jueves, diciembre 16, 2010

Nuestra calle.

Fue en esa calle donde te conocí. También fue en esa calle, oh, donde te perdí, donde chocamos tan fuerte que no tuvimos salvación. En el tiempo que hemos compartido juntos hemos venido mucho a esta calle, tú siempre tan guapa y elegante (la gente se te quedaba mirando cuando pasábamos juntos). Esta calle es nuestro punto en común donde rememorábamos recuerdos y creábamos nuevos momentos, nuestra fábrica de sueños y realidades. Echo de menos nuestra cita mensual, nuestra visita de cada primer domingo de mes a esta calle, nuestra calle, así la llamaba, ¿recuerdas? Café rápido en el Starbucks como ritual fijo y luego otro café más reposado en cualquiera de las otras cafeterías. Cada mes una cafetería distinta. Sienta muy bien con tanto frío, por eso hay tantas en esta calle. Siempre habitaba mucho frío en nuestra calle, ¿verdad? Como si la calle hubiese robado un trozo de invierno y lo repitiera una y otra vez.

Recuerdo cuando te conocí, en nuestra calle, me atrapaste un suspiro y luego me atrapaste a mí, me arrancaste un ¡guau! ¿Sabes? Siempre te he mirado con la misma cara desde entonces, como si todo se hubiese parado. Como si ese invierno perpetuo de nuestra calle también se hubiese refugiado en mi rostro en forma de mirada demasiado tierna, tal vez inocente, tal vez bobalicona.

Recuerdo cuando te perdí, oh, vaya si lo recuerdo. Chocamos de frente, y aún me castigo por ello. Oh, vaya que lo recuerdo, aún no se me han curado las heridas de entonces. Pero, tranquila, sanarán. Aún no termino de comprender qué nos pasó. Es extraño, ¿verdad? Parecía que íbamos a estar siempre juntos. Es invierno desde entonces, y esa parte del invierno encerrada en mi rostro ya no se traduce en mirada tierna, sino más dura que el propio invierno. Ni inocente. Oh, vaya que no, ni bobalicona.

Recuerdo el día en que te conocí en nuestra calle, y la de veces que pasamos juntos paseando por ella. Recuerdo verte desde la calle a través del escaparate de aquel concesionario, ¡estabas allí para mí, lo sé!

Recuerdo la última vez que te vi. Cielos, aún me culpo por ello. Recuerdo nuestro último paseo por nuestra calle. Me despisté. Juro que no vi venir al coche. Tú te llevaste todo el golpe y yo salí volando, no conseguí agarrarme a tu manillar. Quedaste inservible, siniestro total, moto acabada, game over. Yo aún me curo de mis heridas, me rompí un brazo, tres costillas y todavía cojeo, mi rodilla no termina de espabilar. Jamás volveré a comprarme otra moto, porque ninguna podría igualarse a ti.

Te echo mucho de menos, moto mía.

martes, octubre 19, 2010

Explota

Me arden los ojos
Y sólo tú sabes
Cómo apagarme
Con besos de agua

Mi espejo es la cara de tu alma
Donde te reflejas a regañadientes
A gritos y a jirones te partes
Espantando mi calma.

Me agarro a mis canas
Para tenerte cerca o en el suelo
Me desgarro la garganta
Y no me oyes o no te oigo.

Me destrozo, me aíslo
Y tú me salvas
Me revuelvo en tu cama
Me seduces, me llamas

Quizá no sé qué es tenerte
Tal vez me asuste tu falta
Perderte, faltarme
Llover la ausencia de tus alas

No tiemblan tus miedos
tus llagas no escarban
dura de escudos
frágil de alma

Y tus pétalos me entierran
Y mis dedos te llaman
Y tus sueños me anhelan
Y respiro de ti

La semilla de relámpago
Que sembré en tu alma
Explota en tus ojos de trueno
Y brilla en mí

No te rindas
No te escondas
No me dejes
Me haces falta.

Explota tu pasión en mí
Revienta esta calma
Destruye tus miedos
Destroza mis traumas

Y explotas.
Y vences.
Y das.
Me das calma.

Explota.

sábado, octubre 02, 2010

Los regalos de la muerte XXI

Los regalos de la muerte XXI: Luna menguante

Luna Valdivieso, antes.

La soledad es una roca en su espalda que ya se ha acostumbrado a cargar. Luna se siente sola casi siempre, a pesar de ser mujer de compañía, a pesar de que su belleza no había sido creada para la soledad. Luna se derrumba sintiéndose sola, se fragmenta.

Luna es la mejor puta del Flowers y la más demandada, casi nunca está sola pero se siente sola y ha aprendido a vivir así. La soledad le embarga y se le cuela hasta el tuétano a pesar de que ahora mismo tiene a un hombre encima follando con ella. Ese hombre se llama Julio Gandía y está follando con ella y registrando en su disco duro mental cada movimiento de Luna, cada gesto y cada sonido que emite por gutural que sea. Luna se siente sola, fría, distraída mientras hace su trabajo de forma automática sin prestar ningún tipo de interés e incluso canturreando mentalmente una canción de Nelly Furtado. Él intenta besarla, pero ella se aparta.

- ¡Te la estoy metiendo sin condón y me apartas la cara si intento besarte! - Vocifera el dueño del Flowers.

- Lo siento, Julio, ha sido un movimiento reflejo. Es lo que acostumbro a hacer, ya sabes. Dice Luna, distraída, como si aquello no fuera con ella.

Y deja besarse. El beso le sabe a ella vino de tetrabrick picado. A él le sabe a cerveza barata. Se relame y registra ese sabor.

El asesino, ayer.

Subo las escaleras de Flowers buscando la habitación de Luna, esa puta es el fleco que me queda, es la única forma de que sepan que me he cargado a esos dos mierdas. No me gustan los sonidos que oigo, me vuelven loco, pero de alguna forma estos sonidos me advierten de algo malo, como si me predijesen de alguna forma qué va a ocurrir. No me gusta nada lo que oigo. Subo sigiloso y con mil ojos, y oigo hablar a un tipo en la puerta de la habitación de Luna. Me cuelo en un armario que hay en los descansillos y espero a que se vaya. Afino el oído para oír la conversación, por suerte la puta no le cuenta nada. Consigo verlo cuando baja por las escaleras, lleva gabardina y sombrero, y está más excitado y más empalmado que todos los viciosos que había abajo. Es un puto huelebraguetas. Mierda, mierda, ¡MIERDA! Me digo que debo estar tranquilo, al menos no es Froi el que está husmeando y subo a la habitación para tener una pequeña conversación con Luna.

Luna Valdivieso, antes.

Luna tiene la mirada perdida mientras folla con Julio, sólo le faltaba mirar la hora o mirarse las uñas para mostrar tanta indiferencia. Lleva follando frecuentemente con Julio desde aquel día que la besó y le apartó la cara (nunca más volvió a apartársela). Así lleva mucho tiempo, mostrando más indiferencia con Julio que con el más repugnante de sus clientes. Se siente extraña, lleva un tiempo acostándose con unos tipos por los que siente algo. Incluso teme sentirse enamorada de un tal Javi Lagos. Ese tal Andrés Reyes también le hace tilín, tiene un cuerpazo, pero no pasa de ahí. La sonrisa perpetua con la que Javi siempre viste su cara le da un plus que la enamora.

