viernes, noviembre 24, 2006

Los Regalos de la muerte XVII

Capítulo XVII: Dame tu alma y cumpliré tus deseos

- Andrés Reyes, antes –

- ¿Cómo coño sabe usted eso? – Preguntó sorprendido como el niño que se levanta un 6 de enero intentándose explicar cómo los regalos de reyes habían llegado hasta el árbol de navidad. Y Andrés Reyes volvió a sentarse, se remangó un poco y agarró muy fuerte los posabrazos de la silla. Escuchaba en la sala de espera a su amigo Javi Lagos hablar, aunque no sabía qué decía, pensó que estaría diciendo sus típicas tonterías. Escuchó hablar a la secretaria/enfermera, y otra vez a Reyes, y la secretaria/enfermera estalló en una risa exagerada, casi histriónica. Y Andrés volvió a levantarse, como si estuviera borracho de adrenalina y quisiera vomitarla. Reyes miró a Villaescusa, con mirada de ‘la bolsa o la vida’ y pegó un salto estratosférico. El doctor quedó primero asustado, por la mirada de Andrés, luego pasó a perplejo ante la reacción del chaval... ¿saltar? Y por fin su rostro mostraba interés, mucho interés, al ver que Andrés tardaba en caer del salto. No voló, ni se quedó levitando, sólo que tardaba en caer, como si la gravedad lo afectase menos que a todo cuerpo, como si pudiera desafiar por unos instantes las leyes físicas más básicas. Volvió a aterrizar, por supuesto, pero tras un vertiginoso espacio de tiempo extremadamente largo, casi pasa la película de su vida ante sus ojos.

- ¡Impresionante! – Exclamó Villaescusa casi arrancando a aplaudir. ¿Cómo...? ¿Cómo lo hace, señor Reyes?

- ¿Impresionante? ¿Cómo hago qué? Doctor, déjese de chorradas y dígame cómo es posible que sepa que mi camello es Laviña – Exigió el jugador de baloncesto con esa mirada de ‘la bolsa o la vida’ entre jadeos, como si vencer la fuerza gravitatoria le hubiese supuesto un esfuerzo titánico y 2 toneladas de adrenalina.

- Está bien, señor Reyes. Pero con una condición – dijo dando ‘la bolsa’ en lugar de ‘la vida’.

- ¿Y cuál es esa condición, buen doctor?

- Únete al grupo – propuso Villaescusa reclinándose un poco, apoyando los codos sobre su revuelto y desordenado escritorio y con los dedos entrelazados y apoyados sobre su boca. ¿Qué de dices?

- Reyes levantó ligeramente la ceja derecha, sonrió, hizo como que se lo pensaba y estrechó la mano de Villaescusa. Cuenta conmigo, doc.

- Eduardo Villaescusa se excitó, tuvo un orgasmo profesional brutal, Reyes era quien había esperado toda su vida, ya rozaba casi su don, ya casi tenía su mente entre sus manos. Ya casi tenía a un ‘don’ nivel 4.

- Sé que Laviña es tu camello porque forma parte del grupo, de hecho es el líder, el que lleva el brazalete, y me había hablado de ti – dijo el doctor sin dejar de estrechar la mano de Reyes.

Reyes sonrió, apretando mucho más la mano, sin decir nada, pero con ganas de gritar... ¡qué cabrón!


- Javi Lagos, antes –

Javi decidió ir a la consulta del doctor Villaescusa después de que el sonido de la octavilla de publicidad que encontró en su limpiaparabrisas le diese buenas vibraciones. Le gustó el ruido del panfleto al retirarlo del limpia. Y Javi se guía por sonidos, tiene el don de saber si va a ocurrir algo bueno o malo a través de los sonidos. Su confidente es el ruido, como dijo una vez.

Llamó a la consulta y la puerta se la abrió una chica, con pinta de secretaria pero con el morbo de una enfermera. Después de todo estaba en la consulta de un doctor... ¡esperaba a una enfermera buenorra!

