sábado, octubre 02, 2010

Los regalos de la muerte XXI

Los regalos de la muerte XXI: Luna menguante

Luna Valdivieso, antes.

La soledad es una roca en su espalda que ya se ha acostumbrado a cargar. Luna se siente sola casi siempre, a pesar de ser mujer de compañía, a pesar de que su belleza no había sido creada para la soledad. Luna se derrumba sintiéndose sola, se fragmenta.

Luna es la mejor puta del Flowers y la más demandada, casi nunca está sola pero se siente sola y ha aprendido a vivir así. La soledad le embarga y se le cuela hasta el tuétano a pesar de que ahora mismo tiene a un hombre encima follando con ella. Ese hombre se llama Julio Gandía y está follando con ella y registrando en su disco duro mental cada movimiento de Luna, cada gesto y cada sonido que emite por gutural que sea. Luna se siente sola, fría, distraída mientras hace su trabajo de forma automática sin prestar ningún tipo de interés e incluso canturreando mentalmente una canción de Nelly Furtado. Él intenta besarla, pero ella se aparta.

- ¡Te la estoy metiendo sin condón y me apartas la cara si intento besarte! - Vocifera el dueño del Flowers.

- Lo siento, Julio, ha sido un movimiento reflejo. Es lo que acostumbro a hacer, ya sabes. Dice Luna, distraída, como si aquello no fuera con ella.

Y deja besarse. El beso le sabe a ella vino de tetrabrick picado. A él le sabe a cerveza barata. Se relame y registra ese sabor.

El asesino, ayer.

Subo las escaleras de Flowers buscando la habitación de Luna, esa puta es el fleco que me queda, es la única forma de que sepan que me he cargado a esos dos mierdas. No me gustan los sonidos que oigo, me vuelven loco, pero de alguna forma estos sonidos me advierten de algo malo, como si me predijesen de alguna forma qué va a ocurrir. No me gusta nada lo que oigo. Subo sigiloso y con mil ojos, y oigo hablar a un tipo en la puerta de la habitación de Luna. Me cuelo en un armario que hay en los descansillos y espero a que se vaya. Afino el oído para oír la conversación, por suerte la puta no le cuenta nada. Consigo verlo cuando baja por las escaleras, lleva gabardina y sombrero, y está más excitado y más empalmado que todos los viciosos que había abajo. Es un puto huelebraguetas. Mierda, mierda, ¡MIERDA! Me digo que debo estar tranquilo, al menos no es Froi el que está husmeando y subo a la habitación para tener una pequeña conversación con Luna.

Luna Valdivieso, antes.

Luna tiene la mirada perdida mientras folla con Julio, sólo le faltaba mirar la hora o mirarse las uñas para mostrar tanta indiferencia. Lleva follando frecuentemente con Julio desde aquel día que la besó y le apartó la cara (nunca más volvió a apartársela). Así lleva mucho tiempo, mostrando más indiferencia con Julio que con el más repugnante de sus clientes. Se siente extraña, lleva un tiempo acostándose con unos tipos por los que siente algo. Incluso teme sentirse enamorada de un tal Javi Lagos. Ese tal Andrés Reyes también le hace tilín, tiene un cuerpazo, pero no pasa de ahí. La sonrisa perpetua con la que Javi siempre viste su cara le da un plus que la enamora.

Julio la besa, a ella le siguen sabiendo los besos a vino caducado. A él a cerveza barata, pero cada vez más barata. Registra el sabor y los compara con los anteriores. Julio se mosquea, porque se percata de la indiferencia de Luna y porque los besos de Luna cada vez saben más a cerveza sin gas.

El asesino, ayer.

Llamo a la puerta de Luna. Oigo sus pasos acercarse, la muy puta tiene sexy hasta el sonido de sus pasos. La oigo decir: “¿Qué te has dejado, Flanagan?” desde dentro de la habitación. Joder, hasta esa mierda de frase hace que me ponga celoso. Luna abre la puerta y la golpeo sin mediar palabra. Cae al suelo inconsciente. Qué bella está ahí tumbada, me digo. Joder, grito, y me golpeo la cara. Que estés a lo que tienes que estar, joder, me grito de nuevo. Ato a luna, le pongo un poco de precinto en la boca y la meto en el armario. Cómo he podido ser tan descuidado, joder, vuelvo a gritarme a mí mismo, mientras dejo a Luna en el armario y abro la caja fuerte y saco la pistola con la que me cargué al mierda de Reyes y que olvidé allí esta mañana después de echar un polvazo con Luna. Me guardo la pipa en el pantalón y espero pacientemente que Luna se despierta.

- Tú - me dice sorprendida cuando abre los ojos y le quito el precinto de la boca.

Luna Valdivieso, antes.

Follar con julio se ha convertido en una rutina molesta que se ha acostumbrado a cargar en su espalda, como la roca enorme de la soledad. Besarle con labios de vinagre es ahora su acto reflejo. Acaba el polvo con él y escupe y se lava los dientes cuando se larga, le da un asco atroz. Se queda en la cama, sintiéndose sucia, como nunca se había sentido con ningún hombre. Y piensa en Javi. Él la entiende, la quiere, es considerado y delicado con ella. Le sonríe siempre, eso la enamora. Se esconde entre sus sábanas queriendo desaparecer. No quiere seguir así, aunque se haya acostumbrado a esto. Las lágrimas empiezan a brotar de sus ojos, a recorrer sus mejillas buscando su boca. En ese momento llaman a su puerta pero no abre, sigue llorando. Suena su móvil, es Javi.

