miércoles, diciembre 21, 2011

Alberto Ballesteros.


Hace un frío intolerante en Madrid, el invierno nos ha invadido sin hacer prisioneros y ha degollado a un otoño que apenas nos ha habitado unos días: las hojas caen congeladas de los árboles. Hace un frío vehemente en Madrid que tirita carteras y apaga alientos de dragones, pero aún quedan refugios y caminos a Oz, aún quedan guitarras para zurdos y armónicas afinadas. Anoche hubo un refugio cálido en el Libertad 8 en el concierto de Alberto Ballesteros, que puso contra las cuerdas a este invierno traicionero y despiadado.

Hace un frío de cueva en Madrid, pero Alberto nos trasportó a Solly Street a bucar pelea, yerba o quedarnos demasiado despiertos. Adonde arden las naves y donde no te piden las llaves. Decidido iba marcando el ritmo del concierto, descubriéndonos el camino a Oz de baldosas amarillas. Nos recitó sus canciones, nos las contó como un cuento melancólico de final feliz.

Hacía un frío de estalactita en Madrid, pero nos cobijamos al calor de las canciones de novela de Alberto, que se batía junto a Héctor Tuya, guitarras enfrentadas, en duelo a muerte contra la desidia para vencerla. Y para conseguir un directo que mejora a la grabación.

Hacía un frío de mármol y de acero en Madrid, pero lo vencíamos una vez más con “No habrá dolor” que perfeccionaba una vez más y un poquito más. Esta canción muestra siempre un rincón nuevo donde tomarte una copa, descubres cada vez que la toca una nueva esquina que no habías girado. Un nuevo sentido que se te había escapado.

Hacía un frío de escarcha en Madrid, pero el blues sigue vivo y Ángel Pastor aún tiene la armónica afinada y afilada para encender la chispa adecuada que tumbe cualquier frío de cualquier ciudad, a ambas orillas del río.

viernes, noviembre 18, 2011

Mar donde naufragan mis recuerdos.

Un atardecer más vuelvo a la orilla de esta playa salvaje y virgen a disfrutar de una nueva y única puesta de sol. Me quito los zapatos y meto mis pies, aún con los calcetines puestos, en la orilla. El agua está fría y cortante como la mirada de un asesino despiadado. Incluso me duelen los dientes de lo fría que está. Me como un puñado de pipas y escupo las cáscaras lo más lejos que puedo. Soy tan patético en esto que muchas veces caen en mi abdomen. Doy un buen sorbo a mi cerveza, mi garganta me lo agradece (o se queja) con un sonoro eructo. Me relajo y arrojo todos mis recuerdos y momentos negativos en este inmenso mar, a ver si se ahogan. A veces, los muy hijos de puta, arrastran con ellos algunos de mis recuerdos y momentos positivos, el precio a pagar por poder volver a empezar un nuevo día. Miro al sol, brillante y penetrante, casi tocando el borde un mar que a saber dónde acaba, casi rompiendo un horizonte más limpio que las bragas de una virgen. Me recuerda a una moneda a punto de entrar en una tragaperras o en una máquina de esas con joystick y grúa con la que nunca he conseguido atrapar ningún peluche. Casi espero encontrarme dibujados 3 cirsas en el cielo o que una grúa gigante intente atrapar a una sirena perdida en este mar. Suena una alarma de fondo, tal vez sea el barco del arroz, ese que está tan perdido. Yo creo que son los 3 cirsas y que me han tocado las especiales. Araño como loco la arena de la playa, como intentando encontrar las monedas. El graznido áspero y sucio de una gaviota me saca de mi trance. Una vez más me quedo sin monedas. Una vez más estoy a punto de gritar queriéndome tragar los puñados de arena donde, seguramente, esté aún la colilla del piti que me fumé ayer.

Me tranquilizo, me quito de la cabeza la idea de comer tierra y colillas… mi estómago me lo agradecerá. Ya más calmado me levanto y me limpio las cáscaras de pipas que me quedan por el cuerpo. Una ola intenta arañarme los tobillos, intuyo que son mis malos recuerdos depositados en este mar intentando volver a torturarme. Ahí las dejo naufragando. Los necesito ahí para poder empezar un nuevo día.

Antes de irme dedico un último vistazo al sol, que está siendo devorado y asfixiado entre el horizonte y el mar. Volverá a nacer un nuevo sol, como volveré a nacer yo.

Vuelvo, mi tutor me espera, como cada día. Me abraza y me dice que lo he conseguido un día más, que ya llevo 3 meses sin jugar a las tragaperras. “Je”, le digo y me callo, y pienso para mí que juego a diario en esta playa. Aunque nunca alineo los 3 cirsas ni nunca pillo a la sirena de cintura mareante con mi grúa imaginaria. Como siempre esta última parte la ahogo, como un mal recuerdo naufragando en un mar apagasoles.

lunes, septiembre 19, 2011

Tres formas de perder la cabeza

La oscuridad del bosque es tan densa como un pastel de tres chocolates, camino junto a las vías de tren más tétricas que haya visto nunca, pisando a saber qué, tal vez hojas muertas de un árbol que ya no existe o crujientes cucarachas que fueron buscando un lugar donde morir. Camino junto a las vías como si fuera un río muerto y contaminado, donde sólo habitan zapatos, latas de cocacola y condones con nudo.

Respeto mucho a esas vías, que me susurran un graznido con desprecio, tal vez me estén insultando. Acerco mis oídos a ellas y su silbido punzante me chilla que un tren se acerca, aunque aún está lejos. Es el momento de coger al toro por los cuernos y al tren por la chimenea. Tengo miedo, claro que tengo miedo, y eso es bueno, ¿acaso no es el miedo el brazo más fuerte con el que me agarro a esta vida? Me pongo de pie sobre las vías y escupo en ellas un lapo de varios centímetros de radio. Sonrío tenuemente – el tren va a derrapar, digo –.