Julio la besa, a ella le siguen sabiendo los besos a vino caducado. A él a cerveza barata, pero cada vez más barata. Registra el sabor y los compara con los anteriores. Julio se mosquea, porque se percata de la indiferencia de Luna y porque los besos de Luna cada vez saben más a cerveza sin gas.

El asesino, ayer.

Llamo a la puerta de Luna. Oigo sus pasos acercarse, la muy puta tiene sexy hasta el sonido de sus pasos. La oigo decir: “¿Qué te has dejado, Flanagan?” desde dentro de la habitación. Joder, hasta esa mierda de frase hace que me ponga celoso. Luna abre la puerta y la golpeo sin mediar palabra. Cae al suelo inconsciente. Qué bella está ahí tumbada, me digo. Joder, grito, y me golpeo la cara. Que estés a lo que tienes que estar, joder, me grito de nuevo. Ato a luna, le pongo un poco de precinto en la boca y la meto en el armario. Cómo he podido ser tan descuidado, joder, vuelvo a gritarme a mí mismo, mientras dejo a Luna en el armario y abro la caja fuerte y saco la pistola con la que me cargué al mierda de Reyes y que olvidé allí esta mañana después de echar un polvazo con Luna. Me guardo la pipa en el pantalón y espero pacientemente que Luna se despierta.

- Tú - me dice sorprendida cuando abre los ojos y le quito el precinto de la boca.

Luna Valdivieso, antes.

Follar con julio se ha convertido en una rutina molesta que se ha acostumbrado a cargar en su espalda, como la roca enorme de la soledad. Besarle con labios de vinagre es ahora su acto reflejo. Acaba el polvo con él y escupe y se lava los dientes cuando se larga, le da un asco atroz. Se queda en la cama, sintiéndose sucia, como nunca se había sentido con ningún hombre. Y piensa en Javi. Él la entiende, la quiere, es considerado y delicado con ella. Le sonríe siempre, eso la enamora. Se esconde entre sus sábanas queriendo desaparecer. No quiere seguir así, aunque se haya acostumbrado a esto. Las lágrimas empiezan a brotar de sus ojos, a recorrer sus mejillas buscando su boca. En ese momento llaman a su puerta pero no abre, sigue llorando. Suena su móvil, es Javi.

- Hola, Luna - le dice.

- Hola, guapo - le dice Luna sonriendo y dibujando una sonrisa en sus labios que hacen evaporarse todas las lágrimas. - ¿Cómo está el más guapo de Alcorcón? - continúa.

- Pues… en tu puerta, he burlado al conserje de abajo, pero he llamado y no abres… ¿estás ahí, no?

- Sí, sí, es que creí que era el gilipollas de Julio Gandía.

- Ah, me voy entonces si llego en mal momento - dijo Javi contrariado.

- No, no, Javi, entra y levántame el ánimo - sugirió Luna intentando no parecer demasiado ansiosa. Espera un segundo y te abro la puerta.

Javi entró en la habitación. Luna estaba muy hermosa, estaba radiante. Era la belleza más pura que jamás había visto. Le acaricia el pelo y la besa en los labios. Los besos de ella saben a gloria, a todas las cosas sabrosas del mundo. Los de él le saben a Luna a algodón de azúcar. Se desnudan y se entregan. Luna disfruta, le besa todo el cuerpo. Lo ama y se nota. Javi lo nota. La acaricia por todo el cuerpo y la besa en todos los rincones de su piel. Ella grita de placer, él también la ama, la ama tanto… Ella le busca de nuevo los labios, lo besa como si nunca hubiese besado a nadie. A él le saben sus besos a pasión. Luna folla como nunca y nota cómo contactan sus almas. Se corre y cae rendida. Javi se va de la habitación sin besarla y sin sonreír, parece contrariado. Cuando sale de la habitación, la imagen de Javi se difumina, y aparece la de Julio Gandía. Julio le ha practicado un salto al precipicio a Luna, para que pensase que era Javi. Gandía compara este último polvo con todos los anteriores y nota mucho la diferencia. Arde en celos. Cierra el puño y golpea la pared del pasillo. Y grita que por sus cojones va a matar a ese mierda. Por sus cojones va a matar a Javi Lagos.

El asesino, ayer.

- Tú… - dice Luna contrariada al ver a la persona que tiene delante. Está muy asustada, pero esta chica ha estado en situaciones peores y sabe desenvolverse con facilidad en todo momento. Está muerta de miedo pero no se queda sin hacer nada. Va a hacer lo que mejor sabe hacer: coquetear.

- Sí, yo, ¿no me esperabas, zorra? - le dijo el asesino, con frialdad. Como enfadado con ella.

- Humm… ¿no vas a besarme, guapo? - le dijo ella guiñándole el ojo. Estaba hermosa incluso atada. Hummm.. Bésame, chico, que te va a explotar el bultito de ahí abajo.

- Cállate, puta - grita el asesino dándole una bofetada desmedida haciéndole una brecha en el pómulo. Me das asco.

- Menos mal - susurra Luna - no eres ni la mitad de hombre que Andrés ni una décima parte de hombre que Javi. La tienes pequeña, y nunca he disfrutado contigo. Sé que ahora están muertos, y sé que has sido tú, picha corta. Mátame si quieres también, pero no conseguirás nada con ello. Lo mejor que puedes hacer es pegarme un tiro. O mejor, pégatelo tú. - termina Luna contundente y notando al asesino nervioso y dudando.

- Cá-cállate, joder. Nos vamos - dice el asesino, que se derrumba, no soporta sentirse como se siente. No sabe cómo coño lo aguantaban Javi y Andrés. Todo es extraño, su cabeza está maldita. Luna le detesta. No ha servido de nada matar a esos dos mierdas. Su voluntad se está quebrando. Tiene unas enormes ganas de coca, pero si la toma sabe que quedará mucho más jodido. Quiere irse y jugarse todo lo que tiene. Consigue mantener estas ganas a raya con dificultad. Apenas consigue controlar estos malditos sonidos que le susurran todo. Necesita toda su concentración para soportarlos y no puede estar todo el día controlándolos. No puede dormir. No puede más.

- Quítame las manos de encima, cerdo, ¿dónde crees que me llevas? - Se rebela Luna.

- Creo que voy a pegarme un tiro con esta pistola - le dice amargamente a Luna enseñándole la pipa que ha sacado de la caja fuerte - Ya veré qué hago contigo. ¿Sabes? A pesar de que tengo unas ganas enormes de suicidarme, no puedo dejar que el mundo sepa que soy un asesino. No lo soportaría ni después de muerto.

- ¿Vas a matarme? Adelante - dijo Luna muerta de miedo.

- Jejeje, ¡no, claro que no! - Sonríe el asesino. Voy a practicarte el salto al precipicio más increíble que he hecho nunca.

lunes, septiembre 27, 2010

Llega Dexter




Se va acercando la hora de salir de la oficina y ya miro a todos mis compañeros como posibles Trinitys, todos siguen todos los días la misma pauta dramática de escribir código (aunque ninguno como el de Harry), ir a reuniones y mandar correos. Miguel Prado me aguarda en una reunión envuelto en plásticos y rodeado de las fotos de sus víctimas inocentes. Mi sargento me mira mal y me llama friky, le devuelvo la mirada y lo nombro el carnicero de la bahía Harbor después de unos (des)afortunados accidentes. Mi hermano oscuro se ha dejado llevar por el reverso tenebroso de la fuerza y es un asesino despiadado, aunque no está a mi altura. Miro el reloj, ya casi es la hora de cazar.