- Hola, Luna - le dice.

- Hola, guapo - le dice Luna sonriendo y dibujando una sonrisa en sus labios que hacen evaporarse todas las lágrimas. - ¿Cómo está el más guapo de Alcorcón? - continúa.

- Pues… en tu puerta, he burlado al conserje de abajo, pero he llamado y no abres… ¿estás ahí, no?

- Sí, sí, es que creí que era el gilipollas de Julio Gandía.

- Ah, me voy entonces si llego en mal momento - dijo Javi contrariado.

- No, no, Javi, entra y levántame el ánimo - sugirió Luna intentando no parecer demasiado ansiosa. Espera un segundo y te abro la puerta.

Javi entró en la habitación. Luna estaba muy hermosa, estaba radiante. Era la belleza más pura que jamás había visto. Le acaricia el pelo y la besa en los labios. Los besos de ella saben a gloria, a todas las cosas sabrosas del mundo. Los de él le saben a Luna a algodón de azúcar. Se desnudan y se entregan. Luna disfruta, le besa todo el cuerpo. Lo ama y se nota. Javi lo nota. La acaricia por todo el cuerpo y la besa en todos los rincones de su piel. Ella grita de placer, él también la ama, la ama tanto… Ella le busca de nuevo los labios, lo besa como si nunca hubiese besado a nadie. A él le saben sus besos a pasión. Luna folla como nunca y nota cómo contactan sus almas. Se corre y cae rendida. Javi se va de la habitación sin besarla y sin sonreír, parece contrariado. Cuando sale de la habitación, la imagen de Javi se difumina, y aparece la de Julio Gandía. Julio le ha practicado un salto al precipicio a Luna, para que pensase que era Javi. Gandía compara este último polvo con todos los anteriores y nota mucho la diferencia. Arde en celos. Cierra el puño y golpea la pared del pasillo. Y grita que por sus cojones va a matar a ese mierda. Por sus cojones va a matar a Javi Lagos.

El asesino, ayer.

- Tú… - dice Luna contrariada al ver a la persona que tiene delante. Está muy asustada, pero esta chica ha estado en situaciones peores y sabe desenvolverse con facilidad en todo momento. Está muerta de miedo pero no se queda sin hacer nada. Va a hacer lo que mejor sabe hacer: coquetear.

- Sí, yo, ¿no me esperabas, zorra? - le dijo el asesino, con frialdad. Como enfadado con ella.

- Humm… ¿no vas a besarme, guapo? - le dijo ella guiñándole el ojo. Estaba hermosa incluso atada. Hummm.. Bésame, chico, que te va a explotar el bultito de ahí abajo.

- Cállate, puta - grita el asesino dándole una bofetada desmedida haciéndole una brecha en el pómulo. Me das asco.

- Menos mal - susurra Luna - no eres ni la mitad de hombre que Andrés ni una décima parte de hombre que Javi. La tienes pequeña, y nunca he disfrutado contigo. Sé que ahora están muertos, y sé que has sido tú, picha corta. Mátame si quieres también, pero no conseguirás nada con ello. Lo mejor que puedes hacer es pegarme un tiro. O mejor, pégatelo tú. - termina Luna contundente y notando al asesino nervioso y dudando.

- Cá-cállate, joder. Nos vamos - dice el asesino, que se derrumba, no soporta sentirse como se siente. No sabe cómo coño lo aguantaban Javi y Andrés. Todo es extraño, su cabeza está maldita. Luna le detesta. No ha servido de nada matar a esos dos mierdas. Su voluntad se está quebrando. Tiene unas enormes ganas de coca, pero si la toma sabe que quedará mucho más jodido. Quiere irse y jugarse todo lo que tiene. Consigue mantener estas ganas a raya con dificultad. Apenas consigue controlar estos malditos sonidos que le susurran todo. Necesita toda su concentración para soportarlos y no puede estar todo el día controlándolos. No puede dormir. No puede más.

- Quítame las manos de encima, cerdo, ¿dónde crees que me llevas? - Se rebela Luna.

- Creo que voy a pegarme un tiro con esta pistola - le dice amargamente a Luna enseñándole la pipa que ha sacado de la caja fuerte - Ya veré qué hago contigo. ¿Sabes? A pesar de que tengo unas ganas enormes de suicidarme, no puedo dejar que el mundo sepa que soy un asesino. No lo soportaría ni después de muerto.

- ¿Vas a matarme? Adelante - dijo Luna muerta de miedo.

- Jejeje, ¡no, claro que no! - Sonríe el asesino. Voy a practicarte el salto al precipicio más increíble que he hecho nunca.

4 comentarios:

Rodolfo Serrano dijo...

Tío: sigue adelante con esta historia.

Salva dijo...

Sí, sigo con ella, Rodolfo.

De hecho ya casi tengo el capítulo 22 :D

Saludos y gracias, maestro.

Silvia dijo...

Buenisimo Salva.
Estoy con Rodolfo: continua esta historia.

Un beso grande.

Salva dijo...

Muchas gracias, Silvia :D

Sigo con ello, no puedo hacer otra cosa que terminarla!

Besos.