Me meto las manos en los bolsillos y me voy a mi sitio favorito de la vía, justo donde está la curva más cerrada, andando por uno de los raíles creyéndome un malabarista perdedor. - ¡Y sin red!, grito, sacudiendo una sonrisa que no proyecta nada de luz - Nunca me he explicado cómo coño se las apaña un tren para tomar esa curva – reflexiono cuando dejo de sonreír como una maldita hiena -.

Acerco de nuevo la oreja a la vía, el raíl casi me muerde la oreja con un chirrido eléctrico y perforador. Ya casi está aquí el tren. Pasajeros al tren.

Me llamo Marcos, y estoy a punto de perder la cabeza.

Me pongo en mitad de la vía, con unas manos cobardes que se esconden cabizbajas en mis bolsillos. Mi pupila se sale de las órbitas al ver, ya no tan lejos, el foco del tren que se acerca como una manada de velociraptores intentando arrancarme a dentelladas la vida. Trago un depósito de saliva mezclada con un puñado de mocos y que hubiese preferido escupir. Me tiembla el pulso y mis pulsaciones rozan las 160 por minuto. Mi pies dudan y quieren salir corriendo, mientras yo les ordeno vehemente que se queden donde están, como si fueran un par de perros malcriados. El tren se acerca y empieza a pitarme – Es porque soy guapo, rico y muy bueno, me digo para espantar al miedo, aunque es tan efectivo como intentar derrotar dragones con cazamariposas -. Mi esfínter anal pierde el pulso – esto sí que es un pastel denso de tres chocolates, me digo -. Mi vejiga explota en un recuerdo húmero entre mis piernas. No me muevo de las vías. El tren está a unos 200 metros. Aprieto los dientes y me trago los empastes, las fundas y una muela del juicio. Saben a sangre, arena y barro. El tren está a unos 100 metros. Y yo estoy quieto en mitad de la curva relampagueante. Un torbellino de adrenalina se apodera de mi sistema circulatorio. Tengo una erección de caballo en celo – no por lo largo, sino por lo eficaz -. El tren está a 50 metros. Cuanto hacia atrás desde cinco. Cuando llegue a cero saltaré y caeré sobre las hojas muertas o las cucarachas como un saco de mierda. Cinco… el foco del tren me mira como un cíclope imparable… cuatro… noto como trozos de carne de la palma de mi mano pasan a formar parte de mis uñas de gato manso… tres… mi corazón empieza a quemar el leño rojo… dos… mis pies quieren saltar, salvarse, pero no se atreven a desobedecerme, son aún más cobardes que mis manos… uno… me corro encima, adornando el recuerdo húmedo… cero… salto justo a tiempo y evito el tren. Respiro aliviado en el suelo, que me recoge con sus manos rocosas y asquerosas. Tirito de miedo, pasión o frío. Mis manos tiemblan como las alas de un colibrí harto de cafeína. Mis pies están dormidos, como si un millón de hormigas carnívoras se estuviesen dando un festín a mi costa. En fin, que me siento vivo de nuevo, me siento feliz de nuevo. Hora de volver a casa.

Estás en la barra de un garito que no sabes ni cómo se llama, como te gustaría que pasara con tus amantes… si los tuvieras. Sientes que no estás, que no respiras. Que no tragas ni palpitas. Sientes que no sientes nada, que es la peor de las cosas que puedes sentir. Necesitas algo diferente que te estimule, un golpe de efecto que te descoloque y te desmarque de una vida que no sientes como tuya. Necesitas hacer algo urgentemente porque el aire ya no cala en tus pulmones coloreados con un amarillo nicotina. Te bebes de un sorbo el gintonic que te has pedido, aunque la tónica sigue entera. Te vas al baño, esperando encontrar un poco de aliento, un poco de salsa para tu sosa vida. Ves el espejo inmenso que tiene el baño. Te ves en él y no te gusta lo que ves.

Te llamas Rosa, y estás a punto de perder la cabeza.

Te apartas un poco del espejo, que casi te insulta con lo que te enseña, porque la verdad es el arma que más duele, que más se clava cuando te atacan con ella… porque difícilmente tiene defensa eficaz. Te alejas otro poco, para verte un poco difusa, para que el color de ese cristal con el que te miras sea un poco distinto, como si alejándote la luz fuese a mostrarte otra cosa. Y parece que lo consigues, parece que ya no eres tú quien está delante del espejo sino alguien mejor. Alguien que siente. Te muerdes los labios escasos de besos, te clavas los dientes hasta saborear el cálido paladar que tiene tu sangre. Tocas tus senos, que empiezan a endurecerse y a querer asomar como un pollo recién salido del huevo. Te gusta lo que ves en el espejo: alguien que siente. Tú jamás sientes, y te machacas por ello. Notas un ruido en algún lugar del baño. Eso te excita y casi ruegas que entre alguien. Alguien que te bese: que te haga sentir.

Te buscas entre las piernas, donde tienes un pequeño oasis que casi siempre es un espejismo. Esta vez no es un espejismo. Esta vez sientes. Tal vez porque lo que ves en el espejo no es la realidad. Pero te da igual. Sientes. Acaricias tu botón y formas pequeños círculos, como rodeándolo. Escribes la palabra deseo sobre tu abdomen y deseas con todas tus ganas tomarte un sorbo de ti usando tu ombligo como vaso improvisado. Tu garganta ruge, tus dientes desean arrancar un poco de sabor carnal de un aire cargado de tabaco. De repente alguien abre la puerta, tu cuerpo se pone en tensión, gimes derramando un susurro que llena el baño de destellos. Miras al espejo y ves a alguien feliz, a alguien que pierde la cabeza por ganarle a la vida un racimo de sentimiento. Quien quiera que sea decide no entrar. Tal vez te ha visto, tal vez le ha surgido otra cosa. Ya no te importa: ya sientes. Y pierdas la cabeza mientras te corres y disfrutas de la imagen que ves en el espejo. Te retuerces de placer como una cometa luchando contra un tornado.