- Hola, buenos días – le dijo la enfermera con una sonrisa que dejaba entrever unos dientes perfectos, blancos como la nieve más sólida de los polos. (no me importaría echarle un casquete polar)
- Buenos días, contestó Lagos mientras sonreía por el comentario mental que se acababa de hacer. Soy Javier Lagos, tenía una cita con el doctor Villaescusa para hoy a las 12.
- Bien, veamos... – dijo la enfermera con rictus de secretaria mirando la lista de pacientes. Me has dicho que te llamas Javier, ¿verdad?
- Sí, Javier, ya sabes, y mi oficio es relativo a los javis – dijo Lagos moviendo los dedos índice y medio formando semicírculos.
- ¿Disculpa? – dijo la secretaria con cara de enfermera a la que le dices que “ya no hace falta que sujete” mientras te afeita para operarte de apendicitis.
- Oh, bueno... ¡y seguro que has puesto que sabes inglés en tu currículum!

La secretaria quedó perpleja, pensando que le estaban gastando una broma. ¿Javier? ¿Oficio relacionado con los javis? ¿De qué me habla? ¿Inglés en mi currículum? Ató cabos y de pronto pilló el chiste, así de repente, a quemarropa y estalló en una risa casi histriónica, que a los pocos segundos consiguió que se pusiese colorada. Después de una moderada espera y matando el tiempo gastando bromas a la enfermera vio salir de la consulta a su amigo Andrés Reyes. Saltó de la silla y fue a darle un abrazo a su amigo.

- Andrew, crack, la vida puede ser maravillosa, ra ta ta taaa, ¿qué haces aquí?

- Nos vemos luego, hermano, voy con un poco de prisa – dijo el jugador del Real Madrid de baloncesto dándole un abrazo a Lagos. Cuídate, ¿eh?

- Nos vemos, hermano, voy a ver al matasanos, a ver si me cura mi ludopatía. ¡Deséame suerte!

Reyes se despidió con una sonrisa, una palmadita en la espalda y deseando suerte a Lagos.

Javi pasó a la consulta, a vérselas con Eduardo Villaescusa. Al entrar empezó a fijarse en cada detalle de la consulta. Sus ojos se movían a la velocidad de un cometa y le llamó la atención lo desordenado que estaba el escritorio del doctor, sobre el que había, entre otras cosas, una orla de la licenciatura en derecho que debía de estar ahí con el fin de ser enmarcada algún día, pero no hoy. Pensó que posiblemente no era del doctor, que tendría otra carrera, sino que quizá sería de una hija suya, al ver que la mayoría de las fotos pertenecían a chicas. Otra cosa que le llamó la atención fue lo ordenado que estaba todo fuera del escritorio, como si todo lo caótico tendiese a concentrarse en el escritorio, el territorio del desorden. Se fijó en una de las estanterías llenas de libros antiguos, amarillentos, casi polvorientos en el que destacaba uno muy nuevo, impecable. Entrecerró los ojos para agudizar su visión y alcanzó a leer el título: “El cerebro sólo es el medio” y el autor: “Eduardo Villaescusa Cuevas”. Todo estaba cuidadosamente ordenado y limpio, excepto el escritorio, el purgatorio del desorden. Lagos tomó asiento sin que mediase palabra con el doctor.

- Hola, doc, buenos días. Me llamo Javier Lagos y tengo un problema.
- Vas al grano, hijo. Bien, tú dirás.
- Soy ludópata, maldita sea, me dejo hasta el último céntimo en el casino. No controlo, es superior a mis fuerzas, a pesar de... – arrancó Lagos parando de repente, últimamente había aprendido a callar... un poco.
- ¿A pesar de qué, Javier? – preguntó el doctor sorprendiéndose un poco con la pronta confianza que había cogido con Javier. Había hablado de usted a Reyes pero ya estaba tuteando a Javier, y acababa de conocerlo.
- Bueno, supongo que debo decírselo... tengo un don.

La excitación de Villaescusa empezaba a rozar el infinito y más allá que describió Buzz Light Year.