Mi pasajero oscuro me lleva esta tarde a saciar mis más lúgubres instintos. Soy un asesino en serie. Concretamente de una serie llamada Dexter.

Nos vemos esta tarde, querido Dex. Yo llevo los machetes y las cervezas. Encárgate tú de los plásticos y las fotos.

martes, septiembre 21, 2010

Los regalos de la muerte

Hay historias que nunca mueren, que aunque estancadas nunca terminan de perder la batalla contra el olvido. "Los regalos de la muerte" es una historia que surgió en mi cabeza hace más de 4 años, casi 5. Y que lleva más de dos estancada. Esta historia sigue en mi cabeza, se forja en mis entrañas y está atrapada en la yema de mis dedos, donde grita desconsoladamente sin que nadie la oiga. Estaba estancanda porque no salía de mis entrañas, sé el final de la historia y lo que quiero contar, pero necesito el soplo de la inspiración para plasmar con palabras lo que quiero contar. Esta historia llevaba un tiempo en zona árida y en una espiral sin salida. Y no sabía cómo seguir. Y no sabía cómo olvidarme de esta historia y tirarla a la basura a la mitad. Un buen amigo me dijo que había que escribir, juntar palabras al menos. Lo intenté, pero no me salió. Pero hace unos días, mientras conducía, me susuró la inspiración, me sopló al oído. Le arranqué a mi ninfa autista de sus manos frías el capítulo 21. Por fin. Y ya hay fecha de salida. Es imperdonable, y ya me gustaría otro ritmo para esta historia que no me abandona y que no quiero abandonar. Pero a mi ninfa autista le gusta estar callada a menudo.

El viernes 23 en nuestro blog solípedo favorito el capítulo 21: Luna menguante.

P.D. Estoy por poner un gadget de cuenta atrás :D

P.D. Os dejo un enlace a los capítulos anteriores:

Capítulo 1: Gana la Banca

Capítulo 2: El hombre del piano

Capítulo 3: Órdago a la grande

Capítulo 4: No va más

Capítulo 5: Yo soy el número 1

Capítulo 6: Curiosidad asesina

Capítulo 7: Fede y Froi: Un campo de trigo

Capítulo 8: Enamorados de Luna

Capítulo 9: Fede y Froi: Gambitos

Capítulo 10: Odio ese ruido

Capítulo 11: Three Points Basket

Capítulo 12: ¿Quién es el doctor Villaescusa?

Capítulo 13: Ya eres mío, Laviña / Ya te tengo, Gandía

Capítulo 14: El frío abrazo

Capítulo 15: Caraballo toma el mando

Capítulo 16: El grupo

Capítulo 17: Dame tu alma y cumpliré tus deseos

Capítulo 18: El brazalete de Laviña

Capítulo 19: Luna, dulce Luna

Capítulo 20: Enemigos naturales

jueves, septiembre 09, 2010

El buen sicario

La ceniza asfixia el fuego de mi humanidad, se amontona y se acumula en una parte de mí donde antes había luz. Ya no soy nada, sólo una perfecta máquina de matar que cumple encargos de manera eficiente. Soy un sicario, el mejor, porque mis asesinados parecen muertos por cualquier razón excepto por un asesino a sueldo. Soy un sicario muy caro y solicitado y acabo de matar a un hombre, enterrando esa parte de mí donde antes tenía luz con un puñado más de ceniza. Tengo una piraña dentro de mí que devora mis sentimientos, que me corroe los escrúpulos. Cada vez que mato, esta piraña insaciable come más rápido que nunca, a grandes bocados y sin masticar.

El viento sopla fuerte en esta noche fría de primavera, los árboles se contonean con el viento, como diciendo adiós al alma del último tipo que acabo de matar. Su cuerpo aún está caliente, pero el viento, que arrastrará el calor y arrancará las últimas trazas de vida, no tardará en enfriarlo, como el soplido de una madre a la sopa de su hijo. Este pobre diablo murió por tirarse a la esposa del mafioso que me ha contratado. Un polvo que ha pagado caro. Un polvo de mantis macho.

Suena mi blackberry. Es un mail de otro de mis principales clientes y me dice que mate a la familia de un tal Rodrigo Antúnez, a su esposa y a su hijo de 4 años. Me da su dirección y el intervalo horario en el que están en casa. Según él, merece morir porque se la ha jugado varias veces con la pasta y que con su pasta no se juega. Me dice que no entendió los mensajes que le mandó en forma de palizas. Me dice que debe aprender, y que la única forma de hacerle entender que con él no se juega es cargándome a su familia. Mi humanidad me grita que no lo haga, que huya, pero la ceniza ya ha apagado la luz que una vez tuve en mi interior y la voz de la conciencia y la razón. Mi piraña me ha destrozado a dentelladas mis sentimientos y mis escrúpulos. Haré el trabajo. Cojo mi coche y me piro.

Rodrigo está enfermo. Necesita drogas y necesita jugar. Y eso vale un dinero que no tiene. Su familia aguarda en casa (una casa que no puede pagar). A base de pedir préstamos a gente poco fiable ha conseguido mantener a su esposa y su hijo lejos de su realidad. No saben que se droga. No saben que es ludópata. No saben que no pueden pagar la casa ni los coches. Rodrigo sufre, y no sabe de dónde sacar ya el dinero, no sabe cómo seguir dándole largas a Tony, que no deja de amenazarlo y apalizarlo para que le devuelva el dinero. Rodrigo tiene un plan vago. Le urge la necesidad. Va a robar una pequeña tienda.

Cojo mi coche y me piro. Circulo despacio y con cuidado. Una de mis reglas es no llamar la atención, no destacar. Para ser el mejor sicario antes hay que ser el hombre más amable del vecindario, ayudo a bajar la basura a mi anciana vecina y subo el periódico todas las mañanas. Hay que ser el más educado y el más corriente. Hay que parecer normal. Tanto que nadie se fije en mí, que sea el último sospechoso de cualquier cosa. Eso me hace el mejor. Eso y mi ceniza. Y mi piraña. Aparco con cuidado, siempre que puedo en batería (la gente se fija más en los coches que aparcan en línea). Voy tranquilo y despacio y sin hablar por el móvil. Veo que la puerta está abierta. No me gusta que lo esté, eso llama la atención. Así que entro un tanto intranquilo.

Rodrigo nunca ha robado, pero no se le ocurría otra cosa. Está nervioso, el corazón le palpita fuerte en la cabeza y su garganta es el pozo más seco de un desierto. Su plan es esperar a que la dueña salga un momento al bar de enfrente a pedir un café y una napolitana, como hace cada día, y esperar que se deje la puerta abierta con el cartel de “Vuelvo enseguida”. Tiene suerte, hoy se la ha dejado. Se pone una media en la cabeza y entra torpe pero rápido. Y muy nervioso.