Te sientes viva de nuevo, te sientes feliz de nuevo. Es hora de volver a casa.


Siempre la ha gustado mucho su nombre. Aunque es de las pocas cosas que le gustan de ella. Le dicen que es demasiado controladora para ser feliz. Que no arriesga nada. Que nunca muestra sus cartas ni pronuncia una palabra más alta que otra. Que la mayor locura que ha hecho ha sido no pagar una multa en los primeros 15 días. Se siente avergonzada por ello, pero es que tenía a su hija en el hospital y no podía ir a pagarla. Tuvo que conformarse con pagarla a los 20. Su vida está llena de huecos de experiencias que no podrá llenar fácilmente Ya no sabe qué hacer para salir de esa jaula autoimpuesta de control, de riesgo cero y apuestas seguras en la que se ha encerrado. Hoy quiere cometer una locura: Va a ir a un concierto de Dream Theater. Apuesta arriesgada teniendo en cuenta que sólo ha ido a conciertos de Los Pecos. Disfruta de las canciones, de los combates a muerte de John Petrucci contra una guitarra atronadora y maravillosa.

Se llama Jimena, y está a punto de perder la cabeza.

Mastica un chicle sin azúcar que se deshace entre sus dientes. Se lo traga, nerviosa, porque está a punto de colarse como una vulgar loca en el escenario. La noche es fría y clava sus rayos de hielo sobre su fina piel. Se aparta de la muchedumbre y se desnuda entera dejándose sólo una máscara que le tapa parte de la cara. En sus tetas escribe: “Kevin, quiero un hijo tuyo”. Sueña con vestirse e irse. La parte razonable de tu cabeza que siempre te ha dominado se deshace como un chicle sin azúcar entre tus dientes. Pero sus ganas de salir por una vez del tedio, de su jaula, de tomar un puto sorbo de aire fresco pueden y le animan a cometer la locura. Sueña con que huye volando, con que el universo va a protegerla de todo. Se da una guantada y se convence de que ella es la única que puede protegerse. Reúne el valor que le queda a regañadientes y sale al escenario. Desnuda como los deseos más tiernos de un bebé. Desnuda como un pequeño pájaro que quiere volar sin apenas plumas. El concierto para. Se hace un silencio casi completo. Se escuchan algunos silbidos, no, lo que se escucha es un tren a lo lejos, se escucha un gemido de una chica saciándose. Se escucha, por fin, el sonido metálico de una jaula y unos grilletes que se rompen. Todos la miran y, de repente, se quita la máscara. Kevin, el cantante de Dream Theater, deja de cantar y le aplaude. Todo el mundo le sigue. Todo el mundo le aplaude.

Se siente viva de nuevo, se siente feliz de nuevo. Es hora de volver a casa.

sábado, agosto 20, 2011

Daredevil: Tierra de sombras




Daredevil se ha construido su propia torre de naipes en su propia cocina del infierno. Parecería que una torre de naipes podría derribarla el lobo de un soplido. Pero es que... él es el lobo. Ha metido la pata con la mano (ya saben, el grupo ninja). Ha desandado con las manos (ya saben, las que forman parte del brazo) lo que debería caminar con los pies. Daredevil es el lobo, el diablo que hace de su infierno una cocina para cocer a fuego lento todo lo que le rodea. Como diría una amigo: que no se entere la mano izquierda lo que hace la mano derecha. Y Daredevil las ha juntado, se ha frotado las manos mientras la mano operaba a las órdenes del lobo, de la bestia, del diablo negro del alma negra embutida en el traje negro de Daredevil. Daredevil es mano en esta partida de cartas, con las que se ha construido un castillo al que temen incluso sus mejores amigos. Ha construido un castillo de naipes al que nadie tose y a cuya sombra se arrima Kingpin. Siempre es Kingpin, porque Tierra de Sombras es un mar de luz para el mafioso gordo. Un as en la manga de una mano amputada. Es echar una mano al mafioso.

Mientras, los amigos de Matt se echan las manos a la cabeza y les cuesta arrancar y ponerse manos a la obra cual leñadores para tumbar al lobo, al diablo, a la bestia... al que todo esto se le ha ido de las manos.

domingo, junio 19, 2011

Figuras en las nubes.

El horizonte absorbe poco a poco a un sol cobarde que sangra naranja sobre un cielo de color imposible proyectado en el mar. Unos pájaros vuelan cansados y penetran en este sol malherido y maltrecho. La luna amenaza con salir llena y bordar el cielo de noche. Las nubes aún se ven, mientras el sol agoniza, y dibujan figuras extrañas. Algunas románticas, algunas graciosas y otras terribles.

Jaime está tumbado en el césped mirando las nubes y adivinando sus formas. Mordisquea una rama de trigo mientras que, con el ceño fruncido, adivina un burro con alas en una de las nubes. Un diente de león sobrevuela lánguido alrededor de la cara de Jaime, como jugueteando con él. Esto despista a Jaime que, de un zarpazo, aplasta al diente de león mientras susurra: “No volverás a morder a nadie, león malvado” mientras construye una mueca con alma de sonrisa.

Su hermano mayor siempre le dice que su imaginación es prodigiosa con las nubes y que siempre vislumbra las figuras que para los demás escapan. Su hermano mayor siempre le dice también que su imaginación es un don que tiene y que tiene que cultivarlo cada día, que no lo deje aparcado.