- Ejem... ¿un don? – preguntó casi retóricamente el doctor, atando de nuevo cabos y asociando a Javi Lagos con la otra persona sobre la que le había hablado Laviña, un tipo que era ludópata y que decía ser socio mayoritario de los sonidos, los chivatos más discretos.
- Sí, verá, los sonidos me dicen lo que va a ocurrir, ¿sabe? No exactamente lo que va a ocurrir, sino si va a ser bueno o malo, según me guste o no el ruido. Este don al principio me trajo mucho dinero, ganaba apostando a las cartas o a otros juegos en los que podía intuir la baza de mis contrincantes. Pero soy un bocazas, ¿sabe? Pronto se dieron cuenta de mi don, y sólo me dejan jugar a la ruleta, donde no es efectivo mi don. Sí, sé lo que me va a decir, que podría usar mi don en muchas otras cosas y ganar pasta por un tubarro. Pero no tengo paciencia, no soy estratégico, doc y la ludopatía me está consumiendo. Necesito dejar el juego. Lo necesito ya.
- Humm... interesante, Javier, creo que puedo ayudarte – dijo Villaescusa frotándose de nuevo las manos y sin poderse creer lo que le estaba ocurriendo. Dos personas con dones de nivel 4... ¡seguidos!
- ¿Sí? Eso es fantástico, doctor... y, ¿cómo podría ayudarme?

Villaescusa le habló del grupo, de que trataba gente especial y que hacían actividades especiales para superar este tipo de problemas.

- ¿El grupo? Suena bien, doctor, pero no veo exactamente cómo puede ayudarme.
- No te fías de mí, ¿verdad, Javier? Puedo ayudarte, hacemos, digamos, hipnosis para ir a la parte de tu cerebro y prohibirle que apueste dinero en el juego.
- Ja, ja, ja, muy buena, doc, ¿así que eres un comecocos?
- Me manejo bien en esos ámbitos, sí, tanto es así que podría sorprenderle diciéndole quién es su prestamista, el que le pasa la pasta para que apueste.
- No lo dudo, doctor, pero yo también podría sorprenderle a usted – dijo Lagos con una mirada que despertaba interés, que caía en el juego recurrente, en medirse al doctor. ¿Apostamos?
- Ja, ja, ja, apostemos, Javier, apostemos. Si le sorprendo se une al grupo.

Javier miró desafiante a Villaescusa, había encontrado un rival interesante, se acercó un poco al doctor arrastrando la silla y lanzó un órdago.

- No, doctor, si yo le sorprendo a usted, me acepta en el grupo.

El docto re devolvió la sonrisa, hizo una mueca con la boca y aceptó el órdago.

- De acuerdo, si me sorprende no le dejo escapar. Empiezo yo. Tu prestamista es Federico Laviña.

Javi quedó perplejo, sorprendido, pero su rostro ni se inmutó, parecía como si el doctor hubiese hecho la afirmación más trivial del mundo.

- ¿Eso es todo? Bien, es mi turno – contestó desafiante Lagos, agudizando su oído intentado captar toda la información que su don pudiese facilitarle. Javier miró otra vez el libro y empezó a hablar. Para empezar ha escrito usted un libro hace muy poquito, posiblemente ni esté publicado, sobre psicología y sobre el papel que juega el cerebro en cada cual. Y lo que es más importante, sobre el papel que deja de jugar – Lagos miró de nuevo la orla para ver que el año de la promoción... 2001 a 2006. Cojonudo, le daba una idea, y Lagos siguió hablando. Bien, este libro se lo ha dedicado a su hija, recién titulada en derecho.

Villaescusa quedó perpelo, sorprendido, y su rostro se inmutó, dando a entender que estaba perplejo y sorprendido. Lagos agudizó más aún su oído, hasta escuchar el latir del corazón de Villaescusa y comprobar por este sonido y otros como la respiración o los movimientos del doctor que había acertado casi todo. Lagos pensó en lo que posiblemente se había equivocado y siguió hablando.

- Perdón, dedicado a su hijo – terminó triunfante Javi el primer round, acertando de pleno y pensando rematar con: “quid pro quo, Clarice”, pero ahogó el comentario.