Entro intranquilo a la casa pues la puerta estaba abierta. Está el niño pequeño, que me ve y sale corriendo…

Entra torpe y rápido a la tienda. Y muy nervioso. Abre la caja registradora. La señora ha tenido un buen día en la tienda, tiene más de 500 pavos. La señora se ha vuelto antes del bar, entra a la tienda y ve a Rodrigo y sale corriendo, huye todo lo lejos que puede. Él también, con los más de 500 pavos en el bolsillo. Quizá le dé para calmar un poco a Tony. Espera que sí. Le prometerá que tiene más planes para pillar pasta. Ojalá los 500 pavos le calmen por el momento.

El niño sale corriendo… hacia mí. Me abraza y me besa. Me dice: “papá, te quiero”. Abrazo al niño, le beso y le alboroto el pelo. Lo quiero con locura. Me casé con una mujer que no sabe de mi vida y tuve un hijo porque era lo normal. Pero este niño me ha afectado, lo ha cambiado todo en mi vida, ha despejado de la ecuación la luz y la inocencia. Es un torbellino que arrastra toda mi ceniza acumulada dentro de mí en ese sitio donde antes había luz. Y esta luz vuelve a brillar. Este niño es un torbellino que arrastra a la piraña. Tengo humanidad y sentimientos. Si la ceniza no vuelve a acumularse por la noche y la piraña a devorar, dejaré el trabajo. Quizá se salve también la familia de ese tal Rodrigo Antúnez.

lunes, agosto 30, 2010

El cazador de rayos (Kenny Ruíz)




El mundo se agota y se derrumba, pero nadie se enamora, la lluvia es terrible, incesante y demasiado fría para unos cuerpos que han perdido la luz. El sol es un recuerdo lejano y borroso tras la barrera impenetrable de las más ácidas nubes. La esperanza es tenue, es una bala perdida que alguien disparó hace mucho tiempo sin mucho tino. La luz es tu mejor amigo muerto, lo más preciado que jamás nos ha sido arrebatado. El mundo huele a polvo y a ceniza, sabe a pólvora y a gasofa quemada tras lo poco que queda bajo las afiladas gotas de lluvia. Los hombres que habitan este mundo son sombras de una luz que ya no existe, de un sol expatriado a los abismos más oscuros. El mundo arde al cobijo del poco petróleo maldito que queda, se disparan los fanáticos y se polarizan los extremos, se caen a pedazos oscuros las mentes más brillantes. El mundo se agota y se derrumba sobre los hombros de un puñado de héroes que se agarran a un clavo que arde al rojo vivo. Se agarran a Kaín, el cazador de rayos, el portador la señal, el elegido por los dioses para devolver la luz y la maravillosa electricidad. El encargado de dibujar un Miguel Ángel tocando su dedo con el dedo eléctrico de Dios. El mundo se apoya sobre Cáncer, un guerrero que cree en Kaín y en la marca, que mientras viva Kaín viven la esperanza y el mundo, el mañana y la victoria.

El mundo se agota y se derrumba y queda en las manos de Kaín, que asume el reto de cazar rayos, vencer batallas y atrapar un suspiro de luz para dar un soplo de vida a este mundo polvoriento y acabado.

jueves, agosto 26, 2010

Corazón de nácar.

Lucía está sentada en la orilla del mar, con las olas besándole suavemente los pies en su vaivén cíclico… besándola y apartándose, besándola y apartándose…

John la mira desde la arena con los ojos tristes de quien no es correspondido, la arena le quema los pies, pero lo que realmente le arde es el alma. Traga saliva y obtiene un poco de valor para acercarse y hablarle.

- No he visto rompeolas más hermoso, Luci - Le dice con acento americano y vistiendo sus ojos de brillo de alegría, tragándose la tristeza que dominaba en ellos con la saliva.

- Oh, John…Estás aquí…

- Siempre he estado aquí. Siempre. Quizá es que casi nunca me ves - Le suelta John. Le reprocha. La ama con toda su alma, su corazón bombea sangre con más violencia que las olas explotando en un acantilado.

- Sabes que te quiero, John, pero... - Le contesta Lucía, apartando la vista y cerrando los ojos. Juguetea con los pies en la arena, quizá intentando dibujar un corazón de arena con ellos pero sin conseguir nada. John se percata de ello y sonríe con amargura entendiendo la metáfora cruel.

- ... Pero no me amas, ¿verdad? Sigues amando a Germán, ¿no es así? Al que te traicionó una y otra vez, al que nunca te dio lo que necesitabas. Al que jamás estuvo pendiente de ti - Dice John levantando el tono y multiplicando por 10 el acento norteamericano. Se siente triste, frustrado. Siente el corazón de Lucía encerrado en su nácar inaccesible tras su concha. Han venido a la isla buscando amor entre ellos y resulta que el amor sigue en Madrid, echando raíces en un cuerpo sin vida contra el que nada se puede hacer.

- Jamás vuelvas a hablar así de Germán, ¡JAMÁS! Jamás… Grita Lucía llorando y buscando el cobijo de los brazos de John. Lucía se calma entre ellos. Aunque sigue enamorada de Germán y no ha superado su muerte, los brazos de John son un oasis, un bosque verde de aire puro.

- Tal vez no me ames porque no me necesites, Luci. Le dice él también más calmado. Le resulta reconfortante abrazarla, aunque sea como un pañuelo y como un barato sucedáneo.

- No lo sé, John. Tal vez no te amo porque te necesito. Y me revelo. Ten paciencia conmigo, John.
John quiere alejarse, huir y esconderse tras las paredes opacas de la soledad. Quiere encerrarse tras los barrotes oscuros de la amargura, porque no entiende que Lucía no lo ame. Y aunque no cree que el amor pueda florecer en ella, no deja de abrazarla. Y le susurra al oído que siempre seguirá con ella. Y que tendrá paciencia.

viernes, agosto 06, 2010

Marwan en San Lorenzo del Escorial



Conciertazo de la hostia que el dio Marwan el pasado 5 de agosto en San Lorenzo del Escorial. Era el primer concierto al que asistía de este cantautor madrileño y fue una pasada. La magia del Teatro Auditorio de San Lorenzo del Escorial me tenía embrujado y predispuesto para pasar un par de horas muy divertidas y escuchando grandes canciones. No sé si era el sitio, la letra, la magia o que al día siguiente era mi primer día de vacaciones (si eres un lector intrépido, hoy es mi primer día de vacaciones, sí (Nota: editar esto mañana o, como muy tarde, cuando vuelva de vacaciones :D)). Las canciones de Marwan son de una pasta especial, o el tipo en sí es de una pasta especial. Te cuenta sus penas con guiños de humor y sabor a buen rollo, que hasta tus propias penas te las tomas con mejor cara. No había escuchado nunca ninguna canción de este cantautor (¿tal vez “El chándal” una vez?), pero todas las canciones parecían una bienvenida a la música y la palabra, parecían el retorno de la primavera fugaz en este agosto traicionero, parecía momentos de mi vida que volvían a mí con la galopada tenaz del caballo del bueno. Joder, que las canciones son cojonudas, letras con sabia nueva, con ganas de que broten más estrofas de cada canción, letras con raíz profunda. Que me encantó el concierto y que me apunto al próximo por Madrid.

lunes, julio 26, 2010

Nada puede detenerte.