- Hey, Jota, ¿qué has visto esta vez, enano? – Le dice Pedro a su hermano pequeño. Pedro llama siempre Jota a Jaime y aunque Jaime nunca le ha dicho nada a su hermano, le encanta que lo llame Jota. Le gusta mucho que lo llame así, seguramente porque le hace sentir mayor, porque le hace ser un igual a su hermano.

- ¡Pedro! No te había visto, Pé. – Dice Jaime, al que se le encienden los ojos cada vez que su hermano habla con él.

- No me llames Pé, renacuajo.

- He visto a un burro con alas Pé… - mira a su hermano mayor que le marca con un puño cerrado y decide acabar su nombre- …dro.

- No jodas, ¿dónde? Le dice Pedro relajando el puño.

- Mira, allí está el hocico, las patas, las orejitas… ¡y mira las alas! ¿Son alas, verdad?

- Sí, son alas, Jota. ¿Te gustaría tener alas, verdad?

- Sí… bueno, sí, me encantaría, y, ¿sabes por qué? La imaginación de Jaime se dispara. También ese brillo de ilusión en los ojos.

- Claro que lo sé, enano. Para ver de cerca las nubes. – Responde contundente Pedro.

- …Y para ver las nubes por el otro lado. Me gustaría formar figuras con las nubes pero visto desde arriba.

- ¿Desde arriba? ¿Desde el espacio, dices? Guau, Jota, eso sería la puta hostia.

- Síiiiiii. Pero mamá no quiere que digas palabras de mayores. Y menos delante de mí.

- Pero la ocasión lo merece, la idea de ver las nubes desde arriba me parece fantástica, y ¿sabes qué, Jota? Algún día, tú y yo, veremos las nubes desde arriba y adivinaremos figuras. Apuesto a que desde arriba no eres tan bueno como desde abajo.

- Ohhh, ¿me prometes que algún día lo haremos? ¿Me lo prometes? ¿Me lo prometes?

Pedro hace como si se rajase su mano (hace un sonido como de desgarro con la boca) y hace lo mismo con su hermano y juntan las manos.

- Es una promesa de sangre, Jota, algún día tú y yo veremos las nubes desde arriba – dice muy convencido Pedro, impresionando al inocente Jaime.

- ¡Bien, lo haremos! – dice rebosante de alegría Jaime mientras da palmas con las manos.

- Debemos irnos, es tarde y mamá estará preocupada.

Jaime y Pedro se van, de la escena de la promesa. La luna llena, testigo insólito y taciturno de la promesa, sin que los hermanos lo sepan, se hará partícipe de ella.

Pedro al día siguiente empieza a olvidar la promesa. Jaime se la recuerda cada cierto tiempo, pero Pedro lo ignora, hasta que lo olvida por completo, mientras, Jaime, vive cada día con ilusión poder ver las nubes desde arriba. Pedro ha olvidado la promesa que selló con la tinta más maravillosa, la sangre. La luna, cruel y despiadada, se lo hace pagar a Pedro.

Pedro se hace un hombre (que olvidó una promesa), Jaime un hombrecito (ilusionado con su promesa). Una noche, con la luna tan grande como un sol, tan cerca de la tierra como nunca se recuerda, Pedro se bañaba en el mar, también testigo de la promesa y también cruel y despiadado. La luna se asoció con el mar y lo batió con violencia. El mar tiró de Pedro, hacia dentro. Se lo tragó como a un sol cobarde al caer la noche. Pedro murió, por no cumplir su promesa.

Jaime se hace un hombre (y aún recuerda la promesa, mucho más después de la muerte de su hermano mayor) y estudia y se prepara. Y consigue hacerse astronauta. Y después de muchos años y mucho esfuerzo consigue tripular un viaje a la luna. A la asesina incapturable de su hermano. Al salir de la superficie terrestre mira por una de las escotillas de la nave. La imagen es preciosa, la Tierra está preciosa. Y, por fin, cumple su promesa y ve las nubes desde arriba. Jaime se echa a llorar. Llora porque está triste, porque su hermano no ha podido cumplir la promesa con él. Llora porque le echa de menos. Pero sobre todo llora por lo que ve en las nubes. Llora porque la imagen que adivina en las nubes vistas desde arriba es el rostro de su hermano Pedro.

jueves, junio 02, 2011

Manuel Cuesta en Galileo 2




Vibró, emocionó, explotó, sudó, remontó, desgañitó, partió, asombró, despertó, congeló, sobrecogió, rasgó, desenvolvió, remató, desarmó, ensalzó, embaucó, hipnotizó, rememoró, rindió, participó, asoció, maravilló, sonó, soñó, desenfundó, repartió, apasionó, dedicó, arrastró, arrasó, ascendió, descendió, versionó, acompañó, guiñó, desprendió, deslumbró, alumbró, guió, arrancó, abrazó, ovacionó, voló, despertó, disparó, cargó, desgarró, desentrañó, lució, trazó, planeó, vivió, reventó, cumplió, arañó, golpeó, arremetió, tocó, gritó, enmudeció, bordó, gozó, acarió, besó, firmó, abrió, cerró, desenmarañó, conquistó, perpetró, impresionó, construyó, recitó, presentó, devoró, descongestionó, presionó, gesticuló, aulló, bramó, aterrizó, desbarató, amenizó...

Y además de todo esto, queridos amigos, Manuel Cuesta y su banda se sacaron de la manga una puta maravilla de concierto irrepetible.

martes, mayo 31, 2011

Manuel Cuesta en Galileo Galilei


Recuerdo el día en el que conocí a Manuel Cuesta, en un concierto en el Barcelona 8 al que fui con Elvira allá por noviembre de 2009. Fui con una camiseta del traje negro de Spiderman, la misma que luce Manuel en su disco “La vida secreta de Peter Parker”. Se me acercó, señaló con el dedo mi camiseta y me dijo entusiasmado: “Eh, es la camiseta que llevo en el disco”.

