigue en mi cabeza, se forja en mis entrañas y está atrapada en la yema de mis dedos, donde grita desconsoladamente sin que nadie la oiga. Estaba estancanda porque no salía de mis entrañas, sé el final de la historia y lo que quiero contar, pero necesito el soplo de la inspiración para plasmar con palabras lo que quiero contar. Esta historia llevaba un tiempo en zona árida y en una espiral sin salida. Y no sabía cómo seguir. Y no sabía cómo olvidarme de esta historia y tirarla a la basura a la mitad. Un buen amigo me dijo que había que escribir, juntar palabras al menos. Lo intenté, pero no me salió. Pero hace unos días, mientras conducía, me susuró la inspiración, me sopló al oído. Le arranqué a mi ninfa autista de sus manos frías el capítulo 21. Por fin. Y ya hay fecha de salida. Es imperdonable, y ya me gustaría otro ritmo para esta historia que no me abandona y que no quiero abandonar. Pero a mi ninfa autista le gusta estar callada a menudo.

El viernes 23 en nuestro blog solípedo favorito el capítulo 21: Luna menguante.

P.D. Estoy por poner un gadget de cuenta atrás :D

P.D. Os dejo un enlace a los capítulos anteriores:

Capítulo 1: Gana la Banca

Capítulo 2: El hombre del piano

Capítulo 3: Órdago a la grande

Capítulo 4: No va más

Capítulo 5: Yo soy el número 1

Capítulo 6: Curiosidad asesina

Capítulo 7: Fede y Froi: Un campo de trigo

Capítulo 8: Enamorados de Luna

Capítulo 9: Fede y Froi: Gambitos

Capítulo 10: Odio ese ruido

Capítulo 11: Three Points Basket

Capítulo 12: ¿Quién es el doctor Villaescusa?

Capítulo 13: Ya eres mío, Laviña / Ya te tengo, Gandía

Capítulo 14: El frío abrazo

Capítulo 15: Caraballo toma el mando

Capítulo 16: El grupo

Capítulo 17: Dame tu alma y cumpliré tus deseos

Capítulo 18: El brazalete de Laviña

Capítulo 19: Luna, dulce Luna

Capítulo 20: Enemigos naturales

jueves, septiembre 09, 2010

El buen sicario

La ceniza asfixia el fuego de mi humanidad, se amontona y se acumula en una parte de mí donde antes había luz. Ya no soy nada, sólo una perfecta máquina de matar que cumple encargos de manera eficiente. Soy un sicario, el mejor, porque mis asesinados parecen muertos por cualquier razón excepto por un asesino a sueldo. Soy un sicario muy caro y solicitado y acabo de matar a un hombre, enterrando esa parte de mí donde antes tenía luz con un puñado más de ceniza. Tengo una piraña dentro de mí que devora mis sentimientos, que me corroe los escrúpulos. Cada vez que mato, esta piraña insaciable come más rápido que nunca, a grandes bocados y sin masticar.

El viento sopla fuerte en esta noche fría de primavera, los árboles se contonean con el viento, como diciendo adiós al alma del último tipo que acabo de matar. Su cuerpo aún está caliente, pero el viento, que arrastrará el calor y arrancará las últimas trazas de vida, no tardará en enfriarlo, como el soplido de una madre a la sopa de su hijo. Este pobre diablo murió por tirarse a la esposa del mafioso que me ha contratado. Un polvo que ha pagado caro. Un polvo de mantis macho.

Suena mi blackberry. Es un mail de otro de mis principales clientes y me dice que mate a la familia de un tal Rodrigo Antúnez, a su esposa y a su hijo de 4 años. Me da su dirección y el intervalo horario en el que están en casa. Según él, merece morir porque se la ha jugado varias veces con la pasta y que con su pasta no se juega. Me dice que no entendió los mensajes que le mandó en forma de palizas. Me dice que debe aprender, y que la única forma de hacerle entender que con él no se juega es cargándome a su familia. Mi humanidad me grita que no lo haga, que huya, pero la ceniza ya ha apagado la luz que una vez tuve en mi interior y la voz de la conciencia y la razón. Mi piraña me ha destrozado a dentelladas mis sentimientos y mis escrúpulos. Haré el trabajo. Cojo mi coche y me piro.

Rodrigo está enfermo. Necesita drogas y necesita jugar. Y eso vale un dinero que no tiene. Su familia aguarda en casa (una casa que no puede pagar). A base de pedir préstamos a gente poco fiable ha conseguido mantener a su esposa y su hijo lejos de su realidad. No saben que se droga. No saben que es ludópata. No saben que no pueden pagar la casa ni los coches. Rodrigo sufre, y no sabe de dónde sacar ya el dinero, no sabe cómo seguir dándole largas a Tony, que no deja de amenazarlo y apalizarlo para que le devuelva el dinero. Rodrigo tiene un plan vago. Le urge la necesidad. Va a robar una pequeña tienda.

Cojo mi coche y me piro. Circulo despacio y con cuidado. Una de mis reglas es no llamar la atención, no destacar. Para ser el mejor sicario antes hay que ser el hombre más amable del vecindario, ayudo a bajar la basura a mi anciana vecina y subo el periódico todas las mañanas. Hay que ser el más educado y el más corriente. Hay que parecer normal. Tanto que nadie se fije en mí, que sea el último sospechoso de cualquier cosa. Eso me hace el mejor. Eso y mi ceniza. Y mi piraña. Aparco con cuidado, siempre que puedo en batería (la gente se fija más en los coches que aparcan en línea). Voy tranquilo y despacio y sin hablar por el móvil. Veo que la puerta está abierta. No me gusta que lo esté, eso llama la atención. Así que entro un tanto intranquilo.

Rodrigo nunca ha robado, pero no se le ocurría otra cosa. Está nervioso, el corazón le palpita fuerte en la cabeza y su garganta es el pozo más seco de un desierto. Su plan es esperar a que la dueña salga un momento al bar de enfrente a pedir un café y una napolitana, como hace cada día, y esperar que se deje la puerta abierta con el cartel de “Vuelvo enseguida”. Tiene suerte, hoy se la ha dejado. Se pone una media en la cabeza y entra torpe pero rápido. Y muy nervioso.

Entro intranquilo a la casa pues la puerta estaba abierta. Está el niño pequeño, que me ve y sale corriendo…

Entra torpe y rápido a la tienda. Y muy nervioso. Abre la caja registradora. La señora ha tenido un buen día en la tienda, tiene más de 500 pavos. La señora se ha vuelto antes del bar, entra a la tienda y ve a Rodrigo y sale corriendo, huye todo lo lejos que puede. Él también, con los más de 500 pavos en el bolsillo. Quizá le dé para calmar un poco a Tony. Espera que sí. Le prometerá que tiene más planes para pillar pasta. Ojalá los 500 pavos le calmen por el momento.

El niño sale corriendo… hacia mí. Me abraza y me besa. Me dice: “papá, te quiero”. Abrazo al niño, le beso y le alboroto el pelo. Lo quiero con locura. Me casé con una mujer que no sabe de mi vida y tuve un hijo porque era lo normal. Pero este niño me ha afectado, lo ha cambiado todo en mi vida, ha despejado de la ecuación la luz y la inocencia. Es un torbellino que arrastra toda mi ceniza acumulada dentro de mí en ese sitio donde antes había luz. Y esta luz vuelve a brillar. Este niño es un torbellino que arrastra a la piraña. Tengo humanidad y sentimientos. Si la ceniza no vuelve a acumularse por la noche y la piraña a devorar, dejaré el trabajo. Quizá se salve también la familia de ese tal Rodrigo Antúnez.