El cloro te araña la garganta y te mordisquea la campanilla, has tragado un poco de agua de la piscina en la que estás compitiendo. Quieres ser el campeón y te has preparado concienzudamente para ello. Has dedicado muchísimo tiempo para esta carrera de natación tan importante y tan especial para ti. Tus brazos están cargados, llenos de calambres, parecen conectados a una central eléctrica, pero eso no te detiene, sigues dando brazadas al estilo crawl a toda máquina. Tus brazos son los remos maravillosos que van a llevarte a lo más alto del podio, duelen mucho, pero no haces caso, aprietas los dientes con la tenacidad de un cascanueces y sigues nadando, vas primero y sólo quedan unos 50 metros, el segundo clasificado está cerca de ti.

La otitis que ha aparecido esta mañana ruge en tu oído, los tapones que te has puesto apenas contienen la fuerza con la que entra el agua en tu oreja, que hurga con su dedo ácido en tu trompa de Eustaquio, el antibiótico que te has tomado no funciona, es la casa de paja contra el soplido de vórtice del lobo. No haces caso al dolor, eso no va a detenerte, te clavas las uñas en la palma de la mano que relajas mientras nadas y sigues nadando, mueves los brazos con la fuerza de un DeLorean con el motor trucado, vas primero y sólo quedan unos 20 metros, el segundo está aún más cerca.

No puedes mover las piernas, pero eso no va a detenerte, aún te quedan los brazos, que los mueves con la velocidad del aleteo de un colibrí pese a los calambres que intentan apagar tu ritmo y cortarte los brazos, tu única arma para ganar. Te clavas los dientes superiores en el labio inferior, como si eso mitigase tu dolor o lo descargase de los brazos, y parece que funciona. Tragas agua, pero no toses, sigues adelante, ya ves el final, el segundo te alcanza y se pone a tu altura. Haces un último esfuerzo, con una brazada más larga y más dura que te hace ver las estrellas cobras una mínima ventaja, y rozas con la punta de tus dedos el borde de la piscina, has llegado unas décimas de segundo antes que el siguiente nadador. Eres el campeón. Has ganado el oro.

Ahora nadie te llama discapacitado, te llaman campeón paralímpico.

lunes, julio 19, 2010

Días Rojos, Manuel Cuesta




Hay discos y canciones que los escuchas mil veces y no te cansas de hacerlo. Que los escuchas mil veces y cada vez descubres una historia y un rincón distinto. Hay discos y canciones que son los rincones de tu vida, con las gotas mágicas de tus momentos y tus historias. Hay canciones que no sólo las compone el autor, sino que se componen con tus experiencias y con tu vida. Días Rojos y sus catorce canciones es uno de estos discos. Que se renuevan cada día y que no te cansas de escuchar. Este disco hace crepitar tu alma como unos cubitos de hielo recibiendo agua del grifo cuando lo escuchas, porque mueve algo dentro de ti que cruje y se encaja, porque este disco marca y sigue la senda que es tu vida, sigue tus pasos y tus andares. Tu alma crepita cuando asocias sus canciones con tus mejores y peores momentos. Te hace revivir tus peores y tus mejores momentos. Se te corta el aire cuando una panda de desalmados destroza la vida y los edificios, destruye la voz y los vagones de los trenes de cercanías. Se te corta también el aire cuando besas de nuevo y por primera vez a tu chica, cuando te despides de ella en la estación. Con este disco recuerdas cómo se vuela y cómo se aterriza. Con este disco aprendes a hacer de noviembre mucho más que un mes, disfrutas los viernes y sufres los vientos, los mares y las tormentas. Este disco es un quid pro quo de lo que das y lo que recibes, es un poner a salvo tus secretos y un rescatar tus recuerdos.

Días Rojos es el disco que te está esperando para contarte tu historia, para que reflexiones tus pasos y desveles tus misterios.

martes, julio 13, 2010

Campeones




Somos campeones del mundo. Y lo somos después de desplegar el mejor juego y la mejor clase. Hemos combatido con nuestras armas, que son el toque y la posesión de balón. Le hemos ganado la batalla a la desidia futbolística, a la destrucción de juego leonina de coces y zarpazos. Hemos demostrado que nuestro fútbol es el que vale, que la balanza y el pulpo se van del lado del toque contra el golpe. Del lado del control contra la potencia. La caricia contra el arañazo. La palabra contra la bala. El argumento contra el puñetazo. El susurro contra el grito. La pasión contra la violencia. La magia contra los trucos. La técnica contra los codazos. El guante contra la bota. La visión contra la destrucción. El regate contra la bomba. La espada contra la pistola. El príncipe contra el dragón. El sudor contra la sangre. El balón contra los tacos. El beso contra el mordisco. Ah, el beso. Somos campeones, y nos llevamos la copa y el beso de la chica. Somos campeones y nos sentimos como el mejor portero del mundo besando a nuestra amada en el sur de África. Se acabó el mundial y somos campeones, se acabó este largo e intenso mes en el que la realidad la dejamos aparcada y anestesiada en el cajón más recóndito de nuestra casa hipotecada. Ahora, después de la alegría de ser campeones, toca despertar a esa realidad que parecía del vecino del quinto que tan mal nos cae. Somos los campeones del mundo y está muy bien, pero ahora nos espera otro mundial, el del paro y la crisis, y estos rivales pegan más patadas que Holanda y De Jong. Seamos campeones del mundo también en este mundial y aprovechemos esta inercia de ser campeones del mundo, aprovechemos esta pasión a flor de piel para aplastar la crisis.

Seamos campeones y salgamos a la calle como si hubiésemos ganado un mundial para vencer esta crisis que nos han buscado la codicia y la especulación y que nos quieren hacer pagar a nosotros.

Podemos.

domingo, julio 11, 2010

Volviendo a Córdoba














Salgo del AVE a las 18:12 y Córdoba ya me da un pequeño adelanto de lo que me esperaba: un calor terrible y un baño de sudor de recuerdos y emociones. Córdoba me abrió sus puertas a su infierno y a su paraíso. A su infierno de calor y a su paraíso de sensaciones. Córdoba, a punto de flama, me recibe con un fuerte e intenso abrazo de calor. Me abraza y me abrasa. Córdoba me derrite en más de un sentido. Sabes de sobra que soy amante de Madrid y que vivo perdidamente enamorado de Nueva York, pero Córdoba, ah... Córdoba es mi alma. Córdoba me sugiere y me susurra que todo nace y todo muere desde Córdoba, que es el principio y el fin de todo lo que conocemos. Córdoba me cuenta a través de sus piedras y adoquines de la judería clavándose en mis pies que es el mejor lugar donde ir y donde volver. Córdoba es siempre la respuesta perfecta a la pregunta ¿dónde? Córdoba es la mirada de amor que te devuelvo cuando me miras (Elvira, tenemos que volver pronto a Córdoba juntos). Me encanta perderme en su laberinto sin minotauro. Tomar sus mil entradas y sus mil salidas. Córdoba que el mundo pare, qué corto se me hace el viaje.

En Córdoba no hace calor, lo que pasa es que es tan emotiva que hacer llorar a mis axilas y a mi espalda, lo que ocurre es que en Córdoba la sombra es más valiosa que en cualquier otra parte del mundo.