Ahí explotó todo, fue el big bang de una amistad que perdura y crece con el tiempo. En expansión, como el universo. Ese mismo universo que hemos jurado proteger contra todo villano que quiera destruirlo. Muchas veces lo hablo con Elvira, comentamos cómo surgió todo. De lo extraño y lo bello, de lo fantástico y lo carambólico de cómo surgió todo.

Recuerdo una entrevista que le hice, para publicarla en un foro y en mi blog, probablemente la entrevista más friki que he hecho y que le han hecho. Fue una puta maravilla de entrevista. Terminamos de cervezas, vencimos a nuestros demonios y lo celebramos con comida rápida americana, como hubiera hecho el propio Spiderman después de tumbar a un dios. A veces, en este mundo que no se cansa de repetirnos que no valemos nada, hay cosas que encajan, que engranan y se transforman en algo maravilloso. Me gustaron de Manuel Cuesta muchas cosas aparte de su voz de torbellino y sus condiciones musicales: este tipo, como Rorschach, nunca se rinde. Necesitamos gente así, en la música y en la vida, y ambos aspectos los domina Manuel, acostumbrado a equilibrarse sin red sobre las cuerdas de su guitarra y su garganta.



Recuerdo cuando Manuel presentó su disco “La vida secreta de Peter Parker (1)” en el Libertad 8. Estaba aterrorizado, le temblaba todo excepto la voz y el pulso. Estaba asustado como lo estaría Spiderman si tuviese que enfrentarse de nuevo a Morlun. Pero Manuel agarró su guitarra, se terminó de un sorbo la tila, y como Spiderman armado con sus lanzarredes, se subió al escenario y venció al enemigo. Libertad 8 ardía de entusiasmo, vibraba con una pasión difícilmente igualable. Manuel sudaba a cántaros, como espoleado por la carga explosiva de su música, como si asumiese con su cuerpo todo el calor con el que lo bañaba todo el Libertad 8 tan lleno como nunca se recuerda.

La noche del próximo miércoles 1 de junio en la sala Galileo Galilei será en unos días otro maravilloso recuerdo de Manuel Cuesta, un nuevo hito en su formidable carrera. El río que va a dar a la mar de su Peter Parker 1. La próxima noche del miércoles 1 de junio será una fiesta donde se reúnan Spiderman y sus asombrosos amigos y terminarán de poner la última pieza para que todo encaje de nuevo, que le dará un sentido y una meta a una carrera musical.

El espectáculo comenzará a las 21:00, y lo hará con el gran sidekick Alberto Ballesteros. No te lo puedes perder, porque las voces y los acordes estarán más vivos que nunca, brillarán con más fuerza que nunca en el escenario los astros que el propio Galileo hubiera soñado descubrir mientras surcaba el cielo con su telescopio.

Nos vemos allí, prepara tus tímpanos y tu garganta.

martes, mayo 10, 2011

Currículum

De: Morales Pastor, Blas
Enviado el: martes, 10 de mayo de 2011 15:24
Para: Zamora Rentero, Marta
Asunto: Oferta de trabajo en Displex, S.A.


Estimada señorita Marta Zamora,

Según conversación telefónica me pongo en contacto por mail para que me envíe lo antes posible un currículum suyo ampliado así como para que me describa su experiencia laboral y curricular que no venga reflejada en su currículum y que considere apropiado aportar.

Quedo a la espera de su respuesta y, sin otro particular, me despido.

Saludos cordiales,

Blas Morales Pastor
Director R.R.H.H. de Displex, S.A.

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De: Zamora Rentero, Marta
Enviado el: martes, 10 de mayo de 2011 17:11
Para: Morales Pastor, Blas
Asunto: Re:Oferta de trabajo en Displex, S.A.


Estimado Blas Morales, director de R.R.H.H de Displex, S.A.

Mi experiencia laboral, como le comenté por teléfono, es escasa reduciéndose prácticamente a las prácticas que desempeñé mientras estudiaba en la academia. Por el contrario, puedo aportarle juventud, ilusión, y una serie de valores y méritos que difícilmente puede ofrecerle algún otro candidato al puesto. Por mi forma de ser, mi inquietud y mi disciplina autodidacta he logrado grandes méritos en la vida que puedo poner a disposición de Displex y llegar a ser un activo importante en su empresa.

Quedo a la espera de sus noticias y a su disposición para una entrevista personal en cuanto considere oportuno.


Marta Zamora Rentero.


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De: Morales Pastor, Blas
Enviado el: martes, 10 de mayo de 2011 17:29
Para: Zamora Rentero, Marta
Asunto: RW:Re:Oferta de trabajo en Displex, S.A.


Estimada Marta Zamora,

En Displex valoramos mucho la juventud, la ilusión y las ganas por aprender. Aunque su experiencia profesional no se ajusta al perfil que buscamos, sí que nos convencen sus otras cualidades. Por favor, ¿podría detallarme esos valores y méritos que señala en su anterior mail?

Les estaríamos muy agradecidos si lo hiciera y sería de gran utilidad para que nos decidiéramos por usted para el puesto.

Saludos cordiales,

Blas Morales Pastor
Director R.R.H.H. de Displex, S.A.


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De: Zamora Rentero, Marta
Enviado el: martes, 10 de mayo de 2011 17:29
Para: Morales Pastor, Blas
Asunto: Re:RW:Re:Oferta de trabajo en Displex, S.A.