- ¿Cómo diablos...? – quedó sin saber qué decir el doctor

- ¿Esa cara que tiene usted es de sorprendido? Hummm... ¿no? Pues sigo - chuleó Lagos afinando más el oído. Villaescusa estaba en sus manos y era una orgía acústica que le confesaba muchos detalles – En el libro explica usted una teoría, doctor Villaescusa, en la que dice que en el cerebro no está el conocimiento humano, tal como se piensa. Dice en su libro que se pierde el tiempo investigando. Todo conocimiento humano, según usted, está en el alma, es ahí donde se almacenan los conocimientos, ¿por eso el saber no ocupa lugar? En en alma, y no en el cerebro, se guardan los conocimientos, las experiencias, los recuerdos... ¿cómo si no, de existir, van a saber su pasado los espíritus? ¿Cómo van a saber algo? Según usted, doctor Villaescusa, los conocimientos del alma son casi infinitos y la inteligencia de cada persona depende del acoplamiento del alma y el cerebro, que no es otra cosa que el medio entre el alma y lo exterior. Cuanto mejor es el acoplamiento mejor es la capacidad intelectual. Así explica usted que haya deficientes mentales o autistas, por un mal acople entre alma y cerebro. Así explica usted que los estudios del cerebro humano nunca han llegado a nada. Y así explica usted que haya tantas diferencias intelectuales cuando los cerebro humanos de todas las personas son muy similares entre sí... el acoplamiento entre el alma, la sabiduría, el conocimiento, con el cerebro, el medio de comunicación hasta el exterior. Dígame, doctor, ¿así cura a las personas? ¿Es capaz de realizar un acople distinto entre alma y cerebro del que cada cual tiene? ¿Puede hacerlo? Dame tu alma y cumpliré tus deseos, ¿no es así, doctor? Quid pro quo, Clarice – consiguió decir esta vez Javier Lagos para terminar su actuación que dejó muchísimo más que sorprendido al doctor Villaescusa.

¿Cómo coño sabe usted eso si no nadie ha leído mi libro ni he comentado mi teoría con nadie? – preguntó confuso Villaescusa con una sorpresa de órgado y una excitación de sota, caballo y rey.

3 comentarios:

Druida dijo...

Un órdago. Así es, sin lugar a duda :o) .
Cada día estoy más enganchado jeje. La verdad, este Dr. Villaescusa tenía que existir por qué no existe ¿verdad?, o ¿quizás si? ;o).

Birk dijo...

jajaja, no, lamentablemente no existe, sólo en una parte de mi cerebro... quiero decir, de mi alma, donde se guarda el conocimiento, la sabiduría, los recuerdos... que el cerebro sólo es el medio. :p

Jennifer Gomez dijo...

De hecho, estoy muy feliz por mi vida; Mi nombre es Cherelyn Talle, tal vez, nunca pensé que iba a vivir en la tierra antes de que se acabe el año. He estado sufriendo de una enfermedad mortal (VIH) durante los últimos 4 años; He gastado mucho dinero yendo de un lugar a otro, de iglesias a iglesias, los hospitales han sido mi residencia diaria. Los cheques constantes han sido mi hobby hasta que el mes pasado estuve buscando en Internet, vi un testimonio sobre cómo el Dr. Quality ayudó a alguien a curar su enfermedad del VIH, rápidamente copié su correo electrónico que es (qualityharbalhome@gmail.com) .Le hablé, me pidió que hiciera algunas cosas ciertas que hice, me dijo que me iba a dar la hierba, y que así fue, luego me pidió que fuera a un chequeo médico después de algunos días después de usarlo. la cura herbal, estaba libre de la enfermedad mortal, solo me pidió que publicara el testimonio por todo el mundo, fielmente lo estoy haciendo ahora, por favor hermanos y hermanas, él es grandioso, le debo a él en mi vida. si tiene problemas similares, solo envíele un correo electrónico (qualityharbalhome@gmail.com) o simplemente lo que-app le aplique al: + 22891742175. También puede curar enfermedades como el cáncer, la diabetes y el herpes. Etc. Puede contactarme por correo electrónico: cherelyntalle@gmail.com
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