En Córdoba me reencuentro con mis amigos Manuel, Joaquín y Rodolfo y conozco a nuevos amigos: Paco, Mati, Julia y Javi. Y con ellos redescubro y reconquisto a Córdoba, se apodera de mí de nuevo el embrujo maravilloso y la magia de cada rincón de Córdoba, de cada blanco cal de sus paredes y sus reflejos. Y nos vamos juntos a disfrutar del concierto de Ismael Serrano en el teatro al aire libre La Axerquía. Ismael, en su concierto, nos explica un nuevo significado de la palabra libre. Nos canta sus canciones y también nos derrite, aunque ahora en un único sentido. Ismael canta sus canciones y cuenta su historia mientras abre al máximo sus alas y las bate con tanta fuerza que nos libera del infierno de calor de Córdoba y lo cierra de un portazo.

Hasta pronto, Córdoba. Hasta pronto, Ismael.

jueves, julio 08, 2010

El antídoto.

Me he ciberencontrado con este antiguo relato que escribí para un juego de un foro y no había publicado por aquí. Ahí va...


El antídoto

Cogí el último metro de la línea 10 en dirección sur. Para Alcorcón aún faltaban muchas paradas pero como un martes a estas horas apenas nadie cogía el metro el tren iba bastante rápido.

Venía de Madrid, del médico privado que tengo en Príncipe de Vergara. Según el doctor me había contagiado de ese virus tan extraño que se ha propagado tan rápidamente por todo el mundo. Me dijo que me acababa de contagiar y que pasarían al menos dos días antes de que cayese enfermo y muriese. Para salvarme me recetó un antídoto, que curiosamente no era otra cosa que un jarabe para la tos modificado genéticamente. Me dijo que este extraño jarabe conseguiría curarme del virus pero que tenía un extrañísimo efecto secundario: todo lo que hablase en aproximadamente las dos semanas siguientes a tomármelo serían frases de películas que haya visto y el personaje que las dice. Preferí esperar a tomármelo, aún tenía 2 días antes de caer enfermo y morir.

En la parada de Casa de Campo entró una chica, con la que había coincidido en la consulta del doctor... ¿Se habrá tomado ya el antídoto? Humm...

- Volvemos a encontrarnos, Señor Anderson, Neo - me dijo al verme en lugar del archiusado hola, ¿qué tal?

- Vaya, veo que ya te has tomado el antídoto.

- Elemental, querido Watson, Sherlock Holmes - me contestó arrancándome una sonrisa.

De repente llegó el revisor del metro con un terminal portátil para comprobar que habíamos validado correctamente nuestro billete y que no nos habíamos colado.

- ¡Enséñame la pastaaaaaaa!, Jerry Maguire - nos ordenó con voz autoritaria suponiendo que nos pedía los billetes

- El pueblo no debería temer al gobierno, el gobierno debería temer al pueblo, V - le respondió ella con rostro rebelde

- Puedo ser un cabrón, pero no soy un puto cabrón, Seth Gecko - le contestó el revisor haciéndole ver a la chica que no le insistiría mucho y que pasaría si ella no le quisiera dar el billete

- Si quieres sobrevivir a una guerra, conviértete en guerra, Rambo - dijo ella ganando la batalla dialéctica.

Viendo que la cosa se ponía interesante decidí tomarme el antídoto para participar en la conversación. Saqué la botella marrón con el jarabe de mi bolsilo y le di un par de sorbos.

- Si no dejan a nadie con vida, ¿quién demonios cuenta estas historias?, Jack Sparrow - Intervine en la conversación.

Los dos me miraron perplejos.

- Aún no habéis comprendido a qué os enfrentáis. Un perfecto organismo. Su perfección estructural sólo está igualada por su hostilidad. Yo admiro su pureza, es un superviviente al que no afecta la conciencia, los remordimientos ni las fantasías de moralidad... No tenéis ninguna posibilidad, pero... contáis con mi simpatía, Ash - me contestó ella, quizá coqueteando un poco conmigo.

- Los que podáis caminar podéis iros, pero dejad vuestros miembros cercenados, ahora son míos, Mamba negra - me dijo el revisor contestándome con agresividad.

- El mundo se divide en dos, Tuco: los que encañonan y los que cavan. El revólver lo tengo yo, así que ya puedes coger la pala, El Bueno - Le dije más agresivo aún, haciendo que se cagase en los pantalones.

- ¿Abogado?... ¡¡abogadooo!!, ¿estas ahí? ¡¡abogadoo!! Sal ratita quiero verte la colita!", Max Cady - dijo atemorizado el inspector llamando a seguridad.

Hummm... ¿Una frase de "El cabo del miedo"? Tengo la frase perfecta de la misma película para hacerlo huir.

- Soy como Dios y Dios es como yo, soy tan grande como Dios, él es del mismo tamaño que yo, no esta por encima de mí ni yo estoy por debajo de él..., Max Cady - dije contundente para acabar con él.

El inspector viendo que no llegaba el de seguridad huyó por patas.

La chica cayó rendida a mis pies, le arranqué la ropa y le hice el amor.

- ¡Oh, Yeah!, Jenna Jameson - gritó la chica.

martes, junio 29, 2010

Jaque Mate.

Te llamas Sergio y limpias con la toalla el vaho acumulado de tu espejo empañado después de la ducha caliente que te acabas de dar. Te das un buen afeitado y, como siempre, te cortas en la papada y en la comisura de los labios. Te pones trocitos de papel higiénico en los cortes como método improvisado y pobre para dejar de sangrar. Subes la persiana de tu habitación que da a tu jardín, el sol planea un día estupendo y las nubes son pocas y muy blancas. Abres la ventana y respiras profundo el aroma suave y reparador que desprenden las flores de tu jardín cada día. Silbas de forma ridícula a los gorriones que retozan en el aire y vuelan dibujando tirabuzones imposibles. Ves de nuevo la puerta de la verja de tu jardín rota y, como cada mañana, te recuerdas que debes arreglarla cuanto antes. Gazapo te ve y salta desde el jardín hacia ti. Acaricias a tu gato y le hablas y le preguntas cómo está sin esperar respuesta. Pones agua y leche a Gazapo y tú te sirves tu medio litro de café solo sin azúcar y tus dos tostadas de pan bimbo con mantequilla y mermelada, como cada día. Aún tienes el amargor del café en el paladar y la cafeína increpando ligeramente a tu sistema nervioso cuando sales de casa.


Me llamo Ángel y me levanto, como cada mañana, cansado y con el cuerpo dolorido, con las alas y el alma despeinadas. Enciendo una luz áspera que me araña los ojos con zarpas oxidadas de león. Voy al baño, hoy tampoco necesito una ducha pero sí vomitar un poco de bilis, como cada día. Tomo un desayuno breve, mínimo, como el de todos los días, que consiste en un terrón de azúcar que apenas calma el rugir de truenos que tengo en el estómago. En un rato tengo partida con Lucio, hoy nos lo jugamos al ajedrez, quizá debería tomar un terrón extra. Después de sopesarlo y llegar a la conclusión que la glucosa hará bien a mi cerebro y mi cerebro me ayudará en el ajedrez, tomo otro terrón… desayuno doble, viva la Pepa. Odio el ajedrez, pero elegía Lucio y está claro que no iba a elegir mi especialidad: los dados. Me lavo con cuidado la cabeza, que me duele como mil batallas. Mis heridas, aunque curan con velocidad de guepardo, aún siguen abiertas por la lucha que mantuve ayer con Lucio. Es duro de roer, el cabrón, pero hoy le volveré a ganar, tengo que volver a hacerlo. El sabor dulce del extra de azúcar aún juguetea entre mi boca y mis dientes cuando salgo de casa.