Estimado Blas Morales,

Es todo un orgullo que me consideren para el puesto a pesar de mi poca experiencia y que valoren mis otras cualidades, que rara vez y en rara empresa ocurre.

Paso a describirle mi experiencia no profesional difícilmente de plasmar en papel:

He desentramado el tejido de la realidad, soy capaz de modificar a pequeña escala el presente, el pasado inmediato y el futuro más próximo. Tengo la habilidad de cambiar el curso de un río y de abrir las aguas de los mares más feroces. Una vez conseguí revivir un colibrí e hice florecer un puñado de flores marchitas.

En una boda de unos amigos convertí el agua en vino con facilidad. Todos lo celebramos con alegría. En esa misma boda multipliqué las tartas y los bombones.

Si me esfuerzo y me concentro, soy capaz de leer la mente a la gente (no puedo conseguirlo con cualquiera y luego tengo terribles jaquecas).

Un par de veces conseguí convertir el carbón en diamante. Un diamante fino y brillante, casi como mi sonrisa después de conseguirlo.

Puedo parar el tiempo y puedo hacer cosas mientras el resto de la gente está congelada, y de hecho estoy escribiendo este mail con el tiempo parado, fíjese en la hora de mi respuesta, ¡es la misma hora a la que me envió el mail y he escrito todo esto!

Hablo 10 idiomas y todos los aprendí en un día, son fáciles, ¡visto uno, visto todos!

Puedo hacer levitar las rocas más pesadas y hacer desparecer las moles más gigantescas. Puedo ver en la oscuridad y tras las superficies más opacas. Y creo que no envejezco.

Soy capaz de volar por mí misma (¡no espero colas para subir a un avión!) y nadar, correr o pelear sin agotarme.

Con preparación, soy capaz de gobernar los cuerpos de otras personas siempre que sean aptas.

Y, lo mejor, puedo hacer que todo el mundo se enamore de mí.

Espero que la descripción sea de su agrado y que cumpla con sus expectativas.

Marta Zamora Rentero



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De: Morales Pastor, Blas
Enviado el: martes, 10 de mayo de 2011 18:02
Para: Zamora Rentero, Marta
Asunto: RW:Re:RW:Re:Oferta de trabajo en Displex, S.A.


Estimada Marta Zamora,

El trabajo de Mago de Primera ofrecido por Displex, S.A. es suyo.

Saludos cordiales,

Blas Morales Pastor
Director R.R.H.H. de Displex, S.A.


---- Mostrar texto citado ----

lunes, marzo 28, 2011

Un soplo

Hay un soplo de sur
en mi estela de norte
donde trazo futuro
de pasado asustado

No hay veleta sin ti
No hay temor si me amas

Hay un soplo de voz
en mi hueco silencio
donde muere el olvido
de mejores recuerdos

No hay canción sin tu boca
No hay calor sin tu cama

Hay un soplo de luz
de mi vela invencible
donde explota huracán
y mi llama aún resiste
que se apaga si callas

No hay razón sin tus manos
cuenco capaz de mi alma

Hay un soplo sin fin
que alborota mis alas
todavía pobladas
de mi tinta y tu sangre
hiela a ratos
hierve canalla

No hay pasión sin tu tez
No hay sabor sin tus ganas

Hay un soplo de amor
en cada una de tus miradas
No ha razón sin tus besos
en cada espacio de mi piel

Tu sal, mi voz
Tu azúcar, mi llama
Tu risa sin prisa
es un mar de palabras
donde bañarme a diario
en tu orilla desatada

Hay amor, y es este mío
que palpita sin pausa
en la candela perenne
que ardes en mi espalda

No hay lugar
ni gesto
ni aura
que se prenda
sin ti

sin ti.

viernes, marzo 18, 2011

Venganza

El auricular del teléfono de una cabina cuelga y se balancea con tétrico ritmo, como si fuese un ahorcado ya muerto. Tu brazo luxado juega a hacer un péndulo muy doloroso. Hay un neón que chirría un susurro eléctrico, como pidiendo ayuda. Tus dientes también chirrían, aunque no hay nadie a quien pedir ayuda, todo el mundo está como tú. Sigues adelante.

Las princesas se marchitan y ya nadie las saca a bailar, malviven por las calles y deambulan sin futuro ni destino. Tú tampoco tienes destino (sonríes amargamente porque no sabrías cómo traducir esta palabra al inglés, si como destination o como fate). El asfalto de la calle se levanta y las aceras se hunden, como si tuviesen una urticaria galopante. Tu piel castigada por el sol y por la arena se vuelve tan roja como tus ojos inyectados en sangre.

Tu ciudad se desmorona y tú con ella. Tal vez tu mundo se esté desmoronando. Te preguntas qué cojones está pasando.

Sale humo de casi todos los edificios y pus de casi todas tus heridas. Aúllan locas y descontroladas las alarmas de todos los bancos, que ahogan las voces y gritos de la gente que realmente necesita ayuda, que avisan a nadie que pueden que estén intentando robar su inútil dinero. Su nada.

Una alcantarilla se está tragando la sangre de un perro muerto y decapitado. La marquesina de la parada de un autobús ha aplastado a alguien que esperaba un bus que nunca ha llegado. Un avión se desploma y un tranvía descarrila. Se hinchan tus dedos, seguramente estén rotos.

Sopla un viento frío que hace mover una puerta sujeta de una sola bisagra, ruge como un tigre malherido. Tus dientes bailan reggeton en tu boca. Hay un coche parado en el arcén con las luces de emergencia puestas. El tictac ronco del único intermitente que funciona apenas no captas. Tus tímpanos son la piel de un tambor muy viejo y usado.

Una luz nace al fondo que te ciega. Tus pupilas se convierten en tu iris y, cuando menguan, consigues leer: “POR LA VENGANZA DE AURORA”.

Mueres sin tener ni puta idea de qué coño está pasando.

martes, marzo 08, 2011

Las Ollerías



Hay una avenida en Córdoba que vertebra una ciudad y un poemario. Esta avenida se llama Ollerías y da título al nuevo libro de Joaquín Pérez Azaústre, un libro vestido y premiado con la elegancia de Loewe, y que presenta el miércoles 9 de marzo a las 21:30 en el libertad 8, ese templo de acordes y versos.

Joaquín presenta su nuevo libro de poemas, que es un pulso tenaz de un pasado que se empeña en volver y en derrotarnos. Es un debate íntimo expresado en verso entre los titubeos eternos y las seguridades más férreas. Entre el ancla y el triple salto mortal sin red. Una pasión de temores, heridas y alegrías plasmadas a trigo limpio en unas páginas irrepetibles. Un tiento a lo intangible, un darle forma con éxito a lo etéreo.

La poesía de Joaquín en Las Ollerías roza el vértigo de los bordes y los límites, una poesía que palpita los agujeros negros de tu alma, que te acerca un poco más al precipicio que te devuelve la mirada y te devora. Es un recorrido audaz de las latitudes de la poesía y las longitudes de toda mirada, una marca suave y plástica que se adhiere a tu boca al recitar. Como si tus labios siempre hubieran hablado estos poemas, como si al leerlos expresaras lo que sientes y padeces.

Joaquín presenta su nuevo libro, que es una nueva genialidad, que abre las puertas fértiles de la poesía a una dimensión quizá desconocida aún por muchos.

Si faltas a la cita del miércoles, el resto de tu vida sentirás que algo te falta. Quizá un suspiro, quizá la magia.

lunes, febrero 14, 2011

Escudo

A Elvira, con todo mi amor

- ¿Qué haces? – Le dices a Saúl intrigada. Te acercas por detrás y lo abrazas. Lo besas con todo tu amor.
- Un escudo, pequeña Elisa – te dice – mientras graba con trazos torpes con una navaja poco hábil un SxE en el árbol del parque donde lo conociste. Se gira levemente y te devuelve el beso en los labios. También con todo su amor.
- Pero qué torpe eres grabando con la navaja, mi amor – le susurras con cariño – menos mal que eres mucho más diestro con otras cosas, je.
- Sí, soy torpe con la navaja, ya sabes que soy objetor de conciencia, pero quedará un SxE totalmente legible. Me iba a aventurar a hacer un S “corazón” E pero, mi amor, no me atrevo. – Te dice Saúl un poco ruborizado por ser tan torpe con la navaja. Quizá también por el chiste picante que le soltaste.
- ¿No te atreves a grabar un corazón? Qué lelo eres… - le dices acariciándole el pelo.
- Jejeje, no, no me atrevo, pero no porque sea torpe. No me atrevo a dibujar un corazón que represente nuestro amor… Saldría enoooooorme – te dice abriendo mucho los ojos, gesticulando con las manos y haciendo mucha énfasis en la o.
- Ya, claro, ya… pero, ¿por qué dices que estás haciendo un escudo? – Le preguntas interesada
- Je. Saúl se vuelve y sigue con su trazo tosco grabando en el árbol. Es un escudo – te dice – para proteger nuestro amor. También para proteger a este árbol. Él nos protegerá a nosotros y nosotros a él. Mientras este grabado esté aquí, nuestro amor permanecerá intacto – te dice mientras quita trocitos de madera del árbol con la mano. Quiero que a partir de ahora – continúa – volvamos a este parque el día de nuestro aniversario todos los años. A visitar nuestro árbol. A cuidarlo como metáfora de que debemos cuidar nuestro amor.

Sonríes. La idea te gusta y te ilusiona. Esperas que termine de grabar para abrazarlo y besarlo. Encajas en él, en su cuerpo, como una pieza imposible del tetris. Cada curva tuya corresponde con una curva suya. Cada espacio te lo llena con él así como llenas cada uno de sus huecos. Sus labios encajan perfectamente en tus labios. Sus brazos dibujan el contorno frenético de tu figura. Sus dedos tocan tus teclas de piano. Sus manos te protegen y te dan cobijo. Tus labios son su fuente (de agua y de inspiración). Tus ojos verdes bañan de color sus ojos marrones casi negros. Su calor te inunda. Tus piernas se entremezclan con los surcos de las suyas. La sal de sus lágrimas se asocian con tu saliva dulce y la mezcla acaba en vuestros labios, y bebéis de ella. Tu aire es su aire. Su luz tu consuelo. Su hombro es una almohada terapéutica que se funde con tu frente. Os abrazáis y os sentís uno. Os besáis y sentís que todo es posible. Y con un beso selláis un escudo que os protegerá siempre.

Y pasan los años. Y siempre volvéis al parque el día señalado de vuestro aniversario. Los árboles van cayendo, por tala, terribles lluvias o soles sofocantes. El parque queda a la suerte de un futuro incierto. Lo abandona el ayuntamiento y todo el mundo le da la espalda. Salvo tú y él. Que volvéis año tras año. A cuidar el árbol que os protege. A seguir sellando el escudo y el pacto. Cada año pasa algo y van desapareciendo los árboles, salvo el vuestro. Un año incluso un constructor quiso talarlo para hacer un centro comercial en vuestro parque, pero hasta tres veces falló cuando casi lo tenía: curiosamente las dos sierras eléctricas que tenía se rompieron y la manual acabó mellada. Incluso los constructores entienden las señales, incluso las señales románticas. Desistió.