Se llama Lucio y se levanta, como cada día, con una terrible tos. Se acerca al lavabo y una bomba de sangre que sale de su boca explota contra el cristal. Lo limpia con una toalla sucia mientras por la comisura de la boca aún le cuelgan recios hilos de sangre mezclada con bilis y saliva. Sin hablar, apoya sus manos en los bordes del lavabo mientras da arcadas procedentes del infierno e insultos en forma de sonidos guturales incomprensibles. Se da una ducha y parece otro, se afeita sin cortarse, se echa su colonia y su gomina y se pone su ropa más elegante y su reloj más caro y se toma su dosis de cimetidina. Tiene una nueva cita con Ángel para jugárselo al ajedrez y, de perder, quiere hacerlo de la forma más elegante. Se enciende su, como él mismo llama, primer y mejor pitillo del día. Aún tiene el viscoso sabor de sangre y bilis en su boca pero lo mata a base de bombas de humo de su pitillo. Da unas caladas tan profundas a su primer y mejor pitillo que casi puede masticar el humo. Se cepilla los dientes y se prepara su típico desayuno: zumo de naranja recién exprimido, un tazón de leche con miel y una tostada de mantequilla y jamón de york. Se vuelve a cepillar los dientes y a enjuagarse la boca con Listerine con fluor. El sabor a medicamento aún ruge en su boca cuando sale de casa para encontrarse con Ángel en su partida de ajedrez.


Te llamas Sergio y, como siempre, sales de casa con dos euros en un bolsillo y las llaves de tu casa en el otro. Das los buenos días a los vecinos que te encuentras y hablas del último fichaje del Real Madrid con el quiosquero. Le compras el AS y te despides del él. Te acercas a la panadería de Berta y compras una tierna barra de pan. Berta te la sigue poniendo dura como una piedra. Fantaseas mil posturas pero apenas le dices nada, salvo los buenos días o las gracias después de pagarle el pan. Sales pitando de la panadería porque tienes unas ganas locas de llegar a casa para cascártela. Vas rápido para casa, pero el hombre que tienes detrás aún va más rápido. Cuando no hay nadie, este hombre te arrastra hasta un callejón y con una navaja fría y dura te amenaza. Te dice que le des la pasta. Le dices que sólo tienes pan y fútbol señalándole la barra y el AS con toco jocoso. El tipo ha tenido un mal día y, al pensar que te estabas burlando de él, te mete un temeroso navajazo. El tipo, que ha tenido un mal día, se asusta y se pone nervioso y huye dejándote con tu pan rebozado por la arena del callejón y tu fútbol doblado y manchado con tu sangre, que cae caliente y a ritmo de procesión sobre el periódico. Te arrastras como puedes a casa sin cruzarte con nadie y te parece curioso, pues hacía unos minutos había mucha gente por la calle.


Me llamo Ángel y, como siempre, llego primero a la cita. Apenas he desayunado y una manada hambrienta de termitas en forma de úlcera me devora de lacerantes mordiscos mi maltrecho estómago. Pongo las piezas del ajedrez y, como he llegado primero, considero justo ser las blancas. Me siento y medito la jugada. Entonces llega Lucio, impecable y sonriente como siempre. Joder, si tuviera que cargar con mi estómago y con mis hijos no vendría así. No dice nada, sólo mira fijamente al tablero. Se sienta en la silla con el respaldo en su pecho y apoya sus brazos cruzados en el borde del respaldo. Me dice que abra, y calla. Hago la apertura del peón del rey. Él me hace lo mismo. Le saco el caballo del rey amenazando a su peón. Él protege a su peón sacando el caballo de la dama. Saco el alfil del rey y amenazo a su caballo. Esto pinta a una apertura Ruy López, como la partida anterior que ya le gané... me gusta. Debo estar atento. Pero no lo estoy y me quedo pronto sin caballos y anula a mis alfiles. Me vence. Jaque mate. Se vuelve loco, se levanta y tira con fuerza canina la silla contra la nada. Me grita y me pregunta a cuál de mis hijos eligirá.


Se llama Lucio y, como siempre, se fuma lentamente un pitillo de camino a su partida con Ángel. Aunque cree que puede perder está tranquilo y confiado, ya ha jugado muchas veces con Ángel al ajedrez, perdiéndolas todas, y una más no importa. Le ha estado estudiando para ofrecerle un jaque mate limpio y sin fisuras. Recuerda de su última partida que jugaron, en la que se produjo una apertura Ruy López, que descuidó sus caballos. No quiso matárselos aquella vez, por estudiar a su rival, pero esta vez no tendría compasión. Llega al lugar donde han quedado para jugar la partida y allí está Ángel, que sus ojeras de vórtice y sus ojos inyectados en petróleo. Lucio se compadece de él y se siente afortunado por no tener su aspecto y le hace sentirse bien tener sólo esa molesta úlcera que calla a base de cimetidina. Le prepara la trampa y cae en ella como un cervatillo. Gana por fin a Ángel. Se levanta y grita eufórico. Se deja llevar y hace volar la silla en la que se sentaba hacia ninguna parte. Le dices que se joda y le preguntas con ira a cuál de sus hijos eligirá.


Te llamas Sergio y caes derrotado en el zaguán de tu casa. Gazapo se acerca a ti y te hace cosquillas lamiéndote la herida que bombea sangra a bocanadas. Mueres abrazado a tu gato.


Me llamo Ángel y Lucio elige a Sergio, oh, Dios, Sergio... Soy el ángel de la guarda de un millón trescientas dos mil doce personas, en este instante de un millón trescientas dos mil once personas a la espera de saber si el jefe me asigna a alguien más. Estoy cansado de tanta batalla por las vidas de estas personas, pero son mis hijos y no puedo desfallecer, debo seguir adelante luchando por el resto a sabiendas de que más tarde o más temprano Lucio, ese maldito Lucifer, volverá a vencerme al ajedrez, las cartas o los dados y a arrebatarme a otro de mis hijos.


Se llama Lucio, aunque casi toda la gente lo conoce como Lucifer y disfruta arráncandole a Ángel a sus hijos como si fueran alas de mariposa o pétalos de margarita. Me quiere, no me quiere, JAJAJAJA. Elige a Sergio.

martes, junio 22, 2010

Tiempo de amar

Las agujas del reloj,
crueles,
se clavan en mis venas,
compasivas,
inyectándome la heroína del tiempo.

Las arenas del reloj,
constantes,
se acumulan en mis hombros,
piadosos,
enterrándome grano a grano.

El avance del reloj,
macabro,
no deja atrás mis dudas,
perpetuas,
que me persiguen con afán de luna.

Pero estás tú ahí,
amor,
arropándome con tus manos,
precisas,
que dan cuerda a este reloj,
pausado,
y que limpias el polvo,
acumulado,
en mis hombros y en mi risa.

Pero ahí estás tú,
canción,
templando al tiempo,
eterno,
y dando calma a este alma,
perdida,
en los laberintos de la prisa,
traidora,
de los días rojos del cajón.

Y pasan los días, y los años, y las horas
pero tú me acompañas,
naufragando,
por los oleajes terribles y benditos
del mar de vida que me empapas.

Te quiero,
y ya no hay tiempo que borre eso,
mi amor,
y ya no hay agujas que corten eso,
pasión,
y ya no hay arena que cubra eso,
mi sol,
ni luna que nos eclipse.

Es tiempo de amar.

viernes, junio 18, 2010

La blancura de la ballena.





Rodolfo Serrano nos embarca en el Pequod con este libro de poemas navegando con unas poesías en pleamar, al límite superior de lo hermoso y lo espléndido. Serrano nos propone una poesía a pie de calle y a pie de alma, una poesía que ronda los bordes de los precipicios donde el autor no sólo se ha acostumbrado a ello sino que se mueve con soltura y lo disfruta. La poesía de Serrano es la batalla diaria de Moby-Dick contra Ahab, la bestia contra el capitan. Es un juego de espejos y sentimientos, de reflejos tenues de una vida contra una vida. De una vida cargada de la pasión de lo cotidiano y lo especial, de una vida de amores locos y aventuras desenfrenadas en pos de la sábana y el vino. La poesía de Serrano busca incansable las rosas y la oscuridad perversa de un mundo que nadie vive como él lo vive y que nadie parece entenderlo, también es una búsqueda de lo imposible y lo probable, de no cerrar puertas ni heridas y aún menos las que ya están abiertas. La poesía de Serrano es una herida abierta que te duele, pero el dolor es el mejor indicativo de que estás vivo y de que sientes, también es una puerta abierta de par en par a los pasajes más profundos de un alma a pie de calle. La poesía de Serrano es una biografía de una vida intensa y constante, de serpenteos, de pleamares y bajamares oscilatorios influenciados por una luna que ronda por su cabeza, que le afecta y le deprime y que le ilusiona y lo llena de vida. Es un manojo de poemas hilados con mano maestra y espíritu pleno, es un grito a pie de página derramado en un trozo de papel que nos recuerda que las mandíbulas voraces de una vida te devoran hasta el tuétano pero que también te besan y te acarician. La poesía de Serrano está a pie de calle y a pie de alma porque relata con crudeza de abismo los nombres y muecas de una vida plena, es un destello que aspira a relámpago estruendoso de los momentos y los contactos, es el soplo resumido de cada sorbo que te ofrece una vida.

La poesía de Serrano es una ballena blanca que campa por los mares blancos del papel y que deberías ir ahora mismo a cazar.

lunes, junio 14, 2010

Kick ass



Me dijeron que había perdido la magia, que la punta de su lápiz se había roto dibujando en un folio en blanco que se le hacía eterno. Me dijeron que su genialidad se había perdido entre tantos trazos de héroes y villanos que lleva dibujados. Oí que estaba acabado, que había perdido la frescura y el talento se había jubilado de tanto usarse. Leí que que dibujaba cabezas como melones o como bolas de billar. Me contaron que está de capa caída, que su mano ya no porta la maestría diestra de su padre, me contaron que su velocidad vertiginosa dibujando se había esfumado, que habían condenado a cadena perpetua su inspiración. Me convencieron de que sus trazos en este cómic eran descuidados, que eran caminos hasta su perdición, que sus dibujos en Kick-ass eran breves paisajes de lo que una vez había sido. Quizá se ha hecho viejo y cansado, quizá haya vendido su alma a Mefisto a cambio de algo. Me dijeron todo esto y lo peor es que me lo creí. Así que cogí con miedo el cómic Kick-ass, con miedo de ver caído un mito. Ver caído un apellido tan íntimamente relacionado con mis cómics. Tenía miedo porque podía empezar la decadencia inevitable del genio, del mejor.

Así que, con mis miedos, abro el cómic y lo leo. Y viendo el splash page (ver imagen de arriba) del protagonista del cómic sentado en la cama y derrotado me doy cuenta de que todo lo que me habían dicho, contado no era cierto. Todo lo que había oído y leído al respecto de John Romita no era cierto. Esa imagen, sólo esa imagen, te transmite y te hace un resumen de todo el cómic. Sin textos ni guión. La genialidad de Romita sigue intacta en cada página, su trazo poderoso te atraviesa y te perfila. Te hace sentir. Te hace creer. Quizá las cabezas no sean su fuerte y las dibuje como si fueran melones o bolas de billar, pero eso es porque John Romita dibuja a gente que tiene cabeza de melón o cabeza de bola de billar. Simplemente por eso. Su lápiz sigue siendo una varita mágica de donde aparecen los dibujos que quedan plasmados en el cómic.

Y para rematar, al final del cómic, hay unos bocetos de su dibuja a lápiz sin adonar con tinta ni color. Compáralos con los bocetos de cualquier otro autor que dibuje con la periodicidad de Romita y entonces dime que ha perdido la magia.

Romita es el mejor.

En cuanto al cómic, genial: original, trepidante y la lectura de sus más de 200 páginas en un pispás.

jueves, junio 10, 2010

Indestructible Nadal





Me han publicado una nueva columna en la sección de Cartas al director del diario deportivo AS. La columna es en relación al quinto Roland Garros ganado por el mallorquín.

martes, junio 08, 2010

Fantasy Books and Comics





Una de las puertas que yo más cruzaba al mundo de la fantasía, los superhéroes y la dominación del mundo por parte de los villanos está a punto de cerrarse. Esta maldita crisis producto de avaricias y especulaciones ha castigado con su demoledor puño a una tienda de cómics más hasta hacer hincar su rodilla: Fantasy Books and Comics. Uno de mis puntos de encuentro favorito con los cómics y los libros más evocadores cierra sus puertas el día 20 de junio. La verdad es que cuando cierran tiendas emblemáticas para mí como esta me produce mucha pena y tristeza, ya me pasó cuando cerró la librería Anaquel de Córdoba o el Madrid Rock.

Tenía una cita mensual como mínimo en Fantasy Books and Comics para adquirir las novedades del noveno arte o para comprar alguna P.O.M. que no pudiese faltar en mis estanterías. Era un gusto acudir a esta tienda y no sólo por el placer único que me produce comprar cómics o por el descuento sino por el trato cercano y amable tanto de Eladio como de Nati, siempre dispuestos a ayudarte a encontrar los cómics que te faltan o a tener alguna conversación friki contigo. Al menos queda una pequeña rendija a este mundo fantástico: Fantasy Books and Comics seguirá vendiendo cómics pero sólo a través de Internet.

Hasta el día 20 tienes una oportunidad de volver a la tienda o de conocerla y de adquirir alguno de sus cómics, figuras, libros u otro de sus productos y beneficiarte con un descuento del 20% además de ayudar a Eladio a quitarse stock.

¡Be friki, my friend!

La dirección de la librería es:

Fantasy Books and Comics
C/ Divino Pastor, 30.
Madrid.