Y allí sigue vuestro árbol. Y siempre volvéis al parque, año tras año. Y os sentís protegidos. Y sentís que vuestro amor sigue siendo bello y posible, hermosamente posible. Y, como vuestro árbol, supera tormentas, insolaciones y sierras mecánicas. Le besas con más amor cada año delante de vuestro árbol. Le dices que le quieres. Te dice que te quiere. Le dices que te sientes muy querida. Le abrazas hasta atraparle el alma, que ya es tuya. Te abraza hasta que os hacéis uno. No pueden con vosotros las tempestades. Tampoco las marejadas. Ni los miedos ni los traumas.

Y pasan los años y el árbol sigue allí, con raíces fuertes y con un escudo que salva todos los escollos. Incluso, muchísimos años después, sobrevive a vosotros que pedís que vuestras cenizas abonen vuestro árbol imbatible. Y vuestra ceniza, vosotros, tú y él, ya sois parte de un árbol que os une. Sois uno después de una vida plena. Y os seguís amando más allá de toda vida.

martes, febrero 08, 2011

Sujeto Redo

Ya casi es la hora de que vaya al bosque, qué ganas tiene de ir, qué ganas de ver a Rachael. Entre la bruma de aquel extraño pero acogedor bosque se sentía seguro. Bajo el cobijo de las copas frondosas de los árboles se sentía protegido. Había sufrido mucho y ver morir a todos los que te rodean no se supera fácilmente. Quizá no se supera, así, a secas. Pero la hora al día que pasaba en este bosque, ah, era un remanso de paz, una caricia de una brisa suave en mitad de un vendaval monstruoso. Redo, que así lo llamaban aquí, era el último superviviente del planeta Aurora. Sabía que el bosque en el que pasaba una hora al día era artificial, que el cuerpo militar de los Estados Unidos lo había creado específicamente para él. Pero no le importaba, le recordaba a Aurora, a su hogar. Además, cada vez que venía al bosque lo hacía de la mano de Rachael, la bella Rachael, la más hermosa entre las humanas. Ella, con esos ojos planetarios, le recordaba a Ktra (lo que aquí llaman novia) y, a veces, para arrancarme una sonrisa y cuando hablábamos de Ktra, Rachael la llamaba Reda. Ella sonreía, y se le aparecían en la cara pequeños hoyuelos, que parecían los más hermosos cráteres de Ktra. Qué ganas de ver a Rachael, qué ganas de estar en mi bosque. Ya casi es la hora.

Entonces Rachael entra en la habitación del búnker de Redo, al que se le caería la baba nada más verla si la produjese. Su pelo negro y largo le recordaba a las más hermosas noches de Aurora, sus dientes eran las gotas de rocío de los más maravillosos amaneceres. Sus labios, eran como el más romántico de los atardeceres. Ella le acaricia la cabeza mientras la mira embobicado. A Redo se le cae la piel, que se oxida en este planeta. Inmediatamente le sale otra nueva. Es repugnante, pero a Rachael no parece importarle. Redo la coge de la mano y le vuelve a comentar lo suave que está siempre, como la brisa efímera. Ella le acaricia la mano, que está en constante oxidación. Ella le pone una inyección y, como siempre, le dice que le hará bien. Él se deja y se entrega. Ella le cambia la botella del deuterio que respira, que está cerca de terminarse. Le coge de la mano y se van al bosque. Él le dice que se siente solo. Ella que no lo va a abandonar. ¿Nunca? Le pregunta él. Nunca, le contesta ella. Él, como siempre, vuelve a decirle que debería haber muerto con los demás, que no debería seguir vivo. Ella le vuelve a asegurar que quizá había más supervivientes en su planeta, que no desesperase, que lo necesitaban a salvo para comunicarse con ellos, la semana que viene volverán a intentarlo, le dicen. Él le vuelve a asegurar que no puede más. Ella le dice que reflexione una hora en el bosque, que le ayudará. Él se va al bosque y a la hora vuelve. Quiere seguir vivo, más que nunca. Vuelve a tener la esperanza de encontrar a alguien más en Aurora. Él la abraza y le da las gracias. Le lloraría en su hombro si produjese lágrimas. Ella lo acurruca con unos brazos con son un hogar. Hoy, de nuevo, él no se atreve a decirle que la quiere, aunque lo deja escrito entre líneas en sus labios. Ella lo interpreta, otra vez, y se sonroja. Él suspira dentro de su mascarilla de deuterio. Ella sonríe y baña con sus ojos azul marino el cuerpo de Redo. Ellos vuelven y se despiden en el búnker de Redo. Hasta mañana, se dicen. Cuando se va, él dice a una nada imponente que la echará de menos. Que la quiere. Nadie contesta, salvo el eco de su mascarilla de deuterio.

- Hola, general Thompson – saluda Rachael al salir del búnker y encontrarse con el militar. Puaj – continúa – qué asco da la piel de este bicho.

- ¿Qué avances tenemos, doctora Morgan? - pregunta el general a la doctora Rachael Morgan.

- Muchísimos, general, gracias a este asqueroso bicho y a su capacidad para generar anticuerpos ya tenemos las vacunas de casi todas las enfermedades mortales. Básicamente podríamos decir que nos queda sólo la vacuna para el SIDA.

- Bien – sonríe el general – Cuando decidimos exterminar con un ataque de los virus más nocivos a esos asquerosos bichos del planeta Aurora no pensaba que alguien iba a sobrevivir y, aún menos, que íbamos a conseguir vacunas para todas las enfermedades.

- Sí, es un monstruoso asqueroso pero una auténtica maravilla biológica. Por suerte, desarrollamos también una sustancia que soltamos en el bosque y que al contacto con su piel se pone eufórico. De no ser así, creo que se habría rendido y se habría suicidado.

- Bien, cuando obtengamos la vacuna contra el SIDA mate a Redo. Y guarde a buen recaudo todas las vacunas. Haremos una fortuna con